Celulosa Arauco, el poder y la responsabilidad - El Mostrador

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Celulosa Arauco, el poder y la responsabilidad

por 25 enero, 2005

El informe "El poder: para qué y para quién", publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), fue presentado al Presidente Ricardo Lagos el 12 de enero de 2005. Para elaborarlo se encuestaron a 1.800 personas en el ámbito nacional y a 222 miembros de la elite chilena, y se realizaron mesas de conversación con políticos, académicos, ministros, empresarios, sectores eclesiásticos, de las Fuerzas Armadas y otros.



El 60% de los chilenos cree que, con relación al resto de los países del mundo, nuestro país es más poderoso que antaño. Un 63% dice haber tenido más acceso a bienes materiales y el 56% que ha tenido la oportunidad de opinar o vivir como quiera. Eso sí, el poder está muy mal distribuido. La elite chilena señala que su padre proviene del estrato bajo en sólo un 3%, contra un 31% que expresan que su padre viene de los sectores medios y un abrumador 65% dice que su padre era del sector alto. Es decir, se trata de una elite que se autorreproduce. Por el contrario, estos porcentajes en Alemania son respectivamente de 35%, 31% y 35%. Se trata entonces de una sociedad europea en que sí hay movilidad social ascendente.



Respecto de los más poderosos, los chilenos ubican a los medios de comunicación social, a los ministerios económicos y a los grandes conglomerados económicos. En el lugar número 32 de la tabla encontramos a las asociaciones sindicales. Los chilenos reclaman de los poderosos que conozcan mejor las necesidades de la gente como uno.

Celulosa Arauco se encuentra entre los poderosos del país. El 15 de agosto del año pasado, en un rotativo nacional, su orgulloso Gerente general señalaba que con las aperturas de sus proyectos Itata y Valdivia serían la primera celulosa del mundo. Nada menos que son dueños de 633 mil hectáreas plantadas. Sus utilidades del año 2002 fueron de 183.083 millones de pesos y el año 2003 saltaron a 242.650 millones de pesos.



Eso sí que es poder. Sin embargo, sus proyectos estrellas han sido detenidos por orden de las Comisiones regionales de Medio Ambiente por no cumplir las resoluciones que les imponían los requisitos básicos que las acreditaban como sustentables medioambientalmente. La muerte de los cisnes en el Río Cruces y el finiquito de miles de trabajadores han provocado hondo pesar en la comunidad nacional e incluso internacional.



Los próximos días veremos si Celulosa Arauco asume sus responsabilidades como una empresa poderosa o, por el contrario, las evita acusando a todos de su situación actual, menos a ella. Lo que está en juego es, entre otras cosas, la responsabilidad social de la empresa. Ellas son comunidades insertas en una sociedad y, por lo tanto, deben evitar causarle daños y producir los máximos beneficios posibles no sólo pecuniarios a sus propietarios. Se trata de beneficiar a sus clientes, empleados, accionistas, comunidad y entorno.



Es fundamental que los trabajadores, dueños y directivos asuman que su empresa crea valor y pervive en un medio social, ambiental y económico a los cuales se debe. La finalidad de una empresa no sólo es generar riqueza, dar trabajo y lucrar a sus dueños, acciones y ejecutivos.



Cuatro son los aspectos que deben tenerse en cuenta para hablar de una empresa responsable, es decir, que se merece tener el poder que ostenta. En el aspecto social debe invertir un porcentaje de las ganancias en proyectos que ayuden a mejorar el nivel de vida de personas desfavorecidas. En el aspecto laboral deben cumplir con las normas de trabajo, respeto al trabajador en todos los niveles jerárquicos y aplicar las normativas de la Organización Internacional del Trabajo. En la dimensión ambiental se respetará el medio ambiente aplicando la normativa del caso, usando sellos de calidad ecológica e informando adecuadamente al consumidor. Finalmente en la variable económica se deben elaborar cuentas transparentes y públicas, y realizar inversiones socialmente responsables.



Sin un comportamiento responsable, es decir, moralmente fundado las empresas, comunidades y sociedades terminan por desmoralizarse y morir. Sin ética, la humanidad misma deja de ser lo que es, una comunidad libre que puede discutir y realizar el bien vivir.



Si las empresas no se comportan éticamente, todos empezaremos a dudar de qué nueva acción serán capaces. Lo anterior destruirá toda confianza y expectativa razonable que se respetarán las normas legales de una sociedad. Sin ética, nuestras normas legales no se respetarán pues basta con aparentar que se cumplen. Como señala Adela Cortina, "la norma de que "hay que cumplir los pactos" es una norma moral que sólo obedecen quienes están convencidos de que lo moral tiene un valor; y, por último, ¿por qué seguir un pacto cuando no tengo garantía alguna de que otros lo van a cumplir?"

Por el contrario, una empresa sólo es viable si en el mediano y largo plazo se inserta con exito en la comunidad que le provee de todo: desde la materia prima, la mano de obra y los ingresos de sus clientes y consumidores. Si hay comportamiento ético y responsabilidad social las autoridades públicas y las empresas competidoras las respetarán y no intentarán destruirla.



La responsabilidad social es pues un buen negocio. Ello es así ya que se mejoran las relaciones públicas y la imagen de la empresa. Se incrementa la lealtad y fidelidad con el consumidor. Se motiva al personal para con el compromiso con la empresa y su productividad. No cumplir las leyes laborales, medioambientales, sociales y económicas es a la larga un mal negocio. Si Celulosa Arauco quiere seguir siendo una empresa poderosa, que actué responsablemente.


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