EL CDE y la magia negra en el derecho chileno - El Mostrador

Jueves, 18 de enero de 2018 Actualizado a las 00:14

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EL CDE y la magia negra en el derecho chileno

por 29 octubre, 2004

La Sra. Sczaranski, secundada por la mayoría de sus consejeros, ordenó a su abogado retractarse en una causa ganada en todas las instancias contra la cúpula de la DINA y contra argumentar ante la Corte Suprema, para alinear su postura con la defensa de los condenados por el secuestro del Sr. Sandoval.


Siempre pensé que el derecho era la herencia normativa de nuestra cultura que buscaba la mejor convivencia para la vida en sociedad. Pensé que el derecho se inscribía en la búsqueda de la felicidad de las personas y en encausar las conductas dentro del respeto mutuo, favoreciendo la sana convivencia para proteger el bienestar de cada uno y de todos. A mi entender, el derecho de los países de Occidente es una concreción de los valores de la Revolución Francesa que inspiraron las democracias de raíz europea. De los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad o solidaridad. En resumen, mi respeto al derecho se basó en sus fundamentos humanistas y valóricos y en su contribución a mejorar la vida social de los pueblos.



El Consejo de Defensa del Estado, sin embargo, nos ha sorprendido afirmando que la razón de ser del derecho es distinta y contraria a lo que muchos ciudadanos quisiéramos. Su presidenta, la Sra. Clara Szczaranski, ha sostenido reiteradamente que la prioridad del derecho moderno es la defensa de los inculpados y no la promoción y protección de la sana convivencia en sociedad. Ha sostenido que la aplicación del derecho no debe buscar la justicia sino que la verdad, de manera que tras "conocer la verdad" no correspondería sancionar a los culpables. La Sra. Szczaranski, secundada por la mayoría de sus consejeros, ordenó a su abogado retractarse en una causa ganada en todas las instancias contra la cúpula de la DINA y contra argumentar ante la Corte Suprema, para alinear su postura con la defensa de los condenados por el secuestro del Sr. Sandoval.



La indignación y la sorpresa conmovieron a autoridades y ciudadanos en Chile, en el extranjero y también a un grupo de abogados del propio CDE que se niegan a actuar contra los principios éticos en que fueron formados. En defensa de los cuestionamientos, la Sra. Szczaranski sostiene que este es un tema en el que sólo pueden opinar los abogados especialistas en derecho penal y que a ella no le caben dudas que los secuestrados en realidad fueron asesinados y que, por lo tanto, corresponde aplicar la ley de amnistía producida en el Gobierno de Pinochet.



En mi calidad de ciudadano, no abogado, no puedo aceptar que su original interpretación la convierta en juez que se arrogue el decidir sobre temas que son materia de los tribunales de justicia. Algo huele mal ya que en cualquier otra profesión el profesional no puede abandonar la responsabilidad que le encargó su cliente y sumarse a la parte contraria sin ni siquiera avisar a su representado. Me ha tocado actuar como negociador y nada está más reñido con la ética que, sin avisar a mi representado, hacer arreglos para que la contraparte obtenga beneficios.



No soy abogado y me cuesta entender que el CDE se convierta en el núcleo de la voluntad consciente del Estado. Sobre todo después que el Vicepresidente y el Presidente de la Nación desmintieron a la Sra. Szczaranski respecto de sus afirmaciones originales, en el sentido de que su cambio de posición habría sido autorizado por ellos. Pienso que el CDE puede ser autónomo en el cumplimiento de un mandato pero no puede hacer cambios inconsultos sobre la esencia del mandato. Si así fuera el CDE sería otro poder del Estado y estaría fuera de la lógica democrática donde los poderes se regulan entre sí.



Otro de los fundamentos a que apela la Sra. Szczaranski es lo que llama la "tesis de la debida obediencia". Como fundamento de esa tesis se permite citar la emblemática investigación sobre la obediencia que Stanley Milgram condujo en la Universidad de Yale desde 1960 a 1963. Donde demostró que en pro del bien de la ciencia y por respeto a autoridades confiables, el 10% de los individuos podían llegar a cumplir órdenes que ponían en riesgo la vida de personas que estaban al frente de ellos. Las actas del CDE registran que la Sra. Szczaranski alteró el resultado de la investigación e informó que el 90%, y no el 10% había obedecido. La realidad es que el 90% se rebeló y no obedeció. Sobre la base de estos datos alterados, la presidenta del CDE concluye que la obediencia ciega a la autoridad sería propio de la naturaleza humana.



Sra. Szczaranski: no soy abogado pero si soy psicólogo y no permito que use una investigación emblemática para sostener precisamente lo opuesto de los resultados y en contradicción absoluta con las conclusiones de Stanley Milgram. Milgram, en uno de sus libros más famosos, Obediencia a la autoridad. Un punto de vista experimental (1974), hace un encendido llamado a los valores y alude a la ineludible responsabilidad de los oficiales del ejército norteamericano que participaron en los genocidios de poblados enteros en Viet Nam. Milgram era un judío con valores definidos y termina su libro abogando por la formación y selección rigurosa de los que mandan, especialmente de los oficiales de las fuerzas armadas.



Estamos frente a un pase de magia negra que oculta la impropia utilización de los resultados de Milgram para sostener una interpretación que se viste como la voluntad del Estado. Eso me produce escalofríos. Me obliga a escribir estas letras sin ser abogado. No, señoras y señores del CDE, no hay apoyo científico de la psicología para su tesis. Más aun, me siento obligado a limpiar la imagen de Milgram, uno de los grandes de la psicología.



Es más, después de comprobar magia negra en lo que conozco, me parece natural preguntar: ¿Los otros fundamentos de la inusitada tesis no incluirán también pases de magia negra?



Registrando en el saber de la psicología, sí parece pertinente recordar las investigaciones sobre la Personalidad Autoritaria de Adorno y colaboradores, The Authoritarian Personality, Harper & Row, New York (1950), en las que ese tipo de personalidad se define como "el auto arrogarse el derecho de pensar y sentir por los otros con la convicción que se hace mejor que lo que ellos pueden hacerlo". En efecto, la psicología distingue claramente entre dar órdenes y ser directivo de la conducta y la personalidad autoritaria. La instrucción y el dar órdenes puede tener fundamentos éticos pero el autoritarismo es esencialmente anti-democrático porque implica arrebatarle al otro su condición de persona capaz y asignarle el rol de inferior o incapaz.



Sin ser abogado, no encuentro respuesta para las siguientes preguntas: ¿Qué autoriza al CDE a decidir sobre temas centrales de nuestra convivencia social, sin la participación de los ciudadanos o sus representantes legítimos? ¿Por qué el CDE y su presidenta siguen en su tesis a pesar del horror de muchos y a pesar de ser desmentida por el Presidente de la República?



La poco transparente postura del CDE daña la imagen que los ciudadanos tenemos de los abogados e ideologiza un tema doloroso donde había consenso en que la decisión le correspondía al Poder Judicial. Es malo ocultar lo que está sucediendo con el CDE y peor alargar su resolución. Hemos aprendido a vivir con nuestros dolores y la magia negra no reemplaza a la justicia.



Rafael Estévez Valencia es psicólogo.

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