Chile: ¿un modelo ejemplar dentro del concierto latinoamericano? - El Mostrador

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Chile: ¿un modelo ejemplar dentro del concierto latinoamericano?

por 25 junio, 2005

Usualmente se escucha que Chile representa un modelo para América Latina. Instituciones internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional han indicado en más de alguna ocasión que nuestro país ha hecho las cosas bien. Y sin duda alguna hay una serie de logros, tales como un sostenido crecimiento económico, una baja inflación y una disminución de la pobreza absoluta.



Ahora bien, ¿esta percepción de un Chile exitoso es compartida por toda la población o se trata más bien de una imagen propia de las elites? Si bien los ciudadanos se dan cuenta y valoran los cambios que ha vivido el país, también es cierto que hay una opinión muy desigual respecto al rumbo que la sociedad ha venido adquiriendo. Los estudios del PNUD en Chile indican que la mitad población se siente como perdedora antes que como ganadora, así como también el 59% de los chilenos opina que al mirar los cambios del país es más lo que se ha perdido que lo que se ha ganado.



Entonces la idea de un Chile exitoso no es compartida por todos los ciudadanos. Sucede más bien que gran parte de las elites del país se maravillan con las transformaciones materiales del último tiempo, como si el desarrollo fuera tan sólo una cuestión de nuevos aeropuertos (privados), carreteras (con telepeajes) o modernos templos del consumo (malls). Pero más allá de esta mirada triunfalista, hay que notar que el crecimiento económico del país no ha ido de la mano con una disminución de las brechas sociales. Ha subido el estándar de vida para todos en la misma medida, de modo que la distancia social entre unos y otros sigue permaneciendo intacta.



La imagen ejemplar de Chile radica en un modelo de desarrollo que ha generado crecimiento, pero que ha resultado incapaz de morigerar las desigualdades sociales. Sin embargo, cotidianamente se escucha en la televisión o se lee en los diarios nacionales las bondades del modelo chileno. Baja el desempleo, sube la inversión, llegan capitales extranjeros, disminuye del riesgo país; frases como estas inundan el espacio de la opinión pública. ¿Pero cuán seguido se escucha que Chile es el país con la décima peor distribución del ingreso del mundo? ¿Cuántas veces se menciona que sólo la mitad de la población con derecho a voto acude a las urnas? ¿Hasta qué punto es sabido que Chile presenta uno de los índices más bajos de adhesión a la democracia en América Latina?



Estamos entonces frente a un fenómeno extraño: por una parte, se defiende a viva voz las bondades del modelo chileno y, por otra parte, gran parte de la población siente un malestar social producto de la falta de igualdad de oportunidades. Algo no funciona bien con la democracia chilena. Se supone que esta forma de gobierno permite que el conjunto de la sociedad y no sólo un pequeño grupo determine el devenir nacional. No obstante, la situación real es que un reducido grupo privilegiado mantiene sus cuotas de poder y está convencido de que en Chile 'las instituciones funcionan' a la perfección.



¿Qué pasó la última vez que el país vivió una crisis económica? En aquel entonces hubo elecciones presidenciales y el malestar ciudadano fue canalizado por un discurso neopopulista que es bastante poco compatible con una democracia ejemplar. La legitimidad del sistema político parece descansar entonces en los logros de la economía y no en el desempeño de instituciones propias de la democracia como los partidos o el parlamento (de hecho, da lástima ver sus índices). Y cómo en el último tiempo la economía va en alza, el fantasma del neopopulismo se ha ido a dormir por un rato.



La democracia chilena no sólo es anómala por sus amarres autoritarios, sino que además es defectuosa porque sus representantes suelen pecar de una soberbia inescrupulosa. Mientras la elite política francesa tuvo recientemente la valentía de someter a escrutinio la nueva constitución europea, dentro de la clase política chilena no existió ninguna sola voz que acaso planteara la necesidad de hacer un referéndum sobre los tratados de libre comercio con Estados Unidos o Europa.



Esto resulta natural en nuestro país, ya que las elites saben lo que hacen, mientras que la ciudadanía -supuestamente- no cuenta con las herramientas para evaluar lo que es bueno o malo para el desarrollo de la nación.



Por otra parte, Chile se podrá jactar de muchos avances, pero no de contar con una sociedad activa y demandante. Los ciudadanos del país no ejercen una defensa de sus derechos y tienen poca conciencia de ellos. La capacidad de movilizar a la población para obtener cambios sociales es prácticamente nula, pese a que esta no está necesariamente conforme con el devenir del país.



Lo que Chile ha logrado en el último tiempo es una modernización económica de proporciones, la cual en todo caso no ha permitido disminuir las diferencias sociales ni establecer un modelo de desarrollo sustentable. Muchas elites dentro y fuera del país podrán estar satisfechas con esto. Pero de ahí a plantear que este modelo es ejemplar dentro del concierto latinoamericano, sea quizás mucha arrogancia.



Sin ir muy lejos de nuestras fronteras, un país como Brasil ha logrado avances similares a los nuestros y mantiene también problemas semejantes. Sin embargo, Brasil cuenta con un Presidente proveniente del mundo sindical y de un origen social humilde. Hasta donde yo sé, Chile no cuenta con ningún político de relevancia que presente un historial de vida similar. Y es que eso en nuestro país resulta imposible, puesto que aquí la igualdad de oportunidades no es más que una declaración de buenas intenciones.





Cristóbal Rovira Kaltwasser. Estudiante de Doctorado Humboldt-Universität Berlin (cristobal.rovira.kaltwasser@student.hu-berlin.de).

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