Cambiar el sistema binominal, Ä„ahora! - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 13:20

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Cambiar el sistema binominal, Ä„ahora!

por 9 marzo, 2005

La muerte de la líder y presidenta del Partido Comunista de Chile, Gladys Marín Millie y las expresiones públicas casi unánimes de solidaridad que tuvieron lugar con ocasión de su larga y dolorosa enfermedad y que culminaron con multitudinarias manifestaciones populares durante sus funerales, bien puede transformarse en el hecho histórico que termine de ponerle término a una transición a la democracia que ya ha demorado casi lo mismo que la dictadura que reemplazó. Para ello es necesario que la clase política de la transición acoja la enérgica demanda del secretario general del Partido Comunista, Guillermo Teillier, de reformar el sistema electoral binominal. Ä„Ahora mismo!



Ello puede hacerse de muchas maneras, e incluso de una forma bien sencilla si no se quieren hacer muchos dibujos. Basta simplemente, por ejemplo, con unir, de a dos contiguos, los actuales distritos electorales, tanto en diputados como en senadores y elegir luego los cuatro cupos resultantes mediante el probado sistema de la cifra repartidora. Adicionalmente, los actuales senadores designados pueden cambiarse por senadores nacionales, elegidos todos ellos asimismo por cifra repartidora. Ello aseguraría a todos los sectores políticos una representación más o menos proporcional a su fuerza electoral.



La transición a la democracia no va a estar completa hasta que el país no cuente con un sistema electoral que represente en forma adecuada a todos los ciudadanos del país, cuestión que no ocurre en la actualidad.



Es bien sabido que tanto el binominalismo del sistema actual como el dibujo de los distritos electorales, fueron diseñados calculadora en mano por los ingenieros políticos de la derecha, de modo de subsidiar a ese sector político con una fuerte sobre representación parlamentaria - la cual se transforma en un efectivo derecho a veto si le agregan las altas mayorías exigidas para la aprobación de todas las materias importantes.



Ello tiene consecuencias muy negativas para el sistema político y para el país en general.



Deslegitima el sistema político y desincentiva la participación de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes, como lo demuestran las elevadas cifras de no inscritos. Adicionalmente, otorga una sobre representación en el sistema político a un sector social, el empresariado, cuyas posiciones no siempre coinciden con el interés nacional. El caso del proyecto de royalty es emblemático al respecto . Como se sabe, este proyecto, de alta prioridad nacional, no fue aprobado en el Parlamento a pesar de lograr mayorías de 61 a 41 en la Cámara y de 26 a 19 en el Senado



Adicionalmente, el sistema electoral actual ha mantenido fuera del parlamento a parte de la izquierda y en particular a los comunistas chilenos. Aún en sus actuales condiciones de aislamiento político, la parte de la izquierda excluida representa no menos de un 10% del electorado, tiene fuerte presencia en todas las organizaciones sociales, muchas de las de las cuales dirige o cuenta en ellas con mayorías significativas, como es el caso de varias de las principales organizaciones sindicales, vecinales y estudiantiles; así como en organizaciones de la sociedad civil que han demostrado un fuerte arraigo de masas.



Dicho sector político, y especialmente los comunistas chilenos, están asimismo enraizados profundamente en el bien espeso y vital tejido social del pueblo chileno, actor que muchos dieron por muerto y sepultado, convencidos que se había desperdigado para siempre en un mercado de consumidores sin memoria, cerebro, sentimientos ni pasiones. Aparte, naturalmente, de los sentidos que podían ser manipulados por la publicidad de tal o cual producto - incluidos candidatos a cargos políticos - con la que se los bombardea constantemente a través de los medios de comunicación masiva.



Los comunistas chilenos representan una de las vertientes por las cuales a lo largo de todo un siglo se fueron constituyendo las modernas clases medias asalariadas chilenas - el sector social más numeroso en la actualidad y el más importante en la economía chilena junto con el empresariado. La historia de los comunistas es similar a la de muchos chilenos, de la abrumadora mayoría de ellos, en los hechos. Sus abuelos o bisabuelos eran campesinos que fueron enganchados para llevarlos a extraer salitre del desierto a principios del siglo XX Allí aprendieron a leer, a escribir y a organizarse, adquiriendo su notable y perdurable conciencia social y proletaria, la que luego sembrarían a lo largo del país, cuando el cierre de las minas salitreras durante la Gran Depresión de los años 1930 los desperdigó por todo Chile. Muchos regresaron al campo de adonde habían salido años antes, pero la mayoría llegó a instalarse en las ciudades, adonde aparecieron así por primera vez masas numerosas de obreros libres y a la vez forzados a contratarse como asalariados, a riesgo de morirse de hambre si no lo hacían. Este fue, por así decirlo, el primer gran pujo del parto que duraría un siglo y del cual habría de nacer la moderna clase de los asalariados chilenos y los comunistas chilenos lo sufrieron junto a todos los demás y ayudaron a todos a soportarlo con dignidad. Décadas después, los hijos de esos mismos obreros, que ya no soportaban el hacinamiento de su vida de allegados en los conventillos adonde se instalaron sus padres, decidieron organizar las tomas de terreno que originaron las poblaciones que dibujaron el perfil de las modernas ciudades de Chile. En el seno de cada una de esas poblaciones, se encuentran hoy día, entre los vecinos más respetables, a las sólidas y siempre activas, sensatas y prácticas familias de los comunistas chilenos. Estas familias de comunistas se cuentan en todas partes entre las fundadoras de la respectiva población y dirigen muchas veces sus juntas de vecinos y centros de madres.



El segundo gran pujo del parto de la moderna clase asalariada de Chile vendría algunas décadas después y tendría lugar en el campo, con ocasión de la Reforma Agraria, aprobada durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva y aplicada en forma rápida, drástica y masiva por el gobierno del Presidente Salvador Allende - en medio de la agitación revolucionaria generalizada del país y especialmente de los campesinos, organizada en no pequeña parte por los comunistas y que fue la única manera posible para que dicha gigantesca e histórica gesta modernizadora lograra llevarse a cabo en la forma radical y definitiva como ocurrió en Chile. La reforma agraria fue culminada en forma brutal por la dictadura de Pinochet, cuya peculiar forma de cumplir con dicha ley consistió primero en expulsar a decenas de miles de campesinos - entre ellos a los comunistas y a todos los que habían apoyado la reforma agraria - de las tierras donde habían trabajado por generaciones y en muchos casos hasta de sus "pueblas" donde habían vivido sus familias desde tiempo inmemorial. Cientos de miles y en algunos campos alrededor de la mitad de los campesinos, corrieron esa suerte en esos años de plomo. Cuando lograron escapar de los "poroteos," asesinatos y entierros a todo campo que realizaron en todas partes los militares y carabineros, con la complicidad entusiasta de latifundistas y reaccionarios locales que a veces los acarreaban en sus propias camionetas. Esa fue la suerte de más de la mitad de los ejecutados y detenidos desaparecidos por la dictadura, cuyos nombres están escritos en piedra en el Cementerio General de Santiago. Muchos de ellos eran asimismo comunistas, hijos de aquellos que habían regresado del salitre durante la Gran Depresión.



Principalmente de esta manera, del parto de un siglo, chorreando sangre y lodo por todos los poros, como escribió una vez Marx, nació la moderna estructura social chilena. Es decir, su base principal, los millones de ciudadanos que todos los días, de sol a sol igual que antes sus abuelos en el campo y a veces ahora también por las noches, a cambio de un salario precario y bajo, con sus manos y con su mente, crean las riqueza y construyen el progreso del país. De todos estos beneficios, sin embargo, bien poco gozan ellos mismos, como escribiera Recabarren, sino más bien sus adversarios.



El pueblo chileno ha rendido, en la figura de Gladys Marín Millie, un multitudinario homenaje a lo mejor de sí mismo. A su propia dignidad, construida a lo largo de la gesta de un siglo, a su entereza que nunca perdió. Aprendió a batirse en retirada, cedió muchas posiciones que todavía no recupera, pero jamás se doblegó, nunca dejó de luchar. Hasta derrotar finalmente al dictador - hoy convertido en un cadáver político y una ruina moral, como acertadamente le recuerda a menudo una luchadora por los derechos humanos, en un cobarde, como le espetaba a menudo Gladys Marín. La derrota de la dictadura fue posible en primer lugar gracias a su propia lucha valiente, decidida y con todo lo que encontró a la mano. Ahora es el tiempo de derrotar su exclusión y lograr el peso que en justicia le corresponde, en un sistema político que no puede seguir en eterna transición. El interés superior de Chile exige un sistema político democrático de verdad Ä„Ahora mismo!



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* Manuel Riesco es director del Centro de Estudos Nacionales de Desarrollo Alternativo (Cenda)

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