Reflexiones sobre la democracia - El Mostrador

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Reflexiones sobre la democracia

por 29 julio, 2005

Democracia es una palabra polisémica y de usos variados, válida para un barrido y un fregado pues tras el nombre a veces se esconde tanto una dictadura como una semi democracia, tanto una democracia representativa como una participativa. Conviene pues preguntarse: ¿cuál es el elemento esencial del fenómeno que se denomina democracia?



La definición que propongo es antigua pero hoy día se ha vuelto anacrónica. Eso la hace poco convencional, por lo menos para este tiempo. La democracia es la resultante de la politización de las luchas sociales por parte de sujetos que se plantean la pregunta sobre la justicia social y las maneras de construir el porvenir en esa dirección, poniendo en tensión y en jaque, como consecuencia de su proyecto, los ordenes económicos sociales instaurados, sean del capitalismo neoliberal o socialdemócrata, sea del socialismo.



La democracia es el cuestionamiento que la política hace a la sociedad a través de la exigencia sobre la igualdad. Eso significa que la libertad no es la finalidad de la democracia pues ella es la justicia social. Pero es su condición, pues constituye una necesidad de la lucha por esa justicia social.



Esta lucha siempre conduce al enfrentamiento con los empresarios, tecnócratas o burócratas de la economía, con los ideólogos del libre mercado o de la planificación centralizada, interesados por el lucro o la eficiencia mucho más que por la repartición equitativa de la escasez, no solo en los estados naciones sino en el sistema mundo. Puesto que la democracia se realiza en la lucha, su modo de existir debe ser la libertad aunque ésta no sea su fin.



La democracia tal como está definida en estas líneas es una forma de sociedad. Va mucho más allá de un sistema político, aunque requiera de éste. Pero ¿cuál sistema? Uno que proporcione plena libertad para la lucha por la justicia social no uno que atrofie esa lucha, por supuesto que para cualquiera de los adversarios. Esa equidad en la lucha es una condición de existencia de la justicia social. Este es un valor y no una verdad. Como tal vive en cuanto se valoriza, en cuanto se expande como deseo del pueblo, en cuanto se hace hegemónico, se instala como exigencia de humanidad.



La justicia social no exige que los defensores del capitalismo (o del socialismo si fuera ese el orden) estén privados de sus medios de lucha pues ella se despliega en cuanto valor por su capacidad de convencimiento y movilización de aquellos para los cuales la justicia social es un bien.



La democracia como forma de sociedad es un concepto límite, como Bloch decía del comunismo. La democratización es una batalla constante y no avanza necesariamente hacia adelante, tiene idas y venidas. La historia ha demostrado que no se puede confiar en la necesidad histórica, como en los tiempos de la creencia en el progreso.



La democratización del capitalismo plantea problemas distintos que la del socialismo. En esta última el tema es concebir la justicia social como producción de la libertad, de la lucha por la igualdad y no como mero bienestar que provee el sistema de forma automática. En el capitalismo, en especial en el neoliberal, se trata de combatir las tendencias inherentes a la concentración de propiedad e ingresos que introduce la orientación hacia el lucro, de obligar al sistema a tomar en cuenta las necesidades humanas, no subordinándolas a la ganancia y de impedir que la libertad se convierta en una abstracción despojada de posibles efectos materiales provenientes del uso político de esa libertad.



El capitalismo contemporáneo, más aun que el existente desde la segunda posguerra hasta la década del 70 del siglo XX, concibe dos niveles de libertad. Una es la privilegiada, la sacrosanta "libre iniciativa privada"; la otra es la subordinada, la que debe estar sujeta a la racionalidad macroeconómica (del capital) y a la subjetividad del empresariado. Ella es la capacidad de organización de los trabajadores, la cual se adelgaza al máximo, se coarta de manera legal o ilegal. El deseo del empresario capitalista neoliberal es entenderse con trabajadores individuos, no vinculados a ningún colectivo, que sean sus marionetas.



La política de la democracia va más allá del concepto restringido de democracia política, entendido como elecciones, separación de poderes, funcionamiento del parlamento. No solo ese tipo de sistema no le es suficiente y aspira a más, a una democracia política participativa, además rechaza que pueda hablarse de democracia cuando no progresa la lucha contra la desigualdad material.



Debe recuperarse la distinción entre democracia formal y sustantiva, pero despojada de cualquier desvalorización de los procedimientos. Vale la pena señalar que estos tienen también un sentido sustantivo, pues cualquier conjunto de reglas no es democrático, como bien lo demuestra la Constitución del 80. Pero, además, la democracia debe tener una potencial sustantividad material, lo que quiere decir crear condiciones y oportunidades para la lucha por la igualdad.



Esa potencialidad no puede quedarme en el discurso, debe abrirse paso, no puede ser (como en esta transición) un permanente futuro. De ser así el sistema se convierte en un perfeccionado instrumento de apaciguamiento y dominio de los subordinados, en un gran simulacro.





*Tomás Moulian. Rector de la Universidad ARCIS.

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