¿De qué igualdad hablamos? - El Mostrador

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¿De qué igualdad hablamos?

por 24 junio, 2005

Profusión de seminarios para abordar las desigualdades en Chile en presencia de diversos auditorios, algunos de los cuales representan casi la totalidad del PIB nacional. Frases de campaña y propuestas de equidad en las candidaturas de derecha, compitiendo con las que exhiben la Concertación e izquierda extraparlamentaria. Declaraciones de los obispos apelando moralmente ante el escándalo de la distribución del ingreso citadas profusamente en la prensa, incluido un diario que concentra más de la mitad del total del avisaje que las empresas privadas colocan en los medios escritos.



Ya no sólo la pobreza irrumpe para ganar espacio en la conciencia ciudadana, también la desigualdad y, quien más, quien menos, todos la declaran el mal nacional a combatir. Que la educación, que la microempresa, que la capacitación de los trabajadores, que la protección social, que los impuestos, son las respuestas que surgen y debaten académicos, expertos y políticos. Y como en un juego de poker, a tu educación, a tu apoyo a las Pymes, a tus medidas tributarias, se ofrecen dos más.



Y mientras al calor de la campaña presidencial la equidad adquiere prioridad discursiva y mediática, la vida cotidiana transcurre con todas sus expresiones de desigualdad socialmente toleradas, como parte de un paisaje natural.



El jefe de prensa de un canal quien es, además, el rostro más creíble de la televisión chilena según las encuestas de opinión, se siente cómodo declarando la inconveniencia de incorporar a una mujer en el elenco de panelistas de un programa de análisis político dominical que ha dedicado, más de una de sus largas sesiones, a analizar las injustas desigualdades chilenas.



La lectura de diarios del cualquier fin de semana nos confronta a numerosos avisos de empleo en que se especifican requisitos de edad, aspecto físico y sexo de los postulantes a diversos puestos de trabajo, con la consabida frase "los antecedentes no serán considerados si no cumple con estos requisitos".



Un laureado poeta manifiesta en un programa nocturno de televisión que se ha quedado sin candidato después que Moulian declinó ser presidenciable y es premiado por la conductora del programa con unas plumas rosadas por su sensibilidad y honestidad, mientras una mujer casi desnuda, en un negligé rojo, le pasea sus abundantes pechos por la cara. Él exhibe su talento -eso dice al menos el premio nacional de literatura que alguna vez ganó-, ella su cuerpo.



Un alto funcionario público de supuesta adhesión concertacionista, en misión oficial en el exterior y en presencia de empresarios chilenos que han viajado con él y ante un centenar de empresarios nipones, declara -según recoge la nota de una revista- que "en Chile hasta los rotos tienen auto".



Un agricultor del sur, en medio de la desoladora foto de su propiedad destruida y aún con huellas en el rostro por el brutal e inaceptable atentado del que fue víctima con su esposa, en una entrevista que le hace la misma revista, a la pregunta de si está de acuerdo en entregar territorios a los mapuches, responde, "pero si no es posible. Va a ser una miseria absoluta, porque ellos no trabajan. No se va a resolver el problema, no van a dejar de ser miserables", complementando con otra respuesta a renglón seguido "el indio no ha trabajado nunca. El mapuche es un depredador, vive de lo que aporta la naturaleza, no tiene capacidad intelectual, no tiene voluntad, no tiene medios económicos, no tiene insumos, no tiene nada".



Estos hechos ocurren un par de semanas después del primer aniversario en que una jueza perdiera la tuición de sus hijos pequeños por ser lesbiana, aunque se le castiga, no por el hecho de serlo, sino por asumirlo abiertamente y convivir con su pareja mujer.



Y mientras revisamos los últimos ensayos escritos sobre el papel de la educación en la igualación de las oportunidades y tenemos a los estudiantes universitarios y secundarios movilizados en las calles o con tomas de establecimientos, tenemos presente el estudio de un destacado académico economista que demuestra cómo, todavía hoy, los apellidos y la comuna de origen explican las diferencias de hasta un tercio en las remuneraciones de los jóvenes profesionales que egresan de la misma universidad, de la misma carrera y con rendimientos académicos comparables.



Amparado en la igualdad de oportunidades se defiende el derecho de los empresarios para dedicarse a la política e incluso optar a la presidencia del país. Pero se elude explicar cómo hacer consistente y creíble el discurso y la prioridad de la igualdad con el hecho de que Chile pueda ser presidido por alguien que tiene una de las más grandes fortunas en un país que -siendo parte del continente más desigual del mundo según lo informan los inobjetables estudios de organismos internacionales- es el cuarto país latinoamericano que tiene la más alta concentración de la riqueza en un reducido grupo de la población y al cual pertenece el mencionado candidato presidencial, quien integra el selecto club del uno por ciento más rico de la sociedad.







Clarisa Hardy. Directora Ejecutiva. Fundación Chile 21.


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