Las muletas de Lavín - El Mostrador

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Las muletas de Lavín

por 28 febrero, 2005

Parece que el cambio está en otra parte y es preciso girar en 180 grados para volver a tener alguna posibilidad de triunfar en las próximas elecciones. Pero la derecha una vez más se equivoca, no es sumando figuras con una imagen cercana a la Concertación o a mujeres que traten de empatar a las candidatas de la coalición de gobierno, como va a recuperar terreno y a reencantar al electorado. Más bien, se trata de construir una alternativa que, a partir de los anhelos de la gente, sea capaz de ofrecer un sueño colectivo creíble para la mayoría de los ciudadanos.



"El cazador cazado en su propia trampa", podría ser la frase que explique de una manera simple las últimas decisiones de Joaquín Lavín con respecto a su campaña. Nacido de una transformación carambolesca, que convirtió al antiguo "gallo de pelea", pinochetista duro e inflexible en su prédica neoliberal, en una especie de apóstol del pluralismo, simpático y abierto a la colaboración de todos los chilenos de buena voluntad que quisieran renovar la política, se ha visto desfavorecido en las encuestas y enredado en una estrategia de marketing que ya no le da los resultados esperados.



Un análisis inteligente del momento que vivía Chile en 1999, permitió que el candidato de los sectores más tradicionales de nuestra sociedad se posicionara como el abanderado de lo distinto, pero este producto del birlibirloque publicitario tenía pies de barro. Y se notó cuando terminó la crisis económica, varió el escenario y desde el otro lado entendieron el mensaje.



Ya no basta con diseñar una estrategia de mercado que pueda vender lo mismo de siempre con un nuevo envase. Es necesario entender las transformaciones por las que está atravesando el país. Se requiere con urgencia aportar ideas, proyectos e iniciativas concretas para el período que estamos iniciando, puesto que las decisiones que tomemos hoy serán trascendentales para nuestro futuro inmediato.



¿Qué hacer con una economía capaz de crecer un 6%, aunque con un reparto de la riqueza que condena a la mayoría de los ciudadanos a contentarse con las sobras que derraman los sectores de más altos ingresos?; ¿cómo asegurar el ansiado desarrollo con una canasta de exportaciones basada exclusivamente en materias primas?; ¿de qué manera podemos dar el salto tecnológico necesario para insertarnos con éxito en los segmentos más dinámicos de la globalización mundial?; ¿cuál es el tipo de educación que necesitamos y de qué forma aseguramos su acceso al conjunto de la población?; ¿cómo transformamos nuestro régimen político para hacerlo más democrático y participativo?; ¿qué podemos hacer para que la sociedad chilena sea más libre, más solidaria y menos discriminatoria?; ¿cómo descentralizamos al Estado para que las regiones puedan desplegar todas sus potencialidades?.



Estas son algunas preguntas cuyas respuestas por parte del lavinismo ya conocemos: autoritarismo, desregulación de los mercados, centralismo, subsidio a la demanda, desprotección social, conservadurismo e individualismo. La receta no convence y por eso los sondeos de opinión no favorecen a la derecha.



La gente quiere un liderazgo cercano que la interprete cabalmente. Esto, que pudiera ser obvio para la democracia representativa moderna, es un objetivo a lograr en Chile, puesto que el éxito de la transición se debe, fundamentalmente, a una red de acuerdos entre las elites que ha permitido afrontar en buen pie la negociación permanente con los poderes fácticos, a la que nos obliga el marco constitucional de 1980.



El principal error de interpretación de Joaco y sus boys es creer que el discurso salva, que la pomada que se vende es la milagrosa, que se puede faltarle al respeto a los votantes, olvidándose de la esencia de sus problemas y de las reformas que implica su solución definitiva.



Cristina Bitar y Sebastián Piñera parecieran ser las dos puntas del envoltorio en que quieren ocultar la verdadera faz del abanderado de la derecha. A cada segmento de la ciudadanía que quieren convocar le ponen una figura: para los concertacionistas más de centro-derecha y para las mujeres, Bitar; para los liberales, esos hermanos pequeños y molestosos, Piñera. Incluso, si los apuramos un poco, para los jóvenes le tenemos al hijo. ¿Para que tanto esfuerzo?: es que cuando no se puede cambiar de verdad, es mucho más fácil jugar con la imagen.



La fuerza que lleve a la victoria en la contienda presidencial resultará de identidades y confianzas, no de quien aparezca más en los medios de comunicación o presente una cantidad mayor de caras sonrientes por centímetro cúbico. El convencimiento de que la persona que más se parece al resto es la indicada para superar los obstáculos que impiden el progreso de Chile, la cercanía o empatía con el común de la gente y la credibilidad de su propuesta es el factor que distingue este momento de cualquier otro en la escena política nacional de los últimos años.



Muchos esperan a las encuestas de marzo como si todavía los "idus" de este mes tuvieran los significados ocultos de la época romana. A no engañarse, el favor del soberano se gana con buenas razones, autenticidad y emoción sincera. Dejémosle a la derecha los aparatos ortopédicos y concentrémonos en despejar el camino para seguir avanzando.



Por eso, de ahora en adelante, cuando usted señora, usted señor, vea a Lavín repartiendo promesas a diestra y siniestra, grítele: Ä„Michelle, Michelle!, y verá como se mueve, vacila, trastabilla y se le caen las muletas, terminando con su humanidad en el suelo, pues no hay nada ni nadie que pueda eludir el fracaso de una mentira.



Cristián Fuentes V. es cientista político.






























































































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