Los partidos políticos, ¿para qué sirven? - El Mostrador

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Los partidos políticos, ¿para qué sirven?

por 12 julio, 2005

Para nadie es un misterio que los partidos políticos son la institución política menos legitimada del momento. Comparten el dudoso honor con diputados y senadores. Es tan mala la situación que no es raro que incluso los aspirantes a cargos políticos y destacados militantes partidarios hablen mal de ellos. Según esta visión no servirían para nada, pesarían menos que un "paquete de palomitas" o valdrían muy poco. Sólo serían fuente de reyertas internas por cargos de poder o constante medio de presión en la lucha por acceso a cargos públicos.



Sin embargo, constatemos que no hay ninguna democracia consolidada en el mundo que no cuente con un sistema de partidos políticos institucionalizado. Cuando ello falta, vienen las zozobras democráticas. Es más, si Chile constituye una excepción en el cuadro regional es porque hemos contado, comparativamente hablando, con un sólido sistema de partidos políticos. Desde los inicios de la república supimos institucionalizar un sistema de competencia entre liberales y conservadores, al cual se fueron agregando radicales, demócratas, socialistas, comunistas y demócratas cristianos. Sólo pueden decir lo mismo Uruguay y Costa Rica.



Lamentablemente en los últimos quince años han saltado por los aires los sistemas de partidos políticos en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Argentina. Gruesos procesos de atomización política se viven en Bolivia. Con el ascenso del Partido de los Trabajadores, Brasil estaba saliendo del cuadro negativo. Pero hoy, con los escándalos de corrupción, se amenaza con volver a fojas cero. Esta crisis partidista es causa y efecto de los graves procesos de gobernabilidad que viven las sociedades latinoamericanas.



De esta constatación empírica pasemos a analizar las razones por las cuales democracias sólidas requieren de sólidos partidos políticos, democráticos por cierto. Los partidos, sin romanticismo ninguno, son definidos como "cualquier grupo político que se presenta a elecciones y que puede colocar mediante ellas a sus candidatos en cargos públicos". Es decir, su objetivo central es la búsqueda del poder, mediante posesión de cargos formales en el gobierno del sistema político. Para ello recurren a un método que es esencialmente pacífico y cívico: las elecciones competitivas. Para ganarlas, los partidos deben ser canales de comunicación: entre la sociedad y el Estado. Deben escuchar a la sociedad, sirviendo de canal de expresión de ellas, y canalizar sus demandas transformándolas en propuestas globales y programáticas.



Por cierto los partidos son los que realizan el reclutamiento del sistema político, es decir llenan los cargos en los sistemas políticos. ¿Cuántos independientes conocemos en el Congreso o en el Poder Ejecutivo central, regional o local? Por eso los chilenos señalan que son las décimo tercera organización más poderosa de Chile.



Para muchos los partidos dividen a la gente. Lo que hacen es lo contrario. En el caso chileno, organizan la caótica voluntad popular de ocho millones de ciudadanos uniéndola en cinco o seis grandes corrientes de opinión. No más. Otros alegan que los partidos políticos manipulan y le mienten a la gente cada cuatro años, para las elecciones. No rebatiré este punto sabedor del prejuicio de los chilenos, pero sólo apuntaré que los dirigentes políticos que se presentan a elecciones son los únicos miembros de la elite dirigente de Chile cuyo poder depende del pueblo y salen a buscarlos ¿Alguien ha visto a un general, a un gerente de una gran empresa o al dueño de un canal de televisión haciendo un "casa a casa", en búsqueda del esquivo voto ciudadano? Y ellos sí que tienen poder y toman decisiones que nos afectan a todos.



No quiero alegar que los miembros de partidos políticos seamos por estas épocas electorales una suerte de "San Francisco de Asis o Sor Teresa de Calcuta" recorriendo las poblaciones y barrios. Para nada. He militado más de veinte años en un partido y sé de lo que estoy hablando. Sólo constatar que como los partidos saben que para tener poder deben ganar elecciones, salen a buscar el apoyo del más humilde de los ciudadanos sino que además su tarea es nada menos que representar a más de la mitad de los chilenos, si de ganar elecciones se trata. Y para eso debemos presentar propuestas que unan al de Arica con el de Punta Arenas, al empresario con el trabajador, al protestante con el católico, al joven como al de la tercera edad, a la mujer como al hombre, al mestizo del indígena.



Los partidos dan profundidad geográfica a las políticas públicas. Pues si el sistema nacional de partidos políticos se fragmenta, aparece el regionalismo separatista en Santa Cruz de Bolivia. Los partidos políticos dan estabilidad en el tiempo a las grandes tareas del Estado, pues cuando se va Fujimori, Perú parece partir de cero en todo. Los partidos políticos controlan al Ejecutivo, a través del Congreso Nacional y la opinión pública. Pregúntele a todo Presidente de Chile si eso no es así. Los partidos políticos ayudan a organizar la sociedad civil chilena, que sin el aporte de ella difícilmente hubiese generado sindicatos, juntas de vecinos o federaciones estudiantiles.



Así como el espíritu requiere del lenguaje para poder expresarse, las democracias requieren de partidos políticos para vivir. Si los defiendo es porque aún sin vergüenza milito en uno y entre tanta crítica, bien vale la pena escribir aunque sea un artículo en su defensa.




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