Los ‘pecados’ de Bachelet - El Mostrador

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Los 'pecados' de Bachelet

por 27 noviembre, 2005

Hasta el hartazgo se ha insistido por parte de Lavín, Piñera y los secuaces de ambos en el ninguneo odioso en contra de Michelle Bachelet, y su supuesta falta de "estatura" para ejercer el cargo de Presidente de la República (que casi es un hecho ostentará, tras triunfar en diciembre o enero, inevitablemente). Nunca la clase política, cual más cual menos, había reaccionado con tanta inquina ante la arremetida de un outsider en las grandes ligas. Lamentablemente, fue desde las propias filas de la Concertación que este tipo de afirmaciones comenzaron, en un momento en que aún no se definía quién sería la abanderada del arco iris. En 1999, Ricardo Lagos debió soportar lo propio antes de arrasar en las primarias concertacionistas y, en este caso, los asedios a Bachelet han continuado por parte de los candidatos opositores.

Indiscutiblemente, Michelle Bachelet ha sido y es un fenómeno político como no se ha tenido antes. Su historia, características personales, origen y evolución política, dan cuenta de alguien que en pocos años se perfiló y se estableció en la arena como un actor relevante pero que no había cursado sus estudios, ni había realizado su práctica en las instituciones que la elite nacional ha establecido para que sus creaciones se formen y aprendan la materias que todo potencial estadista debe manejar. Es cierto que la elite tiene distintas categorías de escuelas: públicas, a las que asiste la mayoría; privadas, que se reservan para los descendientes puros de los prohombres, sin perjuicio de que todos los actores con el pelaje que posean, compartirán espacios, sea en el Congreso Nacional, en Ministerios o en la propia Moneda, sin dejar de mencionar que pueden cohabitar en algunos think thanks de primer nivel, lugar hasta el que algún "roto esforzado" puede llegar si logra destacarse lo suficiente como para ser admitido por la oligarquía local.

La tirria y el desprecio que en Lavín y Piñera despierta el exitoso desempeño de Michelