¿Qué es ser de derecha en relaciones internacionales? - El Mostrador

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¿Qué es ser de derecha en relaciones internacionales?

por 21 febrero, 2005

Esta pregunta surge en una época desideologizada, donde los límites entre derecha e izquierda son tenues y las distintas corrientes de pensamiento político se cruzan transversalmente. No obstante, en el cambiante mundo del siglo XXI es fundamental saber donde situarse, sobre todo porque el destino de países como Chile depende de una comprensión adecuada del escenario internacional, en el que es imprescindible insertarse.



Nuestra derecha está dividida, pero no alcanza a tener dos almas. Más bien, tiene el corazón conservador y el bolsillo liberal. Esto se traduce en que reconoce con entusiasmo la parte de la globalización que se refiere a la apertura de la economía, la desregulación de los mercados y los flujos transnacionales de comercio, pero desconoce, teme o rechaza abiertamente otros fenómenos como la integración cultural, la apertura valórica, el fortalecimiento de estructuras externas de decisión gubernamental y la justicia universal.

Esta conducta se traduce en una comprensión parcial de las transformaciones planetarias en curso, lo que ya es un avance comparado con el provincialismo histórico del grupo dirigente vernáculo, pero no alcanza para definir un proyecto estratégico sustentable a largo plazo. La multitud de economistas con post títulos en Estados Unidos es un activo apreciable, aunque insuficiente si se trata de construir una visión más integral y moderna del mundo que nos rodea.



Por tal razón, el neoliberalismo de Milton Friedman y de la señora Margaret Thatcher coincide plenamente con la forma de pensar de este sector, ya que mezcla ideas contrarias a la intervención estatal en las empresas y los negocios, con el individualismo y la defensa de los principios de la sociedad tradicional. Así, la adhesión entusiasta al libre mercado se une a la resistencia a los cambios en los demás ámbitos del quehacer humano, provocando una contradicción que advierte la minoría liberal, pero no reconoce la mayoría conservadora.



Aquí hay que tener cuidado cuando la propaganda habla de una "sociedad libre", o de una "economía social de mercado", porque la libertad siempre se refiere al mercado y lo social es un agregado que, a lo menos en lo que tiene relación con Chile, sirve sólo para que la foto quede más bonita.



Si llevamos esto al plano exterior, nos encontramos con la inspiración cuasi monopólica de la visión realista clásica y sus derivados, que distingue como estructura básica de las relaciones internacionales a la lucha de los estados por su supervivencia, en un esquema anárquico de interacciones provocado por la ausencia de un gobierno mundial.



Las cosas se ponen un poquito más complejas a nivel de expertos, porque hay algunos que admiten la existencia de un sistema internacional o de un cierto orden jerárquico, pero tales matices no alcanzan a traducirse en posiciones políticas representativas.



Este es uno de los motivos por el cual la derecha desconfía de las organizaciones multilaterales y centra su actuación externa en los vínculos bilaterales entre estados, aunque también se deben tomar en cuenta otros factores tales como el período de aislamiento que vivió el régimen militar, las condenas de las Naciones Unidas por violaciones a los Derechos Humanos, el juicio a Pinochet en Londres y la resistencia a presiones foráneas para profundizar la democracia.



En todo caso, si las relaciones de mercado prevalecen en el mundo, la existencia de una sola superpotencia determina la política internacional, por lo que la subordinación a los intereses de Estados Unidos sería la clave de un buen posicionamiento en el sistema global. El llamado "realismo periférico", término acuñado por el sorprendente intelectual menemista Carlos Escudé, define claramente esta perspectiva cuando establece que para los países en vías de desarrollo no corresponde impulsar una estrategia de poder que los enfrente con Washington, sino que la búsqueda de mejores condiciones para el crecimiento económico, lo cual es sostenible sólo si se acepta la subordinación a los dictados de la Casa Blanca.

Por otro lado, encontramos a los conservadores criollos en una posición autorreferente y nacionalista a nivel internacional, que a veces se confunde con el chauvinismo. Esto deriva de percepciones muy profundas que tienen su origen en la conformación temprana de la oligarquía del valle central como grupo social dominante, la que requirió de la centralización administrativa y la homogenización cultural para poder construir un país a su imagen y semejanza. El aislamiento geográfico de Chile y la necesidad de mantener su hegemonía ha hecho vivir a este segmento de la población amenazado persistentemente por el miedo a la pérdida de identidad, lo cual le demanda una reafirmación constante de la soberanía nacional.



Tales reacciones se unen a un desprecio por el entorno más próximo, debido a la pobreza que lo afecta, y que en los últimos años contrasta con el progreso relativo de Chile, junto a una heterogeneidad étnica que desde siempre ha despreciado nuestra clase dirigente. Si a esto le sumamos la carga ideológica que aporta el neoliberalismo, el cóctel explosivo que se forma explica la carga negativa que tiene la integración latinoamericana, sobre todo cuando se aleja de los aspectos puramente comerciales.



Lo ideal sería que Chile siguiera el modelo de Singapur y los tigres autoritarios del Asia, países que ponen el acento en los vínculos económicos y en el libre mercado, aplicando de manera ejemplar los principios del conservadurismo en todo lo demás.



Por su parte, la derecha defiende los intereses corporativos de la burocracia estatal dedicada al manejo de las relaciones exteriores, convirtiéndose en un freno para la introducción de nuevas visiones y comportamientos en nuestra diplomacia, que permitan una mayor y más eficiente inserción en el mundo globalizado.



La enorme influencia de la derecha en el Chile actual y nuestra dependencia del contexto internacional, ponen en evidencia la necesidad de la renovación de este sector de la sociedad. Precisamente, porque es uno de los aspectos olvidados de la modernización de nuestro país, debemos abordarlo como una tarea común. Yo estoy disponibleÂ…¿y usted?.



Cristián Fuentes V. es cientista político.




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