Caso Terri Schiavo: la vida continúa - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 08:29

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Caso Terri Schiavo: la vida continúa

por 14 abril, 2005

Terri Schiavo ha muerto, ha expirado su existencia física de 15 años, porque su vida se había extinguido hace mucho rato.



Ella permaneció por más de una década conectada a un respirador artificial, no tenemos certeza si fue contra su voluntad o no. Esa es la cuestión que han debatido sus familiares ante las cortes estadounidenses y Terri, claro está, permaneció ausente de cuerpo y mente en dicha discusión.



El debate constitucional brindado en Estados Unidos, dificultosamente se daría en nuestro país, al menos con esa intensidad. Así se puede desprender al leer las editoriales de la prensa nacional y de la respuesta inmediata del Colegio Médico, el que todavía no integra en su discurso ético el catálogo de derechos del paciente.



Se habría planteado como una cuestión constitucional en el más mediocre de los escenarios, el exegético, no cabría duda el derecho a la vida prima y así seguramente, habrían fallado nuestros tribunales. Sobre el derecho a la dignidad, la cuestión de la vida plena, la que supone que es la consecuencia de nuestros aciertos y errores, de nuestros amores y desamores, no se estamparía ni una sola línea en ninguna resolución leída en el Palacio Montt-Varas.



La vida es un derecho sin más. Es la conclusión que se habría pregonado y el debate habría concluido.



Me adelanto a sostener que no poseo respuestas finales y absolutas en aquellas cuestiones que tocan nuestra fibra más íntima; aquellas cuestiones que nuestros ethos nos dicta, pero que claramente no significa que sea o esté destinada a la aprobación pública, ni menos pretendo que se transforme en un juicio de moral colectiva.



Que la vida es un derecho que se debe proteger, no cabe duda alguna; que ésta debe ser digna y plena, es la cuestión que ocupa a los filósofos, médicos, intelectuales y hombres de iglesia.



Si aceptamos que la vida es digna como tal, aún cuando lo que queda de ésta son los estertores de ondas eléctricas que emanan de nuestro cerebro, cuando se ha perdido no sólo la facultad cognoscitiva, sino todo indicio remoto de expresión de voluntad, estaremos entonces en condiciones de aceptar y tolerar que cientos de niños y niñas padezcan de hambre, frío y sean explotados sexualmente. Condiciones que ni usted ni yo toleraríamos para nuestros hijos.



Suprimir la voluntad del sujeto, esgrimiendo dogmas de fe o principios morales contra la que ha sido la voluntad expresa de éste en ejercicio pleno del goce de la vida, nos conduce igualmente a sostener que el hombre no puede decidir cual es el tipo de procedimiento médico al que desea someterse, pues todavía el paciente es considerado un pequeño idiota, ignorante de la ciencia médica, incapaz de decidir dentro de un conjunto de opciones, aquella que sea menos invasiva, como por ejemplo rehusarse a consumir químicos o someterse a las propiedades de la marihuana.



En este lado de la cordillera podemos descansar en paz, la vida es un derecho sagrado. Ä„Qué importa si es digna o no!



Terri murió. La duda que se nos plantea es si fue a causa de una resolución judicial o por el curso natural de su enfermedad. La otra duda es saber si en este caso hubo sólo una simple desconexión o una eutanasia activa en sentido intenso, y si ese fue el caso, la duda final, será dilucidar si la misma decisión no habría sido moralmente aceptable hace una década.



Ella murió mientras termino esta columna y en este preciso momento un niño o quizás dos han muerto de hambre, cinco millones ya lo hicieron el 2004. La guerrilla y el ejército ha reclutado otros cientos en Colombia. Un niño o niña se está prostituyendo en nuestras calles, puede que sea uno de los dos millones cien mil niños que viven con VIH-SIDA en América Latina.



La vida continúa, alguien dirá: así fue, así es y así será.





Luis Correa Bluas. Abogado. Master en Derechos Fundamentales por la Universidad Carlos III de Madrid.


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