Chile, 1970-1978: ¿Guerra Interna o Agresión Externa? - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 06:57

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Chile, 1970-1978: ¿Guerra Interna o Agresión Externa?

por 24 diciembre, 2004

Los archivos de la CIA permiten comprobar que Nixon, jefe de Estado de EE.UU, declaró a Allende, jefe de Estado de nuestro país, una verdadera guerra encubierta (covert warfare), lo que debe entenderse en el contexto de guerra fría que el mundo vivía en esa época.

En pleno esclarecimiento de la verdad histórica, es oportuno revisar, desde la óptica de las Relaciones Internacionales, los acontecimientos que afectaron a nuestra sociedad treinta y tres años atrás. He tenido ocasión de leer con detenimiento el libro The Pinochet File, del autor norteamericano Peter Kornbluh, y revisar su valioso contenido histórico. Lo recibí de manos de un joven estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad de Boston.



El libro entrega en detalle los documentos desclasificados de la CIA, Central Intelligence Agency, que prueban que todo lo ocurrido desde 1970 hasta al menos 1978, fue decidido, ordenado y realizado por un Estado Mayor del gobierno de Estados Unidos, actuando desde la Casa Blanca, con delegados que asesoraron en Chile a las autoridades de la Junta Militar, en especial, durante el período previo al golpe de Estado y en los primeros días de ejecutado el mismo.



Revisando las Memorias de Henry Kissinger, Tercera Edición 1979, para cruzar la información decodificada con sus propios testimonios, he podido ratificar la premisa anterior, al leer sobre la preparación de la intervención para impedir la llegada al gobierno y luego desestabilizar el régimen del Presidente Salvador Allende, lo siguiente:
"Nixon estaba fuera de sí. Por más de una década había criticado duramente las administraciones demócratas por permitir el establecimiento del poder comunista en Cuba. Y ahora, lo que él percibía -correctamente- como otra Cuba, había surgido a la vida durante su propia administración sin que a él se le hubiera dado la oportunidad de tomar una decisión. Esto explica la virulencia de su reacción y su insistencia en hacer algo, cualquier cosa, que anulara la negligencia anterior...Ahora nos veíamos forzados a improvisar mientras estábamos enfrentados a un plazo estricto, sin ninguna preparación verdadera. Al escapársenos el tiempo, nuestras acciones eran realmente frenéticas".



Posteriormente, según la propia CIA se estableció un Estado Mayor conformado por Henry Kissinger, Alexander Haig y Thomas Karamessines, representante de la CIA. Las acciones encubiertas para impedir la asunción de Allende, implicaron el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider Chereau.



Señalan los archivos decodificados de la CIA, Documento 13, Cable Secreto de la Estación de Santiago a los cuarteles centrales de la CIA en Landgley, Frei Montalva habría recibido presiones para que realizara un cambio de gabinete, en el cual incorporara miembros de las Fuerzas Armadas y Policía. Sobre este período posterior a la elección democrática del 4 de Septiembre de 1970, Kissinger señala que "Frei no sólo no se movió; no hizo nada para evitar que el Congreso del Partido Demócrata Cristiano del 5 de Octubre de 1970, respaldara condicionalmente la elección de Allende por el Congreso chileno...La única posibilidad restante para impedir el ascenso de Allende era un golpe militar como preludio a nuevas elecciones".



Los archivos de la CIA permiten comprobar que Nixon, jefe de Estado de EE.UU, declaró a Allende, jefe de Estado de nuestro país, una verdadera guerra encubierta (covert warfare), lo que debe entenderse en el contexto de guerra fría que el mundo vivía en esa época.



Cuando detonan los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973, de acuerdo a la información de la CIA, operó en Chile un grupo de tarea, denominado Milgroup, comandado por un Teniente Coronel de Infantería de Marina norteamericano, según consta en un informe de situación (sitreport) enviado por Patrick Ryan al Departamento de Defensa de EE.UU. en el mes de Octubre de 1973. Este equipo fue encargado de asistir a los militares en las acciones de represión y de contrainsurgencia. En el libro de Peter Kornbluh se señala que todas estas operaciones se insertaban en el Project Fubelt, que era el plan para sembrar el caos y preparar las condiciones para un golpe de Estado que instalara un gobierno militar.



