Víctor Hugo Díaz: Premio de poesía “Pablo Neruda” 2004 - El Mostrador

Lunes, 22 de enero de 2018 Actualizado a las 11:03

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Víctor Hugo Díaz: Premio de poesía "Pablo Neruda" 2004

por 20 octubre, 2004

Este año el premio anual de poesía "Pablo Neruda", concedido a un poeta que no pase los 40 años de edad, lo obtuvo Víctor Hugo Díaz (1965). En el año 1987 yo regresé sólo por un mes de visita a Chile luego de diez vividos fuera. Era plena dictadura y el que llegaba después de una larga ausencia percibía un ambiente vigilado por alguien. Desde aquel año es que conozco al poeta laureado con justa razón este 2004.



En 1987 Víctor Hugo Díaz publicaba su primer libro. Tenía 22 años y lo tituló "La comarca de los senos caídos". Nos conocimos no sé por qué - quizás hubiera sido en la Sociedad de Escritores de Chile o en alguna lectura de poesía de las tantas que había continuamente en Santiago-. Allí me regaló su primera publicación (realmente una autoedición). En abril de ese mismo año había llegado el Papa a Chile y el ambiente se puso caldeado porque la gente, junto con expresar su respeto al "Santo Padre", usó su visita también para que, directa o indirectamente, el Sumo Pontífice supiera que Pinochet era un lobo con disfraz de oveja (vestida de militar, claro). Dice un artículo de esa época: "Además la inventiva chilena fue infinita, en ese lugar había muchos carteles puestos en polaco donde se le decía al Papa, en Chile se tortura, en Chile hemos pasado hambre, en Chile se violan los derechos humanos. El Papa entendía y sabía que estaba en un mundo que no lo había pasado bien el último tiempo."



El año anterior, el 2 de julio de 1986, había ocurrido otro horror entre los tantos que impunemente acaecían bajo la dictadura. Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas eran quemados vivos por una patrulla militar el día en que comenzaba una huelga nacional. "Los militares los rociaron con kerosén y les prendieron fuego, para luego abandonarlos en un sector alejado. Ambos se las arreglaron para encontrar ayuda. Antes de morir, cuatro días más tarde, Rojas atestiguó frente a un juez civil. Quintana, con el 60 por ciento de su cuerpo quemado, quedaba permanentemente desfigurada." (ver Derechos Humanos en Chile, cronología).



Pero hay un testimonio muy impresionante, escrito por Alberto Etchegaray, cuando Carmen Gloria Quintana se encontró con el Papa en julio de 1986: "En el Hogar de Cristo, el Papa se encuentra con Carmen Gloria, que tenía un lugar especial para que lo pudiera saludar. Ella, frente al Papa le dice: a mí me quemaron, a mí me pasó esto, míreme la cara. La tenía desfigurada. El Papa la escucha y la bendice. La escucha con atención, pero no hace ningún comentario y sigue caminando porque tenía dos personas que estaban en silla de ruedas con las cuales terminaba la fila. Carmen Gloria Quintana gira y empieza a conversar con una tía que la había acompañado, que estaba atrás para decirle que ya había saludado al Papa. Él retorna para entrar a la sala donde estaban los enfermos y la toca en la espalda. Ella gira y el Papa, sin decirle absolutamente nada, la abraza y esta mujer se derrumbó, esta chiquilla se puso a llorar y el Papa solamente la acunaba. Ella le empieza a decir a Monseñor Piñera y a mí que hacía mucho tiempo que nadie me abrazaba, que nadie me acunaba, yo me sentí muy querida. Pero no bastó eso, al terminar la visita, el Papa que tenía que salir por ese pasillo a tomar el auto, ve a esta muchacha y va de nuevo derecho hacia ella, y con los dedos le empieza a seguir todas las cicatrices que tenía en la cara. Él quiso decir a esta muchacha que había sido víctima de una situación de tensión extrema de una sociedad y que no se merece lo que le había pasado. Carmen Gloria Quintana quedó tan tocada que había pensado ir al Estadio Nacional, a Concepción y no fue a ninguna parte más."



Me acuerdo que algo hablamos de esos sucesos con Víctor Hugo Díaz, y otros poetas jóvenes, mientras me regalaba su primer libro y por casualidad nos enterábamos por la televisión que la nueva Miss Universo 1987 era la chilena Cecilia Bolocco. La nueva Miss se sacó fotos con Pinochet al llegar a Chile. El dictador, el día de la elección, y haciendo alarde de una pomposa siutiquería, tipo caballero medieval, le enviaba muy presto un telegrama de parte del gobierno chileno. Pero ha sido el escritor, músico y periodista argentino, Abel Gilbert, en su libro La divina Cecilia (Bolocco, claro), con el subtítulo "Una interpretación del infierno" (2001), quien mejor ha conectado a la ex-Miss Universo y la dictadura chilena.



El libro de Gilbert se inicia a partir de la visita del Papa (1 de abril de 1987) y la conexión con la elección de Miss Universo el 27 de mayo de ese mismo año. Dice Gilbert: "Para algunos chilenos estaba en juego más que un cetro. La belleza podría funcionar como escudo y espada frente al descrédito (de la dictadura chilena). La justicia norteamericana había condenado a ochenta y cuatro meses de cárcel al ex-oficial de Ejército, Armando Fernández Larios por su participación en el asesinato de Orlando Letelier en Washington". Pinochet envió ese día un telegrama a Singapur para la Bolocco, redactado por él mismo: "En nombre propio y del gobierno que presido le hago llegar mis más sinceras felicitaciones por el título de Miss Universo obtenido tan lucidamente por usted, como fiel representante de la belleza y la simpatía de la mujer chilena".



