Acuerdos comerciales y estrategia de desarrollo - El Mostrador

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Acuerdos comerciales y estrategia de desarrollo

por 11 diciembre, 2004

Chile ha optado por una economía abierta en lo comercial y lo financiero. Para lo primero el país ha ido tejiendo progresivamente desde 1990 una red de acuerdos comerciales.En sus inicios con los países vecinos, Mercosur y gran parte de América Latina a través de los Acuerdos de Complementación Económica. Más tarde con Canadá (1996) pero que a diferencia de los precedentes acuerdos, va más allá de la clásica discusión arancelaria y barreras no arancelarias, al incorporar nuevas disciplinas comerciales como un trato no discriminatorio a la exportación de servicios e inversión extranjera, regulación del antidumping y tratados en materia laboral y medio ambiental. Aprovechando este impulso Chile amplió además su acuerdo comercial suscrito con México agregando nuevas disciplinas.



En el comienzo del nuevo milenio, Chile concreta acuerdos de comercio más sustantivos considerando el tamaño y riqueza de los mercados involucrados así como el número de disciplinas consideradas. Así, Unión Europea, Estados Unidos, Corea del Sur, EFTA (Noruega, Islandia, Suiza, Liechtenstein) terminan configurando un cuadro de relaciones en donde dos tercios de nuestras exportaciones van dirigidas a mercados con acuerdos.



La red de acuerdos comerciales tejida durante los últimos 14 años han cambiado positivamente el potencial de crecimiento futuro de nuestra economía, particularmente la del sector exportador que dispone hoy de un mayor y más seguro acceso a los mercados externos, e importaciones mas baratas. Lejos se ve hoy la visión dogmática del liberalismo del régimen militar (mis excusas a un liberal europeo o americano por asociar su doctrina con una dictadura) que veía el camino de la apertura unilateral del comercio como único medio de insertar a Chile en la economía mundial. Ideología que trataba de justificar en el ámbito económico el aislamiento político internacional que vivió tal régimen.



Esta nueva situación, que por cierto pertenece a todos los chilenos, como dice la vulgata actual: ofrece oportunidades y desafíos. Localizar las primeras y calibrar las segundas no es tarea fácil. Para avanzar en ello consideremos los siguientes aspectos. Primero, la red de acuerdos comerciales se constituye en ausencia de una estrategia de desarrollo o estrategia-país que justamente considerara el cómo aprovechar óptimamente las oportunidades en cuestión, y por ello hoy todos hablan de la necesidad de una estrategia-país.



Segundo, los acuerdos comerciales otorgan preferencias transitorias, pues los socios también van haciendo acuerdos comerciales con otros países (por ejemplo, EEUU con Singapur y Australia, la UE con México, etc), de tal suerte que podemos encontrarnos con una competencia más dura en los grandes mercados de aquí a 5 años, y quedarnos con las exigencias más severas en otras disciplinas distintas a los aranceles (servicios, inversiones, propiedad intelectual, etc).



Tercero, los acuerdos comerciales otorgan una mayor seguridad jurídica al intercambio que hace Chile con el socio, en la medida que ellos establecen un sistema de resolución de controversias que permiten disminuir las diferencias de poder entre los países; pero esto no hace a la economía chilena inmune a la vulnerabilidad provocada por las fluctuaciones cíclicas de la actividad económica de los socios comerciales y mucho menos a las fluctuaciones de los precios de nuestras materias primas.



Chile seguirá siendo muy vulnerable mientras no cambie la calidad de su canasta exportadora. Cuarto, se ha creado una suerte de mitología en cuanto a que los acuerdos comerciales abren importantes posibilidades de exportación a las "pequeñas y medianas empresas" (Pymes). Las aproximadamente 150 mil empresas que componen este conjunto (según definición CORFO) tienen poca presencia en las ventas al exterior; una aproximación indica que ellas representarían el 2,8% de las exportaciones no cobre. Las Pymes están principalmente volcadas al mercado interno, con conocidas dificultades financieras desde 1998. Estas empresas no tienen condiciones de penetrar mercados exigentes como el de EEUU o la UE. Sus posibilidades de asociatividad son muy escasas y cualquiera comparación con la experiencia de España o Italia es simple extrapolación histórica. Las posibilidades de este segmento de empresas están es sus encadenamientos al sector exportador, y para lo cual no hay política.



Desde otro ángulo, el sector exportador esta altamente concentrado en cuanto a número de empresas con peso en el sector. Así un 3% de las empresas exportadoras (206 empresas) son responsables del 75% de las exportaciones no cobre. No es extraño entonces que los inmediatos beneficiarios de los acuerdos comerciales sean estas empresas y que ya están presentes en los principales mercados de exportación del país. Esto no significa que las oportunidades estén concentradas también, pues la desgravación gradual de aranceles y los acuerdos en general van abriendo nuevas oportunidades. Especialmente cuando se trata de aranceles escalonados que tenia el país antes de los acuerdos, y que castigaban en los mercados externos a los productos con mayor grado de elaboración y que ahora se irán eliminando.



El aprovechamiento de estas oportunidades que además como se dijo serán transitorias, hay que hacerla desde la plataforma de recursos naturales que el país posee, profundizando el encadenamiento productivo que desde alli nace dentro de un ambiente de creciente innovación tecnológica (particularmente en el ámbito de las biotecnologías). Este cambio gradual de la canasta exportadora hacia segmentos más dinámicos de la demanda mundial, y más lejana de las fluctuaciones cíclicas de las materias primas no se logra sin una estrategia de desarrollo compartida entre el sector privado y publico.



Las grandes empresas hacen su propia estrategia de crecimiento, desgraciadamente la suma de ellas no producen una estrategia de desarrollo nacional. El mecanismo de mercado dejado a su propia suerte es miope estratégicamente y por ello las grandes empresas se adelantan a las visiones cortoplacistas del mercado.



Estrategia de desarrollo significa orientar a los principales actores socio-economicos (grandes empresas nacionales y extranjeras, Pymes trabajadores, gobierno) de hacia donde quiere marchar el país en el largo plazo. Naturalmente ello no se entendería si ésta no va acompañada de la institucionalidad y los recursos necesarios para lograrlo.



Alexis Guardia B. es economista.

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