¿Vale la pena un código de ética comercial para supermercados? - El Mostrador

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¿Vale la pena un código de ética comercial para supermercados?

por 17 abril, 2005

El proceso de concentración y consolidación que se ha venido gestando en la industria de grandes supermercados ha generado crecientes controversias entre las principales cadenas de supermercados y agrupaciones de proveedores. Estas últimas han denunciado a los primeros por utilizar prácticas comerciales 'abusivas', tales como la imposición unilateral de cambios en los plazos de pago y en los cobros inicialmente pactados.



Como posible solución se ha sugerido un Código de Ética Comercial para el sector, a modo de autorregulación voluntaria de las partes en conflicto. ¿Qué efectos podría generar un esquema de este tipo?



Es útil pensar en dos áreas de debate. La primera se relaciona con juicios morales sobre lo que se considera 'una forma justa de comerciar y ganar'. Cambios de 'último minuto' en las reglas del contracto sin duda generarán conflicto distributivo, aunque también distintos juicios de valor sobre las 'prácticas' usadas. En este sentido, la adscripción voluntaria a un Código de Ética Comercial podría generar alivios, siempre y cuando sea posible hacer cumplir las reglas impuestas.



La segunda área de debate es económica y dice relación con problemas de eficiencia (el 'tamaño de la torta') y de tipo distributivo ('cómo se reparte la torta').

Respecto al 'tamaño de la torta', la introducción del Código podría generar efectos contrapuestos. Por un lado, mayor certidumbre sobre las condiciones comerciales podría favorecer la realización de inversiones por parte de proveedores; las que, en ausencia del Código, no se harían por temor a cambios ex-post en las condiciones contractuales.



Por otro lado, algunas de las prácticas consideradas como 'abusivas' pueden estar relacionadas a dinámicas fundamentales del negocio; por ejemplo, la necesidad de responder rápidamente a campañas publicitarias de la competencia o realizar un manejo eficiente de inventarios. En este caso, imponer restricciones sobre las relaciones comerciales en el sector aumentaría los costos del intercambio; lo que podría derivar en mayores precios al consumidor.



'Cómo se reparte la torta' es, sin embargo, el tema de fondo que ha originado el debate. Cambios unilaterales impuestos por los supermercados les ayudarían a aumentar, a costa del proveedor, su 'porción de la torta' (al menos en el corto plazo).



Al respecto, es importante reafirmar dos ideas básicas. Primero, si los cambios unilaterales que imponen los compradores son reiterados, difícilmente tomarán por sorpresa a los proveedores. Segundo, es en directo interés de los supermercados el mantener y hacer 'viables' a sus proveedores de buena calidad. Dado este contexto, ¿podrían generarse efectos distributivos a partir del uso del Código?



Imaginemos un caso de negociación entre el gran supermercado "Limbo" y su proveedor "Bob Marraqueta", donde el costo de producir cada marraqueta para Bob es de 9 y Limbo la vende a 15. Sin Código, la situación podría ser la siguiente: Limbo se compromete a comprar a un precio de 11, pero día por medio le cobra a Bob un gasto de 2 por marraqueta, por concepto de publicidad (no acordado previamente).



Supongamos que ésta es una práctica repetida en la relación entre Bob y Limbo. ¿Qué debiéramos esperar en caso de existir un Código, asumiendo que éste efectivamente limita las prácticas abusivas? Sería ingenuo pensar que las partes acordarán un precio inamovible de 11. Si el precio efectivo sin Código era 10 y Bob decidía, mes tras mes, seguir vendiendo marraquetas a Limbo, ¿por qué no habría de aceptar ahora un precio fijo de 10?



Lo fundamental para entender el resultado en negociaciones es la situación en que cada parte queda (su 'mejor alternativa') si la negociación falla. Si para Limbo es relativamente fácil reemplazar a Bob por otro proveedor, mientras que para Bob es difícil conseguir otro gran comprador, es probable que Limbo se apropie de una parte sustancial del excedente en esta transacción.



¿Podría el Código cambiar las 'mejores alternativas' de las partes? Quizás. Una posibilidad sería que el uso del Código facilitara, a un proveedor de buena calidad, cambiar al comprador de su producción. Mientras menor sea el 'costo de traslado' asociado a esta decisión, el proveedor ganará poder de negociación.



Imaginemos, por ejemplo, que el proceso de resolución de conflictos, asociado al Código, lograse operar como un mecanismo revelador de información privada, sobre calidades de proveedor, de forma más costo efectiva que el propio libre mercado. Sin embargo, y para desánimo de Bob, no es nada evidente que fruto de la introducción del Código esta posibilidad pudiese efectivamente ocurrir.



Moraleja: Un Código de Ética Comercial podría limitar el uso de prácticas comerciales moralmente cuestionables, aunque quizás a cambio de aumentar el costo del intercambio. Desde el punto de vista distributivo, cuesta imaginar que puedan ocurrir cambios significativos: el 'reparto de la torta' se explica por factores que el Código difícilmente afectará.





Julio Peña Torres, Ph.D./Manuel Willington, Ph.D./Académicos ILADES/U. Alberto Hurtado.

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