Justicia e Igualdad: ¿Es la hora del cambio? - El Mostrador

Lunes, 18 de diciembre de 2017 Actualizado a las 15:55

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Justicia e Igualdad: ¿Es la hora del cambio?

por 9 diciembre, 2004

Por lo mismo, me resulta disonante la opinión del ministro Eyzaguirre, quien afirmó que sólo el azar lo libró de la represión política. Probablemente la explicación está más bien relacionada con el hecho que él nunca estuvo dentro de los objetivos de los aparatos represivos o porque sus redes sociales de alguna manera lo protegían. Caso contrario no hubiesen habido restricciones para hacer de Eyzaguirre una víctima más de una política sistemática de violación de los derechos humanos.

No tengo recuerdo de haber sentido, escuchado y debatido tan intensamente sobre la significación del momento político como me ha ocurrido durante el último mes. Claramente, dos son los hitos que están marcando la agenda del presente y sus proyecciones de futuro.



El primero, es el resultado de las elecciones municipales. Contrariamente a lo esperado, la oposición sacó menos votos, concejales y alcaldes que los proyectados por sus dirigentes nacionales y la Concertación logró una brecha de 10 puntos porcentuales de ventaja con la derecha, cuestión que tampoco estaba dentro de las expectativas.



Este inesperado escenario post municipal instaló en una buena parte de la elite concertacionista la idea de que la derecha tendría muchas dificultades -sino imposibilidad absoluta- para ganar las presidenciales del 2005. Claro está que esta proyección tendría valor si se cumple la condición del cetiris paribus, es decir, todo lo demás permanece constante.



Pero la política no funciona así y está ocurriendo lo que tenía que ocurrir. La derecha está en un proceso de fuerte triangulación, es decir, se está moviendo con decisión ya no sólo hacia el centro sino decididamente hacia la izquierda. Única manera de mejorar sus posibilidades electorales. La bandera es la equidad. Para ello no se descartan alzas tributarias, por lo menos en el sector minero, como lo señaló Joaquín Lavín en la reciente ENADE.



Como dice el refrán "más vale tarde que nunca" y no queda más que decir: Ä„Bienvenidos al cambio! Son 15 años en que muchos plantearon esta demanda y recién ahora estaríamos en condiciones de hacerla realidad. Chile puede corregir su desigual distribución del ingreso. Ello no se opone al objetivo del crecimiento económico, por el contrario, contribuye a la obtención de una sociedad con mayores niveles de cohesión social.



Sin embargo, nuevamente no hay suficientes antecedentes para tanto optimismo. Me temo que una buena parte de la tecnocracia de la Concertación, se abocará rápidamente a elaborar una interpretación de este objetivo.



Básicamente, se planteará que de lo que se trata es de acelerar el tranco para seguir disminuyendo la pobreza e indigencia, aumentando el crecimiento y focalizando aun mejor nuestro gasto social; otros dirán que se trata de mejorar la igualdad de oportunidades, para lo cual tendremos que mejorar la cobertura y calidad de nuestra educación; y, los menos, se atreverán a plantear que lo anterior es lo que hemos estado haciendo los últimos 15 años y que ahora llegó el momento de complementar estas líneas con políticas que corrijan la excesiva concentración del ingreso en una minoría de la población.



Esto último supone perfeccionar nuestra actual estructura tributaria en dos direcciones: una, es quitarle su alto nivel de regresividad para hacerla más progresiva, en otras palabras, gravar más a los sectores más ricos y menos a los más pobres y, dos, aplicar impuestos a la extracción de nuestros recursos naturales, especialmente al cobre.



Todo ello se puede hacer en forma gradual y buscando el máximo consenso posible, de manera que las tres lecturas del desafío de la equidad se puedan complementar entre sí superando los enfoques dicotómicos en que nos hemos visto atrapado durante la prolongada transición chilena.



El segundo, es el Informe sobre Prisión Política y Tortura. Sus escabrosos y a ratos insoportables testimonios contribuyen a generar un escenario donde nuevamente la derecha política es y seguirá siendo protagonista. Ello es así, puesto que en este caso también hemos tenido que esperar 15 años para que la realidad aflore y las cosas tomen su lugar.



El emplazamiento a los dirigentes de la derecha en torno a su responsabilidad en la parte negra de la dictadura debió haberse producido al inicio de nuestra transición. Es cierto que el temor a una regresión autoritaria, la necesidad de consensos mínimos para avanzar en la implementación de la agenda programática y la necesidad humana de dejar atrás lo antes posible un pasado que nos atormentaba, sirvió de fundamento para que en la Concertación nos contuviéramos en este impulso.



Sin embargo, el presente nos muestra una vez más que hay desafíos históricos que no se pueden soslayar indefinidamente y que la verdad y las ideas tienen su tiempo. Todo indica que esto es lo que está ocurriendo hoy.



La derecha, nuevamente, si quiere tener alguna opción de gobierno tendrá que revisar y modificar sus posiciones en materia de derechos humanos. No podrá aspirar al gobierno sin antes reconocer su responsabilidad, pedir perdón y renovar sustancialmente una parte importante de su liderazgo político, sobre todo aquellos que tuvieron una participación relevante en el gobierno del general Pinochet. El informe nos dice que la tortura fue una política de Estado y, por lo tanto, compromete a todos quienes ocuparon puestos en el aparato estatal, relacionados directa o indirectamente con las violaciones a los derechos humanos.



Por lo mismo, me resulta disonante la opinión del ministro Eyzaguirre, quien afirmó que sólo el azar lo libró de la represión política. Probablemente la explicación está más bien relacionada con el hecho que él nunca estuvo dentro de los objetivos de los aparatos represivos o porque sus redes sociales de alguna manera lo protegían. Caso contrario no hubiesen habido restricciones para hacer de Eyzaguirre una víctima más de una política sistemática de violación de los derechos humanos.



En definitiva, en este ámbito tampoco habrá margen para la evasión.



Chile entró a una etapa en que el cambio parece dibujar los escenarios futuros, tanto en lo referente a lo económico-social (equidad) como a lo político-cultural (derechos humanos).



Ahora tendremos que esperar para saber si nuestros líderes políticos de la coalición de gobierno, estarán a las alturas de las circunstancias. De no ser así dejaremos pasar la oportunidad histórica de avanzar decididamente hacia el cierre de nuestra larga transición democrática y proyectarnos con fuerza hacia el desarrollo, lo que supone entre otras condiciones, justicia e igualdad.





Mauricio Jelvez. Investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED).







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