Irak: ¿Elecciones libres, transparentes y pluralistas? - El Mostrador

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Irak: ¿Elecciones libres, transparentes y pluralistas?

por 18 febrero, 2005

El senador demócrata por Massachussets, Edward Kennedy, con esa franqueza tan suya, expresó hace algunos días: "las tropas norteamericanas no son la solución en Irak, somos el problema".

La mera realización de las elecciones en Irak ha sido considerada como un triunfo indiscutible de la política exterior del gobierno de George W. Bush. El simulacro de elección democrática estaba inscrito en el cronograma trazado desde hace un año y medio por los ideólogos neoconservadores. En los dos primeros años del segundo mandato los príncipes postmodernos están impacientes por dejar su nombre en los libros de historia.



Pese a las críticas y advertencias, los EE.UU no se desviaron ni un ápice del plan fijado por Paul Bremer puesto que era parte de la estrategia de acumulación de impacto en la escena política interior e internacional. Su éxito le permitiría a Bush, por un lado, volcarse con ímpetu al interior y terminar su trabajo de demolición del Estado de bienestar heredado de Roosevelt y, por ende, de la extensión de las fuerzas del mercado. Por el otro, si las elites políticas europeas reconocían la validez de las elecciones iraquíes organizadas por las Naciones Unidas, el presidente Bush, por medio de sus emisarios, la canciller Condoleeza Rice y el Ministro de Defensa Donald Rumsfeld, les harían saber que su discurso sería conciliante en su próxima gira europea.



Algunos retoques discursivos en la política de alianzas de los halcones daría oxígeno a la ONU y algo de espacio a la Unión Europea. Unas gotas de realismo eran necesarias en la política exterior norteamericana; según encuestas, el 75% de los ciudadanos europeos consideran que los EE.UU (Israel lo mismo) son un factor de inestabilidad y desorden planetario.



No cabe duda de que "Irak votando" fue una operación político-mediática exitosa. Imposible no imaginarse la logística hollywodense utilizada para producir el material visual necesario destinado a crear en los ciudadanos estadounidenses una ilusión tranquilizante.



Los especialistas en comunicación política de Bush movieron sus peones aquel frío domingo-lunes de enero. Destacaron a sus hombres y mujeres en las redes televisivas (a Condoleeza Rice le tocó CNN). Fox News, totalmente adicta al chovinismo ordinario recibió a analistas de los Think Tanks neoconservadoras, que pululan en Washington DC, para aplaudir el "heroísmo de los ciudadanos iraquíes". El New York Times y el Washington Post se preguntaron cómo era posible que no hubieran creído en la valentía de los iraquíes. Era una manera de dar un sentido a las muertes de los 1.500 soldados norteamericanos en Irak y de paso construir un mito fundacional derivado de una guerra generadora de caos. Marte forja el mundo con violencia, Venus tendrá que darle hijos guerreros.



El espectáculo repetitivo de las filas de heroicos votantes -efectivamente lo son, lo que no impide que los instrumentalicen-, posibilitaría, condimentada con la anécdota periodística, articular un relato inscrito en la constelación del mito. Para ritualizar y sacralizar el acto del voto fue necesario producir imágenes en el contexto de una guerra invisible(1) pero real. La construcción del "mito político fundacional" de la democracia iraquí hubiera sido imposible sin la televisión. Ese instrumento imprescindible en la fabricación de la legitimidad de las elites políticas contemporáneas.



El reconocimiento por parte de la llamada "comunidad internacional"; las declaraciones de estadistas europeos, de profesionales de la diplomacia, de expertos meticulosamente escogidos y de editorialistas, añadió el toque de veracidad necesario a una maniobra política que desvaloriza la democracia como proyecto de vida en común, de construcción de destino en un contexto de debate entre ciudadanos libres.



Pero toda maniobra de puesta en escena significa intentar esconder detrás del telón y lejos de los reflectores, el movimiento de la vida y las terribles evidencias.



Como bien se sabe, Irak es uno de las sociedades más traumatizadas del planeta. Dictaduras, guerras aberrantes, bloqueos, ocupaciones militares, pillajes, destrucción de ciudades enteras, terrorismo, forman su bagaje de desdichas.



Muchos electores se movilizaron bajo amenazas o por lealtades clánicas y confesionales. Otros, "votaron por tahrir -independencia- no por la 'democracia' como quieren los medios occidentales", explicó en The Independent, Robert Fisk. No hubo campaña electoral, ni programas. La mayoría de los candidatos eran desconocidos. Los observadores internacionales de las elecciones iraquíes que se prestaron para el juego asistieron al desarrollo del acto desde Amman, la capital de Jordania. Al comienzo se habló de un 70% de votantes. Luego la cifra bajó a 58%. Algunas urnas desaparecían y otras aparecieron. Un nuevo género periodístico se inauguró en medio del terror; el "periodismo de hotel". Los secuestros y asesinatos de periodistas por grupos terroristas, así como las agresiones de las fuerzas ocupantes, impiden una cobertura honesta de los acontecimientos.