El canciller Jaime del Valle no se quedó corto para declarar que eran horas de ecuménica concordia en el país con tal trono: " Esta es una buena noticia para las personas de cualquier edad y cualquier ideología"."



La fotógrafa chilena Paz Errázuriz, continua Gilbert, al enterarse de la coronación fue corriendo a presenciarla, y dijo: "Me interesó la posibilidad de contraponer aquella coronación de Bolocco al único baluarte de Pinochet. Fue un trabajo fuerte con el que traté de interrogar críticamente el estatuto de la belleza y los manejos que de esos valores hacia la dictadura". Paz Errázuriz realizó inmediatamente un trabajo fotográfico al respecto en el concurso de belleza del club de ancianos de San Bernardo, uno de los barrios más populares de Santiago. El concurso en San Bernardo se realizó casi al mismo tiempo con el de Miss Universo de Singapur. La reina, en la foto de Paz Errázurriz, era una anciana de cien años, rodeada por su corte de mujeres de la misma o menos edad que la reina anciana. Dice la fotógrafa: "Cuando veo las fotos, trece años después (en 1990), me doy cuenta de toda la carga que contienen. Una densidad insoportable en medio de la censura y la fiesta. Ellas (las ancianas) en cambio, se sintieron de lo más orgullosas por el hecho de volver a ser parte del retrato oficial."



Todo un complejo contexto bajo la dictadura militar rodeaba nuestra conversación entre Víctor Hugo Díaz y yo en aquel fines de mayo de 1987. Con los años fui conociendo la poesía de Díaz. De alguna manera recibía sus libros o yo en otro viaje a Chile los adquiría en librerías. Una cosa creo que es cierta en este poeta premiado, es que jamás se ha movido de Chile. Quizás sea el único poeta (incluiría a José Ángel Cuevas, que debió merecer también en alguno momento el premio Pablo Neruda) que no ha tenido la oportunidad de conocer otras partes del planeta. Es el poeta que ha visto el inicio de la dictadura y todo el proceso, entre surreal y horrendo, o la parte más oscura de la dictadura, hasta el lado "maravilloso" del neoliberalismo global con que termina el regimen y empieza otro. Pero todo aquello desde la mirada del marginado y no del integrado.



Lo anterior -especialmente esa mirada mencionada- lo ha dicho muy bien la académica chilena Carmen Foxley en algunos ensayos dedicados a la poesía de Víctor Hugo Díaz. Ahora en relación a esa miraba cínica de la "modernidad neoliberal", yo escribí hace muy poco señalando la percepción imaginaria del poeta Díaz respecto a la transformación de los espacios urbanos durante el aceleramiento del modelo neoliberal chileno e inserción en la globalización durante los 90.



En la producción poética de Díaz hay dos fases. La primera, un espacio que se hace marginal a la vista del poeta -principalmente a fines de los 70 y comienzos de los 80-. La segunda fase es el mismo espacio -hacia los fines de los 90- que se transforma (físicamente) en lugares requeridos por la vida que exige la globalización.



Los poetas que dicen muy bien aquello, entre otros y otras, son Sergio Parra (1963) y Víctor Hugo Díaz (1965), nacidos a mediados de los 60 y que comienzan a publicar su primer libro en la mitad exacta de los 80. Es decir, poetas que no sólo vivieron su adolescencia durante la dictadura sino que crecieron también en los inicios del nuevo modelo ya mencionado. Incluida la súper- aceleración moderna del país en nuevas pautas de conducta masiva, o reorganización de los espacios urbanos en espacios atractivos tanto para la recreación como para el consumo que ha impuesto la globalización planetaria. Es muy curioso que ambos poetas o hablantes líricos -o el marginado de aquel modelo para decirlo directamente- adopten siempre la mirada del voyerista.



Ambos poetas se pasearon (y aún se pasean supongo) por las áreas marginales de la ciudad convertidas en ruinas en algún momento de la historia de los 80. Y luego las vieron renacer en paisajes artificiales -a mediados de los 90 y comienzos del Tercer Milenio- en avenidas, en edificios posmodernos, o en gigantescos malls. La verdad es que sus hablantes poéticos parecen extra- terrestres nostálgicos en los nuevos espacios "globales".



El conflicto de estos hablantes (y quizás de muchos artistas ahora) es no querer desprenderse de aquel otro espacio o modo de vivir que realmente desapareció físicamente de sus ojos. Lo invisible -especialmente en la poesía del laureado Víctor Hugo Díaz- se ha transformado ahora en pura nostalgia puesto que esos espacios amenos ya no no existe más ante sus ojos. Aún asi, la poesía de Díaz es un valioso testimonio del artista chileno post 1987, que todavía vive en una imaginación condicionada y que no desea incorporarse emocionalmente a ninguna modernidad globalizante. ¿Será ése uno de los caminos -entre otros más distintos por los que van otros artistas- que seguirá una parte de la poesía chilena actual?



Javier Campos. Escritor chileno residente en EE.UU.

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