Cuando se revisan los antecedentes históricos en la voz de los propios protagonistas, se advierte que la alianza para defensa hemisférica, signada por el TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca operó en los sesenta y setenta como oposición a la OLAS, Organización Latinoamericana de Solidaridad con Cuba, o expansión de la revolución cubana al cono sur, sin perjuicio de que en el mismo período las superpotencias comenzaran a explorar las políticas de distensión, en las célebres partidas de ping-pong con China y la política hacia el Este de Willy Brant. Es sintomático, además, el hecho que, durante el proceso de conspiración para derrocar a Allende, la ITT, International Telephone and Telegraph colaborara con la CIA, mientras negociaba, paralelamente, con la Unión Soviética el suministro de tecnología en telecomunicaciones para su carrera espacial.



Chile fue anfiteatro de un episodio sangriento del sistema bipolar rígido y las directrices para la represión estuvieron dadas en función de esta guerra ideológica, que avasalló los principios de no intervención y libre determinación de los pueblos, que fijaba la Organización de Naciones Unidas



El Informe Valech ha reconocido que en Chile se vivió un Estado de Conflicto Armado interno, rigiendo para el mismo los Convenios de Ginebra sobre Prisioneros de Guerra. En tal contexto, cabe consignar que por Decreto Ley 5 de la Junta Militar se estableció el Estado de Guerra interna, operando desde ese momento Tribunales Militares de Tiempo de Guerra. La tortura a detenidos significó una violación al Convenio en cuanto al trato y protección que debían dar las fuerzas vencedoras a sus prisioneros.



Fuentes calificadas por la Comisión de Prisión Política y Tortura, han señalado que, en los primeros días del golpe constataron la presencia de supervisores norteamericanos en las sesiones de interrogatorios, siendo la inquietud principal indagar acerca de supuestas acciones revolucionarias a cargo de cubanos. El formato de los interrogatorios, según dichas fuentes, era consistente con esta información histórica que nos han develado los documentos decodificados de la CIA.



Según el Art. 129 del Convenio de Ginebra "las partes contratantes se comprometen a tomar cualquier medida legislativa necesaria para determinar las sanciones penales adecuadas que deban aplicarse a las personas que hayan cometido, o dado orden de cometer, una cualquiera de las infracciones graves de este Convenio". Continúa el Art. 130 señalando que "las infracciones graves son uno cualquiera de los actos siguientes: homicidio intencional, tortura o tratos inhumanos, incluso experiencias biológicas, el hecho de causar adrede grandes sufrimientos o atentar gravemente a la integridad física o la salud, el hecho de forzar a un cautivo a servir en las fuerzas armadas de la potencia enemiga o de privar de su derecho a dicho cautivo respecto a su derecho a ser juzgado regular e imparcialmente al tenor de las prescripciones del presente Convenio"



En consecuencia, queda claro que el fenómeno de descomposición política en Chile tuvo como acción de fondo la guerra fría, signada por una declaración expresa de guerra encubierta que supuso diferentes acciones para debilitar y tumbar al gobierno chileno. Consecuentemente, a partir del golpe, la Junta Militar actuó en esa lógica, decretando el Estado de Guerra Interna, lo cual se sustentaba en la Doctrina de Seguridad Interior del Estado, consistente con el TIAR. Hasta el 10 de marzo de 1978 duró el Estado de Guerra interno y todo ese período es alcanzado por el Convenio de Ginebra referido al trato de prisioneros de guerra.



Esta clarificación abre una nueva vía de interpretación judicial para estos acontecimientos, puesto que los crímenes de guerra - lo cual comprende también los conflictos armados internos - que conllevaron a graves violaciones al Convenio de Ginebra, vale decir, las torturas y atropellos a los derechos humanos en forma institucional por el régimen militar, no pueden ser ni amnistiados y son imprescriptibles, de acuerdo al Art. 131 del Convenio de Ginebra relativo a los Prisioneros de Guerra.



El Nunca Más, reflejado en la doctrina que el General Cheyre ha marcado para el Ejército del futuro, debe ser consistente con la verdad completa que se desprende de estos antecedentes objetivos, que debieran quedar plenamente contextualizados, para comprender cabalmente el Informe Rettig y el Informe Valech, más allá de la descripción horrorosa de atropellos que contienen, como verdaderos cimientos para una institucionalidad democrática verdadera.





Hernán Narbona Véliz. Administrador Público, Escritor, Licenciado en Relaciones Internacionales (narbonaveliz@yahoo.com).

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