¿Con qué recursos se financiarán los programas del próximo gobierno? - El Mostrador

Jueves, 23 de noviembre de 2017 Actualizado a las 17:31

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¿Con qué recursos se financiarán los programas del próximo gobierno?

por 28 marzo, 2005

Si bien, la derecha ha majaderamente insistido en la ineficiencia del Estado para mejorar la distribución del ingreso, no hay NINGUNA experiencia que indique que el mercado o, más concretamente, los empresarios sean mejores redistribuidores.

En los últimos días se confirmó que el crecimiento de la economía habría alcanzado a 6,1% en 2004 y todo indica que estará al menos en una cifra similar el 2005. Por cierto, en época de elecciones, para las candidatas oficialistas, este es un elemento favorable adicional a sus pretensiones.



Curiosamente, es más fácil hacer los discursos desde la oposición o desde la restricción en lo referente al uso de los recursos públicos. De una parte, porque las tentaciones populistas pueden hacerse fácilmente cuando no se tienen responsabilidades en el manejo fiscal.



En efecto, resulta curioso (cuando no un boomerang) que la alianza de la derecha esté planteando un slogan que apunta, ni mas ni menos, que a centrar la campaña en la mala distribución del ingreso imperante. Si a Chile le va bien y a "ti no" -como dice el eslogan- es porque algunos están acaparando una fracción demasiado alta de este crecimiento y eso es cierto si se ve que las ganancias de las mineras superaron los 4.000 millones de dólares y que los bancos son los principales beneficiarios del boom económico. Si esto es así, convengamos que lo único lógico es buscar maneras de redistribuir estas ganancias excesivas.



Finalmente, hay sólo dos caminos para lograrlo: o aumentan de manera significativa los ingresos de los trabajadores de menores remuneraciones de esas empresas o aumentan los impuestos para que la redistribución se produzca por la vía de los programas sociales del Estado.



Si bien, la derecha ha majaderamente insistido en la ineficiencia del Estado para mejorar la distribución del ingreso, no hay NINGUNA experiencia que indique que el mercado o, más concretamente, los empresarios sean mejores redistribuidores. De hecho, la opción japonesa o europea de post-guerra, que es exitosa en cuanto a reducir iniquidades, se ha impuesto porque hay simetría en la participación de los actores: empresarios, por cierto, pero también trabajadores organizados y el Gobierno. En definitiva, la derecha quiere "subirse" a un problema que es percibido sensiblemente por la gente, pero no entrega ninguna solución viable para resolver tal situación.



Esta es la historia de las reformas durante el período de restablecimiento de la democracia que, al final de cuentas, cada vez que se buscan alternativas financieras para los problemas sociales, se recurre al IVA que es reconocido como un impuesto regresivo. El candidato Lavín, previendo que será necesario inyectar recursos para, al menos, completar las reformas educacionales y de salud, ya anunció que estaría de acuerdo en mantener la tasa actual del IVA (19%) que había sido aumentada sólo hasta enero del 2006.



Aún así, resta por debatir sobre el financiamiento que los diferentes candidatos están proyectando para recuperar el rezago social de nuestro país. El senador Ominami, presidente de la comisión de Hacienda del Senado sugirió este debate y debe ser enfrentado desde ya para que la (el) futuro Presidente de Chile disponga de los recursos para su Programa.



Para algunos, los recursos pueden lograrse sin siquiera aumentar impuestos sino que bastaría con eliminar las garantías excepcionales de las que gozan diversas actividades que ya no tienen justificación, tales como la minería (que probablemente algo se resuelva con la nueva ley de royalty en el Parlamento); las excepciones que reducen los impuestos a las donaciones que casualmente favorecen directa o indirectamente, a menudo, a los propios donantes; las compensaciones por pérdidas en paraísos financieros; las excepciones de las industrias de la madera que hace tiempo dejaron de ser una industria "infante" que merece ayuda suplementaria. Y, sin duda, que debe sincerarse el esquema del impuesto de primera categoría que hasta ahora es una suerte de crédito que conceden los empresarios al Estado.



Con altura de miras, guardando y respetando los equilibrios y la estabilidad que seguramente permitirán que la Concertación continúe gobernando el país, debe abordarse una situación que se ha constituido en el tabú del mundo progresista o en la gran fuerza que han exhibido los poderes fácticos para mantener privilegios y utilidades que, a todas luces, resultan excesivos.



Rafael Urriola Urbina es economista.

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