Bachelet : el poder de la gente - El Mostrador

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Bachelet : el poder de la gente

por 16 noviembre, 2005

Los resultados de la encuesta del CEP obligan a la Concertación a exhibir el enorme apoyo social que tiene Michelle Bachelet. A mostrar el poder de la gente que, de manera autónoma y silenciosa, la ungió hace meses como la candidata ideal para conducir una democracia renovada, en la cual el interés de la mayoría esté por encima de los intereses privados.



Chile es un país de adhesiones políticas férreas y de una gran racionalidad a la hora de ejercer el voto. Y aunque las elecciones son momentos de gran emotividad, en nuestra historia nacional son prácticamente inexistentes los casos en los cuales el electorado se haya dejado deslumbrar exclusivamente por la publicidad, la demagogia o el poder del dinero.



Porque. en su vocación democrática, el país tiene una desconfianza enorme frente al poder incontrarrestable, de cualquier origen que sea. Y expresa una necesidad imperiosa de que los candidatos manifiesten claramente sus valores y programas, para asentar un juicio sobre la coincidencia entre hechos y promesas.



Pero además, demanda respeto y cariño, pues entiende que las acciones de un gobierno no solamente deben crear desarrollo y riqueza sino también felicidad, aspecto que va mucho más allá de los simples valores monetarios de los negocios o la economía. La pregunta correcta a los candidatos de derecha no es cuántos empleos han creado, sino a cuánta gente han echado de sus trabajos para crear su riqueza.



Michelle Bachelet representa ese mundo conceptual y valórico fundado en la solidaridad, desde una estética política absolutamente pública y de servicio, que tiene el valor de las cosas que cuestan, que no se compran, que son experiencias de vida. Y que han encantado a la gente pues las sienten cercanas a sus vidas cotidianas.



Pero entre los defectos de nuestra democracia está el hecho de que la sociabilidad política sólo se produce como espectáculo de TV, o actos mediáticos que transforman a los adherentes políticos en simples espectadores, sin posibilidad de acción ni de intermediación con su candidato. A menos que expresamente, y ahora no se ha hecho, se tomen medidas para remediarlo.



Y en ese plano, Bachelet no está cómoda. Ese es un escenario propio de una elite política autorreferente y presuntuosa como la derecha, que tiene los medios y el dinero suficiente para controlar la teleacción y el marketing político. Que articula a sus adherentes en clubes privados, directorios de empresas, barrios exclusivos, recepciones de El Mercurio o requerimientos financieros a través de internet.



La sociabilidad política de Bachelet requiere un cara a cara con la gente, utilizando la calle y los mismos espacios públicos que la gente común usa para su recreación. Un cara a cara con sentido de comunidad, y no una versión contractualizada de un 'estoy contigo' que no tiene masa, ni calle ni epopeya.



Mientras para la derecha, la calle es apenas un lugar de tránsito entre su casa- mundo y sus clubes privados, para el progresismo es el espacio de lo público, donde se articulan los barrios, las comunas, la ciudad. Donde se expresa el alma de lo social. En la que está ese porcentaje de silencio que no alcanzan a captar las encuestas.



Para entenderlo y usarlo en una campaña se precisa de una convocatoria. De un sentido de presencia y movimiento. Una elección no es un espectáculo mediático que se mira por televisión. Es parte de un proyecto en el que la gente desea participar. Y aún están esperando, disciplinadamente en las esquinas de sus barrios, a que alguien los convoque a mostrar el poder de la gente.



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Santiago Escobar S. es cientista político.

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