¿Nuevos escenarios políticos? - El Mostrador

Domingo, 17 de diciembre de 2017 Actualizado a las 08:50

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¿Nuevos escenarios políticos?

por 8 junio, 2005

Un movido cuadro político se ha producido en las últimas semanas con la irrupción de la candidatura presidencial de Sebastián Piñera en la Alianza por Chile y la posterior declinación de Soledad Alvear como precandidata de la Concertación. Algunos sienten que los desafíos que surgen de este nuevo cuadro le ponen la justa tensión dramática a una competencia que parecía demasiado fácil para Michelle Bachelet. Otros parecen más preocupados y creen que los obstáculos para la Concertación son mayores.



En realidad, todos coinciden que el escenario ha cambiado -lo que es una obviedad- pero pocos se animan a precisar la orientación de este cambio y prever sus consecuencias, a la espera de nuevos estudios de opinión que, a estas alturas, se han convertido en el oráculo de la política.



Y si de estos oráculos hablamos, nada parece indicar que, candidato más y candidata menos, se modifiquen las tendencias expresadas en las preferencias electorales por más de un año. Según la información disponible al momento, constatamos que Michelle Bachelet sola aventaja a los dos candidatos de la Alianza sumados y que, si agregamos a los adherentes de Soledad Alvear, la Concertación tiene una amplia mayoría frente a los candidatos de derecha que, sumados, permiten que la Alianza se acerque más a su techo histórico electoral, considerablemente mermado con Lavin como candidato único de la derecha.



En cuanto a las adhesiones, Michelle Bachelet concita un apoyo transversal que trasciende las tradicionales opciones por identificación política, con preferencias que van desde la izquierda, dentro y fuera de la Concertación, hasta la centro derecha.



Recibe, asimismo, la adhesión de todos los grupos de edad, de los distintos niveles socioeconómicos -aún si en menor proporción de los estratos de más altos ingresos- y por igual de varones y mujeres. Lavin, que también es un candidato con apoyos sociales y económicos transversales y que al igual que Bachelet cuenta con el apoyo de las mujeres y de los sectores populares, no logra transversalizar la adhesión política y decrece en intención de voto a expensas de Piñera cuyo crecimiento se basa, especialmente, en las preferencias masculinas y de los sectores sociales más acomodados del país.



Ambos ocupan, a gran distancia de Bachelet, un segundo y tercer lugares muy próximos entre sí que podrán intercambiar en el tiempo, sin alterar mayormente la sumatoria, pues se reparten un electorado al que escasamente se sumarán aquellos que forman parte de la cultura política concertacionista.



No es en los datos cuantitativos, entonces, donde hay que concentrar la mirada para entender los escenarios políticos y prever futuros posicionamientos, sino que en los datos cualitativos, en el perfil del electorado que adhiere a las distintas opciones, cuestión que hay que contextualizar en nuestra realidad actual.



Una primera consideración a tener en cuenta es la evaluación de un país que ha progresado en los años de gobierno de la Concertación, hecho que no es para nada trivial si miramos el entorno regional y del cual existe una apreciación ciudadana.



Como lo expresó el escritor Mario Vargas Llosa meses atrás, invitado a la celebración del centro de estudios de la derecha liberal, CEP, no existe motivo alguno para que otra coalición reemplace a la actual que gobierna exitosamente el país. Y por más que ambos candidatos de la Alianza decidan utilizar un discurso que se hace cargo de los logros, difícilmente podrán convencer a alguien de que ellos son responsables de esos éxitos y que están en condiciones de superarlos.



Más difícil aún después del discurso de Lagos el 21 de mayo que, lejos de cerrar su sexenio con un recuento de la obra realizada, lanza un conjunto de iniciativas para el año en curso y de ideas nuevas para el período próximo que marcan un salto en el camino futuro de la Concertación.



Una segunda consideración es la "consensuada" preocupación por la desigualdad. Tal vez de manera insospechada en sus consecuencias, el candidato Lavin fue quien contribuyó a tan generalizado consenso al asumir como suyo un discurso que ha sido parte de las fuerzas de centro izquierda que encarna la Concertación. Se han roto los silencios, todo es discutible, incluso el vetado tema tributario.



