Ä„Sálvese el que tenga! - El Mostrador

sábado, 21 de abril de 2018 Actualizado a las 22:15

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Ä„Sálvese el que tenga!

por 11 octubre, 2005

Todavía uno no puede dejar de sorprenderse de la forma en que se enfrentó en Nueva Orleáns el huracán Katrina: se solicitó a la gente evacuar la ciudad. Lo cual podría parecer lógico ante la magnitud prevista del desastre. Salvo que —en la ceguera de quien piensa que su propia situación es la de todos los demás— olvidaron un detallito: sólo podrían irse los dueños de vehículos o quienes podían pagar su transporte y tenían el dinero suficiente para alojarse y mantenerse en el lugar de destino. Parecía no existir el Estado y todo ello en una ciudad caracterizada por su alto nivel de pobreza.



Se entiende entonces la "porfía" de los que no se fueron. Más allá de quedarse a cuidar sus pertenencias, sencillamente no pudieron huir por no poseer los medios ni el dinero. Por ser pobres. Sólo después de cuatro días las autoridades enviaron tropas. Pero, no para ayudarlos; sino con la orden de disparar a matar para resguardar las propiedades de los "saqueos" de los hambrientos... ¿Podía haber sido de otra forma? Por supuesto. No obstante, justamente quiero hacer notar lo sintomático que resulta en el Estados Unidos de los neoconservadores lo visto en Nueva Orleáns: un estado inactivo, pobres librados a su suerte y la propiedad definida como más importante que las personas.



Visto así, la situación me parece hasta obvia dentro del contexto neoliberal. Durante sus mandatos George W. Bush no ha hecho más que llevar a su término lógico el proyecto implementado primeramente por Ronald Reagan a principios de los '80: menos estado y cuidar a los ricos (¿Le suena?). Desde esa época que las sucesivas administraciones —incluida la de Clinton— han tomado medidas políticas para minimizar al estado y económicas para favorecer a los poseedores de capital.



Dichas medidas obviamente han redundado en el aumento de la desigualdad. Mientras una élite se ha enriquecido cada vez más, de forma progresiva se ha pauperizado la clase media y ha aumentado el número de pobres. Por eso, a estas alturas no nos podemos sorprender del "Ä„sálvese el que tenga!" de Nueva Orleáns. Como en el Titanic, los botes salvavidas son exclusivamente para quienes pagaron boleto de primera clase.



Y en Chile, ¿qué nota sacamos en un examen de igualdad? La fragilidad de la memoria en nuestro país de nuevo obliga a recordar que, incluso antes de Reagan, el neoliberalismo radical de Milton Friedmann fue materializado en Chile por Pinochet. Aunque pareciera decepcionar cada vez a menos personas, la Concertación terminó celebrando ese "acierto" del "gobierno militar" (nombre de la dictadura cuando el oficialismo le hace un reconocimiento) y mantuvo el modelo. Pero, nos aclaran con firmeza, con un "acento social". Evidente dicho énfasis si son una coalición de centroizquierda y, con mayor razón, si el actual mandatario pertenece a su sector progresista (Ä„si hasta canta la Internacional en los velorios!).



Sin embargo, frente a la demagogia de los tecnócratas neoliberales, las "objetivas" cifras —su argumento preferido— los contradicen. El descaro de la UDI acusando a la Concertación de gobernar para los ricos, no desmiente la veracidad del hecho. Ante altos niveles de inversión y altas tasas de crecimiento de la economía, como los pobres en Nueva Orleáns, la porfiada realidad sigue ahí. Ahora fue el Banco Mundial, una entidad de irreprochable carácter "técnico", el que situó a Chile como la décimo sexta nación (entre 127) más desigual en su distribución del ingreso.



Paradójicamente, un país donde todos estos años se ha negado lo evidente, donde se han ignorado las denuncias y desacreditado las opiniones críticas, recibió un choque de realidad nada menos que del Banco Mundial. Vaya ironía: los tecnócratas neoliberales de Washington demostraron que sus fieles aprendices chilenos mantienen un sistema donde una minoría se beneficia al nivel de países desarrollados, mientras a la mayoría se le distribuye como país africano.



Si uno lo piensa condescendientemente, puede llegar a ser casi comprensible la ceguera de quien cree —tal como ocurrió con la evacuación de Nueva Orleáns— que la situación es buena para todos porque al tener dinero siempre ha accedido a la educación, la salud, la vivienda o la recreación. Al considerar la burbuja en que vive ese tipo de gente, hasta se les puede entender si se extrañan cuando sale a colación la desigualdad en Chile.



Empero, ¿cómo explicar que santifique el modelo precisamente alguien sin acceso a la educación, la salud, la vivienda o la recreación?. Con franqueza, es admirable conseguir que a quienes les conviene más morirse que enfermarse, apoyen el sistema culpable de esa situación. De hecho, al considerar este tipo de posturas, uno finalmente termina preguntándose si en verdad la igualdad es un valor en nuestra cultura.



Si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, ¿nos merecemos los de la Concertación que han mantenido y fomentado un tipo de sociedad en la cual cada uno se salva a sí mismo y lo logra sólo si tiene dinero?, ¿que han mantenido y fomentado un tipo de sociedad que ha llegado a ser la décimo sexta nación más desigual del mundo? Si seguimos creyendo el discurso exitista de su actual administración al punto de respaldarla masivamente y hasta vamos a entregarles con toda probabilidad de nuevo la presidencia de la nación, parece que sí nos merecemos los gobiernos de la Concertación.



En todo caso, no se preocupe, con la mínima cobertura mediática que se le dio al ranking de desigualdad del Banco Mundial casi nadie debe saber que Chile ocupa un vergonzoso décimo sexto lugar. Además, a quién le va a importar si otro ranking (casualmente bastante más publicitado) dice que somos los primeros del mundo en manejo macroeconómico. Como lo probó el Banco Mundial, ese "buen" manejo nos está permitiendo avanzar inexorablemente hacia la igualdad. La alegría ya viene, porque vamos bien mañana mejor.


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