Chile ni da - El Mostrador

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Chile ni da

por 31 agosto, 2005

Estaba sumamente intrigado por saber qué es la chilenidad, porque si tengo que celebrarla hasta curarme y/o terminar intoxicado de empanadas, lo mínimo es saber en qué consiste. Después de algunas averiguaciones no solamente seguí intrigado, sino que pasé al estado de sospecha. Me preguntaba: si la chilenidad es lo mismo que Chile ¿Para qué entonces se le llama fiesta de la chilenidad al aniversario nacional y no la fiesta de Chile o del dieciocho como ha sido toda la vida? ¿También existirá la argentinidad, la colombianidad, la guatemaltequidad? Movido por mis sospechas, estudié un poco más a fondo el tema.



La chilenidad es una cosa que limita al norte con Cachagua y al sur con Pucón, all inclusive. Sus entusiastas promotores dicen que la chilenidad nació porque se estaban perdiendo las tradiciones, así que todos los años se dedican a recuperarlas. Parece que este esfuerzo no ha dado muchos frutos porque al año siguiente vuelven a intentar recuperarlas. La chilenidad tiene unos personajes muy variados. Algunos son del campo, como el huaso y la china. Otros son del medio urbano, y cada año va creciendo la lista de tipos que no tienen ni idea lo importante que son para el país: el cantante de las micros, al que ahora se agrega el sapo de las ídems, amenazado de extinción por el Transantiago; los diareros, los motehuesilleros, los organilleros, los afila cuchillos, los pica ensaladas, los sopaipilleros y los charlatanes. El Mercurio dijo el año pasado que también hay que agregar a las minas de los cafés con piernas. La diferencia entre estos personajes de la ciudad y los del campo es que los primeros son de carne y hueso y uno los ve en las calles mientras que el huaso y la china no existen, son de mentira. Cualquiera puede hacer un viaje a un lugar típico de la chilenidad como Rancagua, y, de seguro que no encuentra una china por ninguna parte. Las mujeres, amas de casa, temporeras, vendedoras, solteras y casadas, andan con la guata al aire, algunas con tatuajes en cualquier parte y usan zapatillas nikes. Y el huaso es un personaje que queda descartado de antemano del paisaje típico chileno primero porque su traje te cuesta el riñon izquierdo, su sombrero y chaqueta no son chilenos sino de Cordova, España, y su caballo cuesta el otro riñon. O sea, un cuico travestido.



La cumbre de la chilenidad es la parada militar del 19 de septiembre. Se inicia ésta con unos jinetes que brindan con el Presidente con un cacho de chicha. El resto del año toman whisky, pero ese día les da por tomar chicha. (La chicha y el cola de mono son dos tragos chilenos que los chilenos no toman nunca salvo cuando van a cometer la irresponsabilidad de gastarse todo el sueldo en fondas o regalos de navidad. Como son tan malos no se exportan a ninguna parte). Además, le pasan a su Excelencia un cacho para que beba, pero nadie sabe todavía de donde se ha inventado ese cuento de tomar en cacho. Aparte de asqueroso, porque no hay como limpiar el fondo, una vez que lo vacías no hay manera de dejarlo parado en la mesa.



Luego, la parada militar continúa con el desfile de los "pueblos originarios de nuestra geografía" representados por mapuches, aymaras y pascuenses que son mostrados por la tele como si fueran marcianos para que los niños conozcan lo que hay en Chile, y uno se pregunta ¿porqué tienen que desfilar las etnias y no los pobladores de la Legua, los alemanes de Puerto Varas, o, incluso los cuicos de La Dehesa?



Me he informado que el golpe de Estado de 1973 se dio para recuperar la chilenidad, con lo que deduzco que ella no debe ser muy atractiva si a la gente se le obliga a patadas a que la practique. Los franquistas en España hicieron algo similar cuando inventaron la hispanidad, hasta que llegó la democracia y puso las cosas en su lugar. Parece que hay gente que le encanta crear algo en lo que no pueden entrar todos. Por ahí anda un candidato a senador enarbolando la bandera de la cristiandad.



Mis sospechas se han confirmado. Nos quieren vender chilenidad porque parece que Chile abarca a demasiada gente, incluyendo sindicalistas, pelucones y marihuaneros. Hasta gays. Mientras que en la chilenidad todo es como una especie de Truman Show: una loma con fondo de cordillera nevada por donde asoma el sol de la mañana y se perfila la silueta de un campesino complaciente que sujeta las bridas del caballo corralero para un apuesto jinete, de sombrero ladeado, de cuyas espuelas refulge un reflejo del sol mientras se oyen los sones de una tonada de Los Huasos Quincheros, haciendo oes con sus jetas como si fueran negros del Harlem.



Yo, prefiero a Chile.





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Enrique Sepúlveda es abogado

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