Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios - El Mostrador

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Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

por 6 marzo, 2005

La explotación del caso Schiavo por la derecha religiosa norteamericana (de repelente la calificó el Financial Times) no puede quedar sin respuesta en Chile. Fue aprovechada por la candidatura de Alvear, en especial por su "generalísimo". Y de inmediato el Cardenal y Arzobispo de Santiago dijo que los candidatos debían pronunciarse sobre temas valóricos, tales como la eutanasia, el aborto y los matrimonios entre homosexuales, que ni siquiera había planteado la extrema derecha criolla.



El problema de partida "no es la violación de la naturaleza de la vida", como pretendió el Vaticano en los últimos días del pontificado de Juan Pablo II, sino si estaba viva. Terri Schiavo se encontraba desde hace 15 años en estado vegetativo (vivía maquinalmente de una manera únicamente orgánica, comparable a la de las plantas). En Chile, esa situación es imposible, salvo para una familia millonaria, porque no hay seguros que lo financien, ni indemnizaciones de perjuicios de montos suficientes.



En EE.UU. la eutanasia es ilegal. Muy distinta es la facultad de cada persona en su sano juicio para rechazar un procedimiento médico (p.ej., quimioterapia o cirugía). Y que en el de los incapaces (menores, dementes o en estado vegetativo) lo haga su representante legal, dentro de los límites de la ciencia. Por tanto, v.gr., no puede impedir por razones religiosas una transfusión de sangre a un menor que los médicos estimen necesaria, pero si eliminar el suero y entubado que mantiene una vida meramente orgánica y sin posibilidades de recuperación, como en el caso en comento.



El caso fue resuelto por un sistema judicial, federal y estatal, claramente conservador y con los debidos peritajes médicos. Por desgracia, fue aprovechado por la demagogia de la derecha religiosa, cuya ala política encabeza el congresal republicano DeLay, quien dice tener por misión imponer una cosmovisión bíblica a la política y que Dios le dio a Terri para ayudarlo en esa cruzada. Sin embargo, hace algunos años, cuando su padre quedó en estado vegetativo, resolvió no prolongar su vida meramente orgánica.



El vocero de los padres de Terri, que se opusieron a terminar con su vida solamente orgánica, es militante de uno de los más extremistas movimientos en contra del aborto y uno de sus asociados cumple condena por asesinar a un médico. Tan es así que el juez del caso, quien fuera designado por Bush padre, necesitó de guardaespaldas armados.



El apoyo del presidente Bush a ese grupo extremista provocó lo que no pudieron los opositores a la guerra de Iraq y el senador Kerry. Por primera vez, perdió el apoyo de la mayoría, ahora solo tiene el de un 45% de la población.



John C. Danforth, quien fuera un destacado senador republicano y, hasta hace algunas semanas, el representante en la ONU de la administración Bush, criticó en The New York Times que su partido se transformara en el brazo político de la derecha religiosa, en este caso y otros. No rechazó el activismo de los creyentes, pero sí que su partido, en una sociedad pluralista, sea el satélite de uno de esos movimientos.



Debemos enfrentar estos problemas con humildad y memoria. El derecho a tener nuestras propias creencias se funda en el respeto a las de los demás y en la independencia de los asuntos públicos de los religiosos. La otra opción, la mezcla de extremismos políticos y religiosos, como lo indica la historia y hasta hoy los estados islámicos, lleva a brutalidades y derramamientos de sangre. Como lo dijo el cardenal Tarancón en la transición española, "la fe cristiana no es una ideología política". Y el clero no puede ejercer su autoridad sagrada sobre un país porque la soberanía nacional es una sola, la que reside en el pueblo y ejercen los representantes que elige.



Es de esperar que nuestras autoridades religiosas no dividan a los chilenos y que las católicas se atengan a la separación de la Iglesia del Estado establecida en 1925. Como también que la DC, que no es un partido confesional, evite introducir en nuestra política las cuñas demagógicas de la derecha religiosa norteamericana, un grave peligro para la cohesión social y que son más propias de una UDI cada día más debilitada.



Iván Auger es consultor internacional.




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