Después de la destrucción de Faluya, a fines de 2004, Irak quedó al borde de la partición entre regiones chiítas y sunitas. Tal como lo expresó el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, después de la muerte de tanto civil inocente en la ciudad mártir, era previsible que los sunitas no participarían en las elecciones para elegir la asamblea que redactaría la nueva constitución. "El estado de guerra debilita la democracia - o la impide- y aumenta la intolerancia" afirma el historiador norteamericano Paul Koistinen en Toward A War State (in The Militarization of The Western World).



¿Quienes son los ganadores? Se dice que quienes poseen la llave del poder son los chiítas. Su líder, Ali Sistaní, es ciudadano iraní. regresó hace algunos meses de un tratamiento médico en Londres. Tiene estrechos contactos con Abdurrahman Wahid, ex presidente musulmán de Indonesia, amigo íntimo de Paul Wolfowitz (ver The New Yorker del 1 de noviembre de 2004, The Believer, por Peter j. Boyer, página 50). El Ayatola Sistaní cuenta con el aval de Condoleeza Rice. El alto dignitario religioso es un personaje complejo. Tan polivalente como lo fueron otros servidores de turno del Imperio. Otro dirigente de partido y prócer de la liberación de Irak es Ahmed Chalabi, acusado de estupro en Jordania. Fue el informante que indujo en error al New York Times al decirle que Sadam Hussein tenía armas secretas. Por último, Yyad Alawi, chiíta, ex Primer Ministro, ex baazista y ex agente del M16 británico y de la CIA (Le Monde del 28 de junio). Los dirigentes kurdos no tienen problemas de legitimidad en un Kurdistán militarizado.



Como puede verse, nada es transparente en aquellas sociedades donde las rivalidades confesionales son exacerbadas en proporción directa con la riqueza petrolera. Donde las mujeres son, en nombre de la la Charia (la ley islámica), marginadas de la actividad política y donde los regímenes teocráticos las obligan a velarse el rostro. En esas sociedades las elites dominantes cultivan religiosamente el secreto.



La onda expansiva de la democracia caricatural también llegó a Arabia Saudita. Para sacar certificado de buena conducta, la dictadura wahabita, aliados incondicionales de los EE.UU en la región y financistas del fundamentalismo sunita, organizó una parodia de elecciones municipales, donde la mitad de la sociedad, por razones de género, conforme a la ley islámica, no podía pretender ser candidata.



Es preocupante la instrumentalización de los procedimientos democráticos con miras a legitimar elites oligárquicas. Actores políticos carismáticos e iluminados son transformados en interlocutores válidos para negociar la transferencia y la distribución del poder; las formas aceptables para el Imperio de la dominación política.



El senador demócrata por Massachussets, Edward Kennedy, con esa franqueza tan suya, expresó hace algunos días: "las tropas norteamericanas no son la solución en Irak, somos el problema". Lo mismo consideran los líderes religiosos sunitas, rivales de los chiítas, que exigieron una fecha concreta para la retirada de las fuerzas de ocupación, como condición previa para participar en la redacción de la Constitución.



El cotidiano montrealés Le Devoir, en su edición del lunes primero de febrero citaba al historiador Samir Saul de la Universidad de Montreal, quien en una entrevista reciente, se interrogaba sobre el valor de elecciones celebradas en el marco de una ocupación militar. El académico manifestaba que : "esta operación va a desacreditar la idea de democracia en la región".



La democracia implica separación neta entre lo político y lo religioso, además de un mínimo control de los gobernantes por los gobernados. El debate argumentado entre ciudadanos en condiciones de igualdad, con acceso libre y garantizado a los medios de expresión, es una condición sine qua non. La tradición no justifica nada; menos aún la militar y la religiosa. Puesto que en política no hay verdades absolutas, hay que proponer razones y justificar lo justo. Debatir, porque los seres humanos valen lo mismo. La creación permanente de una sociedad humana que erradica la violencia de las relaciones sociales implica un reconocimiento mutuo ontológico: "todos los seres humanos nacen libres e iguales y tienen los mismos derechos".



Parte de guerra: "El jefe de noticias de la cadena televisiva estadunidense CNN, Eason Jordan, debió renunciar el viernes pasado a su cargo por declaraciones hechas en enero en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, cuando afirmó que ha habido periodistas muertos en Irak en manos de las fuerzas de ocupación."



Touché. Otra baja democrática.



(1)Desde la guerra de Vietnam los especialistas militares de la comunicación comprendieron que es contraproducente mostrar imágenes de guerra. El movimiento contra la guerra en los EE.UU se apoyó, en su campaña de toma de consciencia en las imágenes televisivas de muertes de los propios soldados norteamericanos y de las víctimas vietnamitas de la guerra. Lo que explica dos cosas: que en las guerras contemporáneas se esconden los muertos (son invisibles para los ciudadanos) y que haya tanto periodista muerto con tanta bala perdida.
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Leopoldo Lavín Mujica es Profesor del Departamento de Filosofía del Collčge de Limoilou, Quebec, Canadá. (Leopoldo.Lavin@climoilou.qc.ca)





























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