¿Operación Condoro? - El Mostrador

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¿Operación Condoro?

por 8 enero, 2005

Según informó El Mercurio el día de Navidad, el juez Juan Guzmán Tapia dispone de unos pocos días para explicarle a sus superiores de la Corte Suprema lo que el columnista y cientista político Patricio Navia dice que habría dicho el juez, en una reciente columna publicada en Revista Capital.



En esa columna Navia denunció en tonos escandalizados que en octubre pasado, interviniendo en una mesa redonda realizada en el marco del congreso anual de la Asociación de Estudios Latinoamericanos de Estados Unidos (LASA), el juez Guzmán habría dicho que la Corte Suprema "responde a las presiones del Ejército," que "los jueces tienen colores políticos" y que el presidente Ricardo Lagos tiene un doble discurso en materia de derechos humanos y "quiere un punto final" sobre el tema.



La denuncia de Navia llegó a oídos del presidente subrogante de la Corte Suprema, Hernán Álvarez, quien la llevó al Pleno. Según El Mercurio, los jueces debatieron el tema y resolvieron pedir al juez Guzmán "un informe aclaratorio". Según el matutino, dos personas ratifican lo aseverado por Navia. Es más; una fuente anónima señaló al periódico que Guzmán había sido aplaudido a "rabiar" por los más de 100 académicos presentes en la charla, según Navia.



Pero según fuentes judiciales citadas por el diario electrónico de Radio Cooperativa, Guzmán niega los comentarios "que le atribuyó Navia", poniendo en entredicho lo publicado y los comentarios anónimos citados por El Mercurio.



Nunca he puesto en duda lo escrito por Navia; al contrario. Pero en una columna anterior ya expresé mi completo desacuerdo, por razones de ética periodística, con informar sobre conferencias académicas hechas a puerta cerrada, y particularmente en la forma y tono moralizante en que se hizo.



Por cierto, también expresé mi desacuerdo con que -de ser cierto- un juez comente en público un caso antes de fallarlo. Guzmán, a cargo de rendir uno de los fallos más importante de su vida, e incluso de la vida republicana de nuestro país, cometió una torpeza al olvidar que hoy vivimos un mundo globalizado.



Los jueces, decía en mi artículo anterior, pueden opinar sobre los hechos que los rodean, sobre la ley, sobre la forma en que se aplica la justicia y sobre el eterno tira y afloja con la política. Pero al menos bajo el sistema inquisitivo que todavía rige en Santiago, no es adecuado que un juez comente en público su opinión sobre un caso que está por fallar.



Ahora la Corte Suprema exige explicaciones por lo dicho por Guzmán según el astuto reportero Navia.



Lo curioso de todo este cuento es el peculiar escenario en que se da. El ministro Álvarez, quien llevó el chisme ante el Pleno de la Suprema, lo hizo en calidad de presidente subrogante del máximo tribunal.



Es público y notorio que Álvarez es un juez que consistentemente falla a favor de Pinochet en los casos vistos por la Suprema y que ha sido siempre crítico de la gestión del actual presidente, Marcos Libedinsky.



Valga recordar además que Álvarez votó en contra del fallo que desaforó a Pinochet en el caso Operación Cóndor. En parte de ese voto de minoría se argumentaba que Pinochet, como ex-Jefe de Estado, gozaba de un fuero superior frente a los crímenes de lesa humanidad. Según el voto de minoría expresado por Álvarez, Pinochet tenía derecho a protección e inmunidad especial, actitud que equivale a declarar interdictos a los ciudadanos -y a la prensa- para fiscalizar a las autoridades de estado, opinión ciertamente reñida con la democracia moderna y con un concepto pluralista de sociedad.



La prensa informó además que Álvarez pidió abrirle a Guzmán un expediente disciplinario para investigar sus dichos y la forma en que gastó sus viáticos en el viaje en cuestión. El Pleno estuvo de acuerdo y ordenó a Guzmán entregar un informe.



A este escenario hay que integrar las antiguas quejas de parcialidad expresadas en contra de Juan Guzmán por la defensa de Pinochet. En efecto, desde que asumió la defensa, el abogado Pablo Rodríguez ha venido argumentando una y otra vez que Guzmán siente "animadversión" por su defendido.



Sus quejas han tenido eco en ciertos sectores de la prensa, y de seguro en tribunales. Y ahora logran un apoyo clave en Navia y su denuncia. Álvarez presenta el artículo al Pleno de la Suprema justo cuando la Sala Penal debe fallar el recurso presentado por la defensa de Pinochet en un intento por evadir el proceso en calidad de autor de nueve desapariciones y un homicidio a que lo sometió el juez Guzmán.



Marcos Libedinsky, en cambio, se recusó en la vista de la solicitud de desafuero de Pinochet, ya que conoció y actuó a favor del matrimonio compuesto por Jacobo Stoulmann y Matilde Pessa, desaparecidos en 1977 en Argentina a manos de la siniestra Operación Cóndor.



La Corte de Apelaciones de Santiago ya ratificó el fallo de Guzmán, denegando la petición que aducía que el estado de salud de Pinochet le impedía enfrentar un proceso judicial.



Al interior de la Corte Suprema, Álvarez es la cara visible de una tendencia que ha emitido opiniones públicas en contra de las actuaciones de Libedinsky, levantando una especie de "corriente opositora" al interior del máximo tribunal.



Los reiterados fallos de Álvarez a favor de Pinochet y su decisión de llevar la columna de Navia al Pleno de la Corte durante su presidencia subrogante, justo cuando la Segunda Sala está por fallar el amparo de la defensa de Pinochet, hacen pensar que lo que dicen que dijo Guzmán en Estados Unidos no andaba muy lejos de la realidad.



Da para especular qué papel juega el ministro Álvarez. Concluir que es un magistrado que "responde a presiones del Ejército" no sería pecado ni venial. Es más; en el voto de minoría expresa opiniones que corroborarían que algunos jueces no sólo "tienen colores políticos", sino incluso opiniones contrarias a un ordenamiento legal moderno, democrático y pluralista.



El juez Guzmán dijo en voz alta lo que todos saben. Navia repitió en una columna lo dicho, y la Corte Suprema le exige explicaciones justo cuando Álvarez estaba al mando. En esa Corte hay jueces que estaban esperando el pretexto justo para pasarle la factura a Guzmán, sacarlo del caso Pinochet, e incluso expulsarlo del Poder Judicial, de ser posible. La columna de Navia entregó el pretexto. ¿Estaría el columnista consciente de las consecuencias de su arrebato ético para el caso Pinochet y el juez a cargo?



Falta esperar qué ocurrirá con la apelación de Pinochet y el informe de Guzmán. Guzmán puede caer, pero quedan pendientes otros casos contra Pinochet: el asesinato de Prats, el caso Riggs, evasión de impuestos, enriquecimiento ilícito. Las cosas ya no están para que se repita lo del caso Caravana de la Muerte, donde fue sobreseído por motivos de salud.



Luego de ese fallo, el veterano enfermo, con accidentes vasculares y demencia subcortical, realizó complejas y millonarias transacciones bancarias y (otro que se olvidó de la globalización) dio a un canal de televisión de Miami una animada entrevista donde demostró plena capacidad para recordar datos, fechas y nombres y evadir responsabilidades. Guzmán puede caer, pero Pinochet no se salvará de responder por sus crímenes y delitos. Son otros los vientos que corren.





Jorge Garretón es periodista.

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