Debate de ideas - El Mostrador

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Debate de ideas

por 21 marzo, 2005

Todavía existen muchos economistas que piensan que la modernidad consiste en ir pasando a través del tiempo a canastas cada vez más llenas de bienes y servicios -independientemente de su distribución-, confundiendo bienestar con modernización. Por cierto esta es una visión desprovista de toda historicidad.



La historia nos enseña que a la fecha hay tres componentes esenciales de la modernidad: la democracia, el mercado y la protección social. La relación entre ellos no es simple, ni estable. El siglo XVIII promovió los derechos ciudadanos; el siglo XIX, los políticos y económicos; y el siglo XX consagra los derechos sociales. Probablemente, el siglo XXI lo hará con derechos de la naturaleza en la vida social.



En el período post dictadura que vive Chile, no cabe duda que la Concertación es, después de 15 años de gobierno, una experiencia meritoria en cuanto al desarrollo del bienestar: Chile dispone hoy de una mayor y mejor infraestructura, así como de una canasta de bienes y servicios más abundante y diversificada. Por cierto, este bienestar hubiera sido aún más elevado si la distribución y la igualdad hubiesen mejorado.



Pero, ¿Chile es un país más moderno? Si, cuando lo comparamos con el régimen militar donde el neoliberalismo confundía modernidad con mercado. Salir de esta etapa "cavernaria" no ha sido tarea fácil para la Concertación; ella ha tenido que ir desarrollando a trastabillones la democracia con una Constitución espuria en su origen, que limita y pervierte cualquiera aspiración a una democracia moderna.



En el ámbito de la protección social, la Concertación ha tenido que salir de las leyes laborales con muchas dificultades y además con un movimiento sindical débil. También ha tenido que enfrentar los temas de salud, educación y pobreza, aunque este caso el crecimiento y las políticas públicas que ha desarrollado, le han ayudado.



En cambio, si comparamos este proceso de modernización con los estándares que se registran en países hoy desarrollados, estamos lejos de llamarnos un país moderno por mucho Internet y teléfonos celulares que tengamos a nuestro alrededor.



No quisiéramos, sin embargo, volver a la historia del "vaso a medio llenar". En verdad, en esta visión binaria no avanzaremos mucho hacia una real comprensión de como la Concertación puede abordar los problemas y desafíos que enfrenta el desarrollo de nuestro país. En cualquier sociedad, existe siempre un "vaso a medio llenar", pues existirán obras inconclusas, reformas por hacer o mal hechas, que hay que corregir.



Lo importante, es conocer la dinámica o la lógica que ha impreso la acción de la Concertación en las modalidades de funcionamiento de la sociedad (y en particular en su economía), habida cuenta de las fuerzas sociales disímiles en juego. Por ello, lo relevante hoy es saber si tal dinámica nos conduce o no a una sociedad que es capaz de profundizar su democracia y a una economía que logre garantizar la cohesión social necesaria, dentro del proceso de cambios exigidos por la globalización e insertarse a esta última de una manera más ventajosa para el país.



Las elecciones presidenciales y parlamentarias que se realizarán en Chile a fines de año debieran generar, como ocurre en otras democracias, un mayor interés en el debate de ideas en torno al rumbo futuro de nuestro país. Sin embargo, existen opiniones que las propuestas programáticas no tienen incidencia en el electorado.



Siguiendo el "teorema" liberal que la mejor política comunicacional de un gobierno es la que no se hace, tendríamos que la mejor propuesta programática de gobierno seria la que no tiene lugar. Es verdad que el éxito electoral no está determinado por la "mejor" propuesta programática, pues existen muchas otras variables que inciden en la conducta electoral de los ciudadanos. Es cierto también que los partidos políticos han dejado de ser un "laboratorio de ideas" en la medida que han acentuado su tendencia a la "oligarquización". Pero ello no significa que en la sociedad no existan ideas e interés por ellas. Una propuesta programática sólo permite ordenar un debate de ideas en torno a prioridades, coherencia, recursos implicados, visión de país.



A la fecha que escribimos estas notas la probabilidad que la Concertación alcance por cuarta vez la Presidencia de la República es muy alta. En consecuencia, las propuestas programáticas que surjan de ella tendrán elementos de continuidad y cambio. Pura continuidad o sólo cambios son casos extremos, que difícilmente se pueden dar. El cocktail entre continuidad y cambio es lo que concitará interés en una propuesta.



Si concentramos la atención en los aspectos estrictamente económicos de una propuesta, tendremos que prácticamente ya existe una agenda de continuidad (que obviamente puede ser ampliada): aumentar la calidad de la educación, enfrentar el tema de las insuficiencias de las pensiones y la previsión, implementar una política de ayuda a la innovación tecnológica. Todos estos desafíos han sido muy bien fundados en la última exposición de la Hacienda Pública. Queda pendiente el tema de los recursos: reforma tributaria, cambio en la regla fiscal por otra que amplíe el margen de maniobra a las políticas públicas, mejor uso de los recursos públicas vía profundización de la modernización del Estado. Todos, temas recurrentes en el seno de la Concertación.



En lo que se refiere a los temas del desarrollo económico, cuyos objetivos sólo se alcanzan de preferencia en el largo plazo, pero que para lograrlo deben ser considerados como parte de la política de corto plazo a fin de no caer en pura retórica, la Concertación tiene deudas pendientes.



A modo de ejemplo, tomemos dos temas. El primero es que después de treinta años de apertura comercial, la economía chilena sigue presentando una concentrada estructura de exportaciones en productos básicos ligados estrechamente a la explotación de recursos naturales. Esto no menoscaba el hecho que durante el mismo período las exportaciones de carácter manufacturero hayan crecido fuertemente y que en los sectores tradicionales de exportación se hace un uso intensivo en nuevas tecnologías.



El problema es que de persistir en una especialización en productos básicos, seria una desventaja para un crecimiento más estable. La verdad es que hace mucho tiempo que se viene discutiendo en nuestro país que la concentración de las exportaciones en productos básicos y en un número limitado de empresas, expone a la economía a grandes fluctuaciones derivadas de la propia variabilidad de sus precios y de la demanda internacional.



Además, estos períodos de auge inducen una apreciación del tipo de cambio real (que puede verse reforzada por la entrada abrupta de capitales externos) que desalienta la inversión en el sector manufacturero. Es interesante recordar que en el informe sobre Chile que hizo la OCDE a fines del 2003, se nos dice que aún con un sector exportador tradicional dinámico y de alta productividad, en el largo plazo las tasas de ganancias futuras allí pueden llegar a ser limitadas y que la demanda de productos básicos crece más lentamente que otros productos, estrechando así el futuro crecimiento de estas exportaciones.



La conclusión de la OCDE, y en la que todos podemos estar de acuerdo, es que "el desafío es ahora, a partir de esta base exportadora, construir y desarrollar una estructura de exportaciones más amplia, densa e innovadora. Esto incluye no sólo la manufactura sino también una amplia gama de servicios". El problema para nosotros es cómo lo logramos.



La segunda observación es que Chile tiene una de las distribuciones del ingreso más desiguales entre los países emergentes. En el informe señalado se acota: "Sólo Brasil, Sudáfrica y algunos países pequeños de África y América Latina tienen desigualdades en la distribución del ingreso mayores a las de Chile". Podríamos agregar que esto no es nada nuevo. Sin embargo, en el informe hay una interesante opinión cuando nos dice que "una fuerte dependencia de los recursos naturales afecta simultáneamente al crecimiento y la distribución del ingreso en forma negativa". Esto nos saca de la tradicional visión planteada por J. Stuard Mill, en el sentido que la mala distribución del ingreso sólo se corrige con el acceso a la educación, elemento sin duda importante pero no exclusivo.



El tema de la corrección de la mala distribución del ingreso existente y una mejor inserción económica internacional de nuestras exportaciones han estado presente en las propuestas de la Concertación desde 1990. Cierto, las políticas sociales realizadas en estos 15 años han compensado la mala distribución y hoy se dispone de una sustantiva red de acuerdos comerciales, aún cuando aun cuando no cuentan con una institucionalidad adecuada ni políticas públicas para la promoción de exportaciones con mayor elaboración, e integradoras indirectamente de las Pequeñas y Medianas Empresas.



Estos temas recién comentados serán dos invitados de piedra en cualquier propuesta económica de la Concertación. Es probable que por la complejidad de estos temas, ellos no se puedan discutir con detenimiento en una propuesta programática. Lo que cuenta es que aparezcan en el debate de ideas económicas, revelando así el grado de conciencia que existe en torno a ellos.



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Alexis Guardia es economista

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