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Los pueblos originarios y su lucha por el agua

por 26 noviembre, 2004

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Hemos recibido un precioso testimonio de una epopeya ciudadana en defensa del patrimonio histórico de dos pueblos de la Primera Región de Tarapacá. El libro "Historia de la lucha por los Derechos del Agua de los Pueblos Chusmiza y Usmagama" de Luis Carvajal Pérez.



El autor es un destacado dirigente nacido en Lixamiña, pueblo de la quebrada de Tarapacá, ubicado a 2500 metros de altura, que se crió en Huara, debiendo trabajar en su niñez como canillita, ya que cuando su padre falleció, su familia quedó prácticamente abandonada. Un hombre de esfuerzo que trabajó como transportista, llevando el agua mineral de Chusmiza hasta Iquique. Llegó a ser Presidente de la Cooperativa de Camiones Caliche Ltda., y su obra es la crónica de una comunidad de esfuerzo, pioneros yugoslavos y aimaras, fusionados en el deporte, la amistad y el progreso, que labraron el desierto en la época de las salitreras, escarbando de sus entrañas ripiosas el agua termal que trajo vida y prosperidad a los pueblos de Chusmiza y Usmagama.



El libro relata en forma didáctica la historia de las primeras familias que se radicaron en esas localidades, forjaron los dos pueblos, obtuvieron el agua termal de la madre tierra, la compartieron, regaron con ella en forma organizada sus tierras, hicieron un camino, asumieron el gobierno local con responsabilidad, practicaron desde siempre la solidaridad, disfrutaron sus fiestas religiosas y, en forma gratuita, usaron por décadas los baños públicos termales.



En determinado momento se fundó una empresa, que respetó los derechos de la comunidad, envasó la saludable agua termal y prosperó como una industria local. Todo tranquilo y lleno de amistad, tal como los cuentos de hadas. Hasta que el ogro central, pretendiendo el control del recurso agua, compró la empresa y luego reclamó derechos de la vertiente que eran ancestrales, urdiendo en los pasillos de palacio una tórrida alianza, con lo cual terminó usurpando los derechos de los pioneros de Chusmiza y Usmagama.



En su crónica amena, documentada, vivencial, Luis Carvajal denuncia la forma como la ambición y el afán ilimitado de lucro han pasado por encima de la cultura ancestral. La organización del Comité de Defensa contra la usurpación de sus Derechos de Aguas, su lucha judicial en contra de la actual empresa de Agua Mineral de Chusmiza, en donde aparecen reflejados intereses de alto vuelo, constituye un valioso ejemplo.



Su perseverante batalla judicial, costeada con un ayne, sinónimo de ayuda solidaria equivalente a la minga chilota, se convierte en un hito emblemático, que debiera reproducirse a nivel nacional, para que otras comunidades que son también amenazadas de despojo patrimonial, tengan alternativas para hacer valer sus derechos. Porque reflejan la acción de grupos que abusan de sus posiciones de poder, que son transversales, usan testaferros que aparecen vinculando personeros públicos y privados, con el fin de imponer sus proyectos por encima de los legítimos intereses de las comunidades de base. El agua aparece como un recurso estratégico, tal como lo son también los bordes costeros, las cuencas hidrográficas de los ríos, el libre acceso a las playas.



Conflictos vigentes entre sectores poderosos y ciudadanos dispersos. Efectos de la falta de transparencia en organismos públicos y de una modernidad mal entendida, que se traduce en el afán desmedido de lucro individual, sin respetar tradiciones, cultura, actuando de manera invasiva sobre comunidades desprotegidas.



El recuperar la propiedad comunitaria de los recursos hídricos, de esas aguas termales que los bisabuelos sacaron al socavón, ha sido el objetivo en el caso de los pueblos Chusmiza y Usmagama, cuyas comunidades están en pleito, solicitando a la Justicia la anulación por ilegalidad de la concesión obtenida por la empresa Agua Mineral de Chusmiza de la Dirección General de Aguas.



Una lección escondida a los pies del altiplano, donde la vida es dura, pero tiene la magia de un humanismo ancestral, en donde aún se mantienen la colaboración y la amistad de los pioneros. Patrimonio humano que es nuestro deber preservar para las generaciones futuras.





Hernán Narbona Véliz (hnarbona@yahoo.com)

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