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El factor Osama bin Laden: videos, elecciones y mentiras

por 2 noviembre, 2004

Ahora es evidente para todo el mundo que el millonario ingeniero yemenita-saudita, está vivito y coleando para gran regocijo de sus seguidores, cada vez más numerosos tras la invasión de Irak por las tropas estadounidenses.


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En la época de la videosfera, Osama bin Laden tiene garantizada su aparición en las pantallas del mundo. El don de la ubicuidad global se lo dio por unos instantes la red televisiva Al Jazeera. Pese a que sus referencias religiosas prohiben la adoración de imágenes, ahí se lo vio casi transfigurado y convertido en un ícono posmoderno; cual avezado publicista californiano, manipulando las cuerdas sensibles del inconsciente y explotando al máximo las reacciones viscerales que provoca el atentado del 11/S en todos los sectores de la sociedad estadounidense. Bin Laden surgió en la mítica noche de luna llena del Ramadán (período de purificación de los musulmanes), causando temor y odio en Norteamérica, intriga e indiferencia en otros continentes, y en cientos de miles de hombres y mujeres que viven a lo largo y ancho de Asia y Oriente, fervor y admiración. El momento fue clave: el final de la campaña Bush-Kerry y la relativa orfandad del sufrido pueblo palestino después del traslado del enfermo Yasser Arafat a un hospital militar en París.



La corresponsal de Le Monde en Washington, Corine Lesnes, señala que a eso del mediodía el Presidente Bush fue informado de la existencia del video de Bin Laden por nada menos que Condoleezza Rice, su consejera en seguridad. El Departamento de Estado trató de impedir a toda costa que Al Jazeera (red televisiva de Qatar, favorita del mundo árabo-musulmán) lo difundiera.



Ahora es evidente para todo el mundo que el millonario ingeniero yemenita-saudita, está vivito y coleando para gran regocijo de sus seguidores, cada vez más numerosos tras la invasión de Irak por las tropas estadounidenses.



En su discurso leído pausadamente el dirigente máximo de Al Qaeda reclama la autoría intelectual del peor acto terrorista en suelo estadounidense. Le dice al pueblo norteamericano que las razones que determinaron el ataque terrorista en Manhattan siguen estando vigentes. Les cuenta que la decisión de atacar "América" la tomó en el 82 en Beirut al ver cómo edificios habitados por familias libanesas y palestinas eran bombardeados por aviones occidentales (lo que no le impidió seguir trabajando para los estrategas militares de Reagan para derrocar el gobierno procomunista en Afganistán y hostigar las tropas soviéticas).

Es un texto polisémico, dirían los especialistas. Auténtico, confirmaron los expertos de turno. Algunos interpretan su alocución como una amenaza, otros comentan que no fue explícito. Sin embargo es evidente que el ex aliado de la CIA en la lucha contra la Unión Soviética en Afganistán allá por los 80, cuando el tráfico de heroína les permitía a ambos financiar la Guerra Santa contra el comunismo, está muy al tanto de la actualidad.



Podrá vivir escondido y protegido en la frontera afgano-paquistanesa o en alguna aldea china de confesión musulmana (el rumor de moda) pero conoce muy bien la "USA Patriot Act", el paquete de leyes represivas y antidemocráticas con un nombre salido directo del mundo de George Orwell. Es la normativa que permite a los servicios de seguridad estadounidenses detener a alguien de manera "preventiva" por "sospechas", es decir, tener la tez morena y un nombre y apellidos de connotación árabe. El Jeque agregó: "Ellos, -los dirigentes norteamericanos- la llamaron ley nacional, bajo pretexto de combatir el terrorismo". Nada original; incluso muchos políticos del Partido Demócrata piensan lo mismo.



El líder fundamentalista que coincide con muchos de los valores de base del Presidente Bush (un íntimo de la familia Bin Laden a quien los petrodólares de los inversionistas sauditas ya salvaron de la quiebra) expresó: "Bush (el padre biológico del presidente) ha transmitido la tiranía y la represión de las libertades a su hijo". Hábilmente Bin Laden introduce la sospecha acerca del funcionamiento de las democracias occidentales al anteponer la línea hereditaria del poder (al igual que en la dinastía wahabita de Arabia Saudita) a la legitimidad democrática concedida por las urnas.



También le sacó provecho al documental de Michael Moore para ridiculizar la actitud de Bush en esos 7-8 minutos de ataraxia mental en la escuelita de Florida, donde el Comandante en Jefe, incapaz de reaccionar, sólo atinó a seguir escuchando el cuento de la cabrita.



Bush, en el aeropuerto de Ohio, un estado clave donde hacía campaña, declaró: "Los americanos no se dejarán intimidar o influenciar por un enemigo de nuestro país", y como si le propusiera a Kerry una tregua añade: "Estoy seguro de que el Senador Kerry estará de acuerdo con esto". El motivo le permitió a Bush repetir la cantinela de la propaganda electoral republicana por televisión y en los discursos, de que Estados Unidos está bajo ataque y sólo el presidente Bush tiene capacidad para derrotar a los enemigos.

Para Kerry, si Bin Laden no ha sido capturado es porque el Presidente Bush no envió las tropas mejor entrenadas para neutralizarlo, sino que encargó el trabajo a los señores de la guerra afganos que lo dejaron escapar de las montañas de Tora Bora. Hoy se sabe que cuando el General Tommy Franks planeaba una ofensiva para perseguirlo, recibió la orden de preparar secretamente la ocupación de Irak. El discurso de Bin Laden brindó la ocasión para que desde los dos partidos surgieran voces reclamando la muerte de Osama Bin Laden y de los combatiente yihadistas.



El impacto de la intervención del líder de Al Qaeda en el voto será incierto. Su verdadero cometido era concitar la atención y posicionarse como el único dirigente político árabo-musulmán capaz de enfrentar a los Estados Unidos (Sadam Hussein preso, Arafat hospitalizado, y el libio Kadafi, con las barbas en remojo). Además, Osama Bin Laden se presentó como el defensor de todas las causas árabes, en el contexto de guerra en Irak y del dramático conflicto israelo-palestino. Su objetivo comunicacional no era dirigirse al pueblo norteamericano sino a los millones de jóvenes árabes antiestadounidenses para legitimar la contrapartida de la guerra contra el terrorismo, "la guerra contra los infieles".



Así se alimenta el choque de integrismos, el duelo de escorpiones y el retorno de los profetas armados, de ambos bandos. Es lo que habría que evitar.



El New York Times acaba de hacer un balance optimista de la campaña al escribir en el artículo "El año de la pasión": "La democracia se despertó, la militancia está de vuelta; los intelectuales vuelven a comprometerse, los artistas abandonan el nihilismo. Los bloggers sacudieron la prensa con sus panfletos en Internet y algunos tienen 500 mil lectores (hay 140 millones de internautas en los EE.UU.)".



Para oponerse al modelo político según el cual "el otro es un enemigo que hay que eliminar a toda costa" y estar siempre confrontados al absurdo dilema de tener que votar por el "menos malo", se requiere de más cultura y movilización democrática en los más amplios sectores ciudadanos, tal como lo expresó Noam Chomsky en la prensa. Se necesita asimismo más diálogo entre civilizaciones, más educación racionalista, más estudio de la historia de las religiones, más intercambios culturales, más igualdad social y de géneros. En pocas palabras, extensión de la ciudadanía: democratización del poder; de la economía y de las relaciones sociales.



Leopoldo Lavín Mujica. Profesor del Departamento de Filosofía del Collčge de Limoilou, Québec, Canadá (leopoldo.lavin@climoilou.qc.ca).

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