¿Maremoto de dólares? - El Mostrador

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¿Maremoto de dólares?

por 14 enero, 2005

En una importante conferencia de prensa, el presidente de Estados Unidos George W. Bush anunció la donación de 350 millones de dólares para ir en ayuda de las 11 naciones del sudeste asiático devastadas por el maremoto del día de Navidad. Junto a él estaban los ex presidentes Bill Clinton y George Bush padre, a quienes solicitó encabezar una campaña de recolección de fondos en apoyo de las víctimas.



Pero tan importante donación vino sólo después de que Bush y su gobierno fueran acusados de "tacaños" luego de que el Secretario de Estado saliente Colin Powell anunciara -dos días después del desastre- que el gobierno de Estados Unidos donaría 15 millones de dólares para la reconstrucción.



El influyente matutino New York Times, en su editorial del 30 de diciembre, catalogó la donación de "tacaña", explicando que la ayuda ofrecida era "menos de la mitad de lo que los republicanos planificaban gastar en las ceremonias de inicio del segundo mandato presidencial de Bush" a fin de este mes.



A ello se sumó la crítica de Naciones Unidas. El Coordinador de Ayuda de Emergencia de la ONU, Jan Egeland, calificó las donaciones de las naciones occidentales de "tacañas". Bush respondió a los pocos días después que esta persona "está mal informada y completamente equivocada".



Así, el mismo día que criticaba a Egeland, Bush aumentó la donación a 35 millones, monto que sin embargo el Times no dudó en calificar como "una miserable gota de agua". La crítica en contra de la "miserable" donación ofrecida por el país más rico del planeta caló hondo en Bush, particularmente porque al mandatario le gusta autodenominarse "conservador compasivo".



Con su amor propio dañado, el lunes 4 Bush aumentó la donación a 350 millones. Luego solicitó ayuda a Clinton y a su padre y envió a terreno a su hermano Jeb, gobernador de Florida -de gran experiencia en desastres naturales- a coordinar junto con Powell la ayuda de Estados Unidos en la región devastada.



En la carrera para prestar ayuda y ofrecer donaciones monetarias, naciones medianas como Canadá ofrecieron inmediatamente 4 millones de dólares, cifra que subió a 40 millones el 30 de diciembre. Japón partió por comprometerse con 30 millones para luego donar la importante suma de 500 millones. Por su parte, Noruega ofreció 20 millones que luego aumentaron a 180 millones, una suma impresionante para un país de poco más de 4 millones y medio de habitantes.



En Gran Bretaña, las agencias de beneficencia recaudaron en pocos días más de 46 millones. Por su parte, el gobierno de Tony Blair inicialmente ofreció una donación de 28 millones que luego incrementó a más de 93 millones.



Tras la inicial lentitud de la mayoría de los países de occidente, en la reunión de países donantes realizada por la ONU el 6 de enero en Yakarta, Indonesia, la comunidad internacional se comprometió a donar más de $3 mil millones de dólares en ayuda humanitaria. Naciones Unidas quedó a cargo de encabezar la campaña de reconstrucción.



Pero el mundo debe estar alerta para que no ocurra el mismo fiasco que pasó en Irak, donde la ONU está acusada de corrupción e incompetencia en la administración del programa de canje de petróleo por alimentos que tuvo lugar entre los años 90 y momentos antes de la invasión de Estados Unidos y Gran Bretaña.



Las naciones afectadas corren el riesgo de que una vez que la atención mundial se dirija a otro frente, les pase lo mismo que pasó tras el terremoto de Bam en Irán. A más de un año de una catástrofe devastadora, cientos de miles de damnificados aún viven en carpas y la ayuda ofrecida no se materializa. Ése es el problema que enfrenta la reconstrucción asiática después del desastre, tan pronto dejen de hacerse reportajes masivos y las cámaras salgan de la zona.



La cadena CNN ha estado entregando cobertura prácticamente ininterrumpida desde el momento en que sus reporteros pudieron ingresar a la zona. Esto ha permitido en gran parte mantener la atención, no olvidar lo ocurrido y presionar a los gobiernos, ya que la generosidad ciudadana ha sido un factor importante para aumentar los compromisos estatales.



Antonia Zerbizias, del Toronto Star, en su habitual columna sobre medios, cita al periodista israelí Gideon Levy del periódico Ha'aretz, quién señaló que "mirando la televisión, cualquiera pensaría que el maremoto ocurrió en Suecia o Suiza", explicando que la atención de Israel en la zona se ha centrado en la muerte de 11 israelíes.



Una crítica similar puede hacerse desde Chile. La desaparición de Francisca Cooper mantuvo la atención de los medios en la zona del maremoto. Cabe incluso preguntarse si el viaje de Rafael Cavada de TVN a Indonesia se habría realizado si Cooper no hubiese estado desaparecida. La pregunta es si la atención seguirá después del regreso a Chile de sus restos.



La conmoción en Chile ha sido grande, pero la donación muy baja. El gobierno ha enviado médicos y está dispuesto a ayudar en la creación de una red de alerta temprana de tsunamis, similar a la existente en el Pacífico. Esas son cosas tangibles e importantes que Chile puede hacer. Pero la escasa suma de dinero donado por la ciudadanía ha sido una vergüenza.



Esa misma vergüenza es lo que lo motivó al presidente de Estados Unidos a aumentar sustancialmente la donación de su país, a pesar de quejas del Congreso en el sentido de que Estados Unidos está desfinanciado y no puede comprometerse a mucho.



Este punto no escapó al ojo crítico del New York Times, que en un editorial del 4 de enero manifestó su preocupación por la donación de Estados Unidos. Según el diario, "la Administración Bush es conocida por prometer grandes sumas de dinero cuando las cámaras están encendidas", pero una vez que éstas se apagan "la ayuda se desvanece". El Times cita como ejemplo lo ocurrido en la Cumbre del Milenio de Monterrey, donde Bush prometió 5 mil millones anuales en asistencia para el desarrollo de África. "Todavía esperamos que entregue a lo menos un dólar," dijo el New York Times.



El Times agrega además que en Bam los damnificados aún viven en carpas ya que "las donaciones de la comunidad internacional, incluyendo la de Estados Unidos, todavía no se han concretado". Es de esperar que eso no ocurra con los 11 países del sudeste asiático y que la vergüenza que sintió Bush se transforme en ayuda concreta de todo el mundo occidental, incluyendo Chile.



Jorge Garretón es periodista


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