Pero, una vez abierto el dique, instalado el discurso por la igualdad y generado un espacio para debatir sobre formas, mecanismos, instrumentos y medidas que mejoran la justicia social en Chile, la competencia será de credibilidad, de confiabilidad. Nada indica que en estas materias algún candidato de la Alianza está en mejores condiciones que la candidata presidencial de la Concertación para hacer creíble la vocación de un gobierno por buscar mayor igualdad en la sociedad. Más bien, lo contrario en un Lavin que escribió libros elogiosos de los resultados económicos y sociales del régimen de Pinochet, o de Piñera que, dueño una gigantesca fortuna personal, encarna en sí mismo la imagen de la concentración de la riqueza que está detrás de nuestra alta inequidad distributiva.



Por contraste con ellos, la candidata de la Concertación no sólo es depositaria de los avances en la lucha contra la pobreza que han emprendido los sucesivos gobiernos de la Concertación, no sólo es la continuadora natural de las medidas anunciadas en el último mensaje presidencial -como el proyecto de subvenciones diferenciadas para apoyar a los sectores más vulnerables en la educación- sino que encarna en sí misma la lucha por la igualdad de oportunidades que todos anhelan, al ser una mujer, de clase media, sin relaciones personales y familiares que la vinculan con las elites y que, a partir de su esfuerzo, con un ingreso como el de cualquier profesional en Chile, ha sacado adelante a su familia, de la que es jefa de hogar.



Y una tercera consideración está asociada a los cambios de la sociedad chilena que, no obstante las desigualdades, ha ampliado sus espacios de libertad y los derechos ciudadanos. De allí que el reclamo por el reconocimiento de los méritos y el esfuerzo como factores de movilidad y progreso aparecen, ya no como parte de un discurso ideológico o de intelectuales, sino como exigencia de una sociedad que, más conciente de sus derechos, pide desterrar los privilegios que provienen del origen y del nivel socioeconómico. Postura que significa un rechazo a las elites en toda su expresión.



Lavin había logrado, desde la derecha, precisamente ese sello. Si bien heredero del autoritarismo, representaba ante la ciudadanía la imagen de un ciudadano cercano, con el que se puede compartir la biografía. Ese factor, que fue parte explicativa de su éxito, terminó por desaparecer cuando se vio involucrado activamente con los partidos de derecha de los cuales siempre intentó aparecer distante y que son parte de las elites del poder político y económico.



Piñera, aunque con valores democráticos, expresa en su propia persona -y más allá de su imagen moderna- el triunfo de las elites de siempre, de aquéllas que logran movilidad y progreso asociadas a su origen social y económico, a sus redes de influencia y poder, algo de lo que la inmensa mayoría de las personas carece y que, contrariamente, tan bien expresa el perfil de sus adherentes en las encuestas, pertenecientes a los sectores de más altos ingresos del país.



Frente a esta participación de las elites que se reproducen en el sistema político y en la apropiación de la riqueza y que aparecen representadas en los dos candidatos de la derecha, crece la credibilidad de la candidata de la Concertación como se refleja en el apoyo transversal de electores de todos los colores políticos y sociales, especialmente de los amplios sectores medios y populares del país.



No es la sonrisa fácil, el lenguaje simple o la apariencia sencilla que todos destacan en Bachelet -y que es parte innegable de sus atributos- su mejor carta de presentación, es la empatía que despierta alguien que, gracias a sus méritos y esfuerzos, pudo alcanzar metas y progresar. Que se impuso al peso del dinero, a las lógicas de los partidos y a sus mecanismos de reproducción del poder. Si ella pudo, entonces Chile puede ser una tierra de oportunidades para todos sus hijos.



Me atrevo a decir que, más que la batalla de las ideas, es la credibilidad sobre su veracidad y viabilidad la que definirá las preferencias electorales.





Clarisa Hardy. Directora Ejecutiva de Fundación Chile 21.


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