Neopopulismo: ¿una tendencia propia de los nuevos tiempos? - El Mostrador

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Neopopulismo: ¿una tendencia propia de los nuevos tiempos?

por 25 marzo, 2005

En el último tiempo el continente latinoamericano ha dado vida a nuevas formas de populismo, las cuales van desde el experimento neoliberal de Fujimori en Perú hasta la revolución bolivariana de Chávez en Venezuela. En todo caso, pareciera ser que este fenómeno no es exclusivo de América Latina. Líderes europeos como Haider en Austria, Berlusconi en Italia y Le Pen en Francia también suelen ser catalogados como neopopulistas.



Ante esta realidad, cabe interrogarse si el neopopulismo es quizás una tendencia propia de los tiempos actuales. Preguntado de otro modo: ¿Acaso las transformaciones actuales de la sociedad favorecen el surgimiento de un tipo de política que tiende a ser cada vez más neopopulista?



Para responder esta cuestión es necesario definir qué es lo que se entiende por neopopulismo. Cabe apuntar entonces los tres rasgos más importantes que caracterizan la novedad de este fenómeno: creciente distancia entre la elite política y la ciudadanía, transformación de la política producto de la ingeniería electoral y, por último, potenciación de los liderazgos mediáticos.



1. Creciente distancia entre la elite política y la ciudadanía. El aumento de la complejidad de los fenómenos sociales propicia que la clase política actúe y sea vista como una elite que no tiene contacto con la población. Riesgo país, globalización o royalty son conceptos que no se entienden fácilmente. Por ello es que al ciudadano común le es difícil comprender el lenguaje que guía gran parte de los debates relevantes de la sociedad. Ante esta situación, la ciudadanía percibe que el mundo de la política le es ajeno y distante. Es así como se facilita el surgimiento de un discurso populista que critica el carácter elitario de la política.



2. Aumento de la ingeniería política. Hoy en día el uso de encuestas y otras formas de investigación social forman parte de la cotidianeidad de la política. Ello debilita el desarrollo de líneas programáticas, pues resulta más fácil averiguar lo que la gente quiere y luego desarrollar un discurso pertinente. Y el neopopulismo no hace otra cosa que llevar esta práctica a su máxima perfección: en vez de ofrecer un proyecto político fundado y de largo plazo, propone una serie de medidas efectistas que sabidamente guardan simpatía en la población. Como bien lo sabía Le Pen a través de las encuestas, era electoralmente más efectivo proponer medidas xenófobas para aumentar el empleo, que formular una política seria y responsable para generar más puestos de trabajo.



3. Potenciación de los liderazgos políticos mediáticos. En la medida que los medios de comunicación de masas han ido perfeccionando sus formas para despertar el interés de la ciudadanía, la política se ha ido ajustando a esta nueva realidad. Por esto es que pierden relevancia los discursos y aumentan en importancia las imágenes. Dicha transformación es llevada al extremo por los neopopulistas. Ellos siguen los designios de asesores que les enseñan estrategias publicitarias y de teatralización que potencian un liderazgo político mediático. Qué mejor ejemplo que las escenificaciones mediáticas de un Lavín durmiendo en las poblaciones o de un Fujimori vestido de indígena.



Resumiendo se puede decir que la creciente complejidad de la realidad social, el abuso de las encuestas y la preponderancia de la televisión hacen que la política se torne cada vez más neopopulista. Se trata de una transformación que afecta a países del Tercer y el Primer Mundo por igual. Y producto de ello puede indicarse que la democracia se encuentra desafiada por un nuevo enemigo: políticos neopopulistas que una vez que alcanzan el poder, hacen y deshacen a voluntad propia. No en vano, el balance que se hace de gobiernos neopopulistas como el de Bucaram, Fujimori o Menem no es precisamente auspicioso.



En lo que respecta a Chile, es evidente que en las elecciones presidenciales anteriores las tendencias neopopulistas cobraron especial fuerza. No obstante, el gobierno que terminó siendo elegido democráticamente se ha apartado de esta lógica, pero hay una serie de políticos -de las más variadas tendencias- que siguen coqueteando y simpatizando con el neopopulismo: ministros y diputados miden su efectividad política según puntos de rating, no faltan alcaldes que proponen medidas efectistas y de corto plazo, así como abundan los políticos que viven de las encuestas.



Chile tendrá este año nuevas elecciones presidenciales y, por lo tanto, se trata de una ocasión más que provechosa para comprobar cuanto neopopulismo hay presente en la política nacional. Y me temo que es mucho más de lo que se suele pensar. Tan sólo una pista: A tan sólo ocho meses de que se decida quién será el próximo Presidente o Presidenta de la nación, nadie sabe seriamente cuáles son los diferentes proyecto-país que están en disputa.



Quizás es hora de que asesores, estrategas y samuráis dejen de preocuparse de slogans e imágenes y que de una vez por todas se sienten a pensar programas políticos serios. Elegir Presidente de la República no es lo mismo que escoger entre varias teleseries cuál es la más entretenida. En otras palabras, la democracia de verdad no se sustenta en el neopopulismo de las encuestas y la televisión, sino que más en el debate público en torno a proyectos políticos ingeniosos y responsables.





Cristóbal Rovira Kaltwasser, Sociólogo de la Universidad de Chile. Estudiante de Doctorado Humboldt-Universität Berlin (cristobal.rovira.kaltwasser@student.hu-berlin.de).


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