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El mundo al revés

por 18 diciembre, 2004

Su abogado Pablo Rodríguez Grez, ex líder del grupo fascista Patria y Libertad, apela a los derechos humanos de Pinochet; si toda esta situación no fuera tan grave, escuchar al señor Rodríguez hablar de derechos humanos suena a broma de mal gusto.




Quieren humillarlo hasta que muera. Es un acto de persecución. Hay situaciones oscuras. Está en precarias condiciones de salud. Es un abuso contra los derechos humanos... Las anteriores son sólo algunas de las afirmaciones que hemos escuchado y leído en los últimos días de parte del círculo más cercano de Pinochet, que ha reaccionado así ante el procesamiento al que lo sometió el juez Juan Guzmán por la Operación Cóndor.



Habría que señalar que la resolución del magistrado se fundamenta en que Augusto Pinochet "se encuentra en condiciones mentales aptas para enfrentar un juicio criminal en Chile". Si fue capaz y tuvo discernimiento para realizar importantes y significativos trámites bancarios de alta complejidad desde Chile hacia el exterior y si pudo dar una entrevista a un canal de la TV norteamericana, ¿por qué no va a estar en condiciones de declarar ante un tribunal de justicia?



En este cuadro, no deja de llamar la atención el hecho de que nadie, absolutamente nadie de su circulo íntimo, ni sus familiares, ni su abogado defensor, ni quienes fueron sus colaboradores civiles o militares más estrechos durante su gobierno, haya dicho que los cargos que se le imputan al procesado Pinochet son falsos.



También habría que consignar que, en el último tiempo, el llamado "caso Pinochet", ha girado en torno a dos grandes temas: el de la violación a los derechos humanos y el de las millonarias cuentas en el Banco Riggs de Washington. Si bien es cierto que, desde el punto de vista procesal, son independientes, es decir, dan lugar a dos juicios diferentes, desde la óptica de su impacto político y comunicacional, aparecen como un solo gran proceso, un proceso a la inmoralidad de ambos hechos. Pues, se trata de enjuiciar a la persona que por 17 años usó y abusó del poder a su antojo y muchas veces en beneficio propio, como pareciera estar demostrándose.



Al sentido común más elemental de la opinión pública, esta situación le resulta de una insolencia indignante. A mi parecer, esto se hace aún más grave, por los argumentos que alega en su defensa su entorno más cercano que, dicho sea de paso, pareciera ser cada vez más reducido.



Su abogado Pablo Rodríguez Grez, ex líder del grupo fascista Patria y Libertad, apela a los derechos humanos de Pinochet; si toda esta situación no fuera tan grave, escuchar al señor Rodríguez hablar de derechos humanos suena a broma de mal gusto. ¿Es que acaso no sabe él que tanto la inmensa mayoría de los chilenos así como la comunidad internacional tienen claro desde hace mucho tiempo que fue durante el gobierno de Augusto Pinochet cuando se violaron los derechos humanos?



Basta tan sólo referirse al Informe de la Comisión Rettig y al Informe sobre la Tortura, que acabamos de conocer. Fue durante su gobierno cuando, por instrucciones expresas suyas, según lo señaló el jefe de su policía secreta Manuel Contreras, la DINA participó en los peores actos de violación a las personas. La inmensa mayoría de los chilenos lo sabemos. Se detuvo masivamente, se secuestró personas, se torturó de la peor forma, se hizo desaparecer personas, en definitiva se causó un gran dolor a muchas familias chilenas y también extranjeras, dolor que, en muchos casos, permanece hasta hoy.



Quieren humillarlo, dicen. Ä„Qué espanto! ¿Acaso no fue bajo su gobierno cuando más se humilló a los chilenos? Perseguir, amedrentar, torturar, detener sin orden judicial, son las peores formas de humillación a las que puede verse enfrentado un ser humano. Eso ocurrió durante 17 años. ¿En qué se humilla a Pinochet, cuando el accionar judicial, del cual estamos siendo testigos, responde a las condiciones de un debido y justo proceso, en que se respetan de verdad las garantías constitucionales y legales que tienen las personas ¿En qué consiste tal humillación?



Otros han señalado que hay situaciones oscuras. Ä„Qué más oscuro que abrir cuentas en un Banco extranjero con nombre falso y depositar millones de dólares cuyo origen no se conoce con exactitud! ¿Es que acaso actuar de este modo significa tener una conducta transparente? Ninguna persona que esté convencida de haber actuado con rectitud y transparencia, intenta ocultar sus actos como lo ha hecho Pinochet. Extraño juicio, por decir lo menos. Lo "políticamente correcto" en todo caso, sería estar dispuesto y aceptar la investigación sobre el origen de estos fondos y colaborar con la justicia. Todos los chilenos debemos ser tratados de igual manera ante la ley, o, por lo menos, a eso aspiramos. ¿Cuál sería entonces la situación oscura?



Otro argumento que hemos escuchado es que su salud es precaria y por ello, no puede ser procesado. Si esto fuera cierto -ya que a lo menos existe la duda- ¿cómo se entiende entonces la capacidad que tuvo para ordenar y dirigir operaciones bancarias de alto nivel y cómo podemos entender que haya dado una entrevista a un canal de TV extranjera en la forma clara y lúcida que lo hizo? Entre otras cosas, dijo: "no tengo que pedir perdón a nadie", "no me arrepiento de nada", en relación a las violaciones a los derechos humanos. Entonces tendríamos que colegir que para algunas cosas es capaz y para otras no. O dicho de otro modo, para lo que me beneficia soy capaz, para lo que me perjudica, no lo soy. ¿No será como mucho? La habilidad y la viveza tienen límites. Los chilenos tenemos derecho a reaccionar también ante esta pretendida burla.



Lo persiguen, dicen otros. Creo que ni siquiera merece comentario.



Pinochet debe ser procesado y condenado si es culpable. Pero debe enfrentar la justicia como deben hacerlo todos los chilenos cuando corresponda. La ley pareja no es dura.



En definitiva, Pinochet no es una víctima, no cuenta con derechos especiales. Es un chileno como cualquiera de nosotros, sobre todo ahora que vivimos en democracia. Todos debemos estar siempre disponibles y dispuestos a responder por nuestros actos. Hoy los tribunales funcionan y deben funcionar cada día mejor. Hoy no están inhibidos de cumplir con su tarea de hacer justicia, como lo estuvieron en el pasado y mucho menos deben autoinhibirse de actuar. No hay razón que valga para ello.



¿Qué ocurre? ¿Por qué tanto enfado con el juez Guzmán? A mi juicio, lo que ocurre realmente es que Pinochet y su entorno pensaron que la impunidad de la cual habían gozado durante tantos años iba a ser eterna. Se equivocaron. Hacer justicia y procesarlo significa, para muchos chilenos, recuperar en buena parte la dignidad que habíamos perdido, y significa también que los Tribunales de Justicia tienen una oportunidad histórica de reencontrarse con los valores y principios que jamás debieron abandonar en el ejercicio tan noble que les compete.



Hugo Rivas Lombardi es sociólogo.

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