Ä„Perdón! Lo confundimos con un terrorista… - El Mostrador

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Ä„Perdón! Lo confundimos con un terrorista...

por 1 agosto, 2005

Los atentados en Londres que impactaron al mundo entero en las últimas semanas han iniciado una reacción de violencia en cadena, a tal punto que están a punto de perderse todos los puntos de referencia sobre los conceptos de justicia y libertad.

Casi una semana después de los hechos, la prensa europea sigue dedicando tinta y muestras de preocupación al "error" cometido por policías de Scotland Yard en el metro de Londres el viernes 22 de julio. La víctima, en este caso, era un electricista brasileño de 27 años, quien había vivido legalmente en la capital británica por tres años y tomaba el metro cada mañana para ir a su trabajo, como la mayoría de nosotros. Aparentemente, su ropa y su manera de caminar le parecieron sospechosas a los policías, así que lo persiguieron, y para quedarse tranquilos le dispararon cinco balas -un número que la agencia británica Press Association subió a ocho- en la cabeza cuando trataba de subir al tren.



Cuando escuché esa noticia, me acordé de un incidente que había presenciado el año pasado en la pequeña localidad estadounidense de Muncie, Indiana, enfocada en una universidad de 20.000 estudiantes y un par de empresas locales. Muncie se encuentra en una posición atractiva al límite del "corn belt" (sector de cultivo del maíz) y del "Bible belt" (sector de cultivo de la religión en todas sus formas).



Un sábado en la noche, un estudiante volvió a su casa con harta cerveza en el organismo y, medio mareado, trató de abrir por error la puerta de la vecina, quien llamó inmediatamente a la policía alegando que estaba víctima de un asalto. Un par de minutos después, el pobre borracho tenía que renunciar a su carrera universitaria recién empezada, con tres balas en la cabeza y dos en el pecho. Al comentar ese triste asunto con estudiantes de la carrera de justicia criminal de esa misma universidad, aprendí que cuando practicaban tiros de entrenamiento, lograban el mayor puntaje por disparos en la cabeza, y el más bajo por disparos en las piernas o los brazosÂ…



La consigna que se les dio a los policías de Scotland Yard frente a supuestos kamikazes es "shoot to kill" (disparar para matar). Esta vez, como en el caso del estudiante borracho quién, efectivamente, se había equivocado de casa, se trataba de un tipo común y corriente quien, efectivamente, llevaba una mochila con efectos personales y no explosivos. En ambos casos, las autoridades implicadas quedaron limpias al presentar sus disculpas a la familia de la víctima y reconocer públicamente su equivocación.



Interesante me pareció el comentario de Sir Ian Blair, comisario jefe de Scotland Yard, quien admitió, ya que no le quedaba otra, que se trataba de "un error trágico", pero justificó de manera implacable esa política de "disparar para matar": un disparo en el pecho haría reventar la supuesta bomba, probablemente en la mochila del supuesto kamikaze, y en cualquier otra parte del cuerpo les daría al supuesto kamikaze el tiempo de activar la supuesta bomba. En conclusión, explicó imperturbable Ian Blair, la única manera de neutralizar el supuesto terrorista sin hacer reventar la supuesta bomba es disparar en la cabeza.

Y más extraordinaria todavía fue la reacción de Lord Stevens, predecesor de Blair en el mismo cargo, quien declaró que sería un "error fatal" poner en tela de juicio esa política nueva de "matar para proteger a inocentes", un sistema que él mismo había instaurado, basándose en los métodos de prevención de atentados suicidas utilizados en Israel. Concluyó opinando que esos principios le parecían "justos, a pesar del riesgo de error".



Entramos ahí en un terreno bastante resbaloso, que el diario Le Monde destacó en su edición del 25 de julio: "Ese error hizo surgir de nuevo el antiguo debate sobre la dificultad de conciliar la garantía de la seguridad colectiva y el respecto de la libertad individual. Ese dilema, con el cual todas las democracias se encuentran confrontadas en períodos de crisis, siempre ha sido percibido de manera aún más aguda en Inglaterra, país del habeas corpus, en el cual la conciencia de los derechos individuales queda sumamente fuerte".



En este caso, Scotland Yard no tenía certidumbre de una conexión entre el brasileño y las dos olas de atentados en la capital británica, sino un "cuadro común" (barrio de residencia, horarios, vestimenta, etc.). ¿Será suficiente una evidencia tan tenue para justificar la decisión de destruir a una víctima equivocada?



Sylvie Moulin. Académica, cronista y coreógrafa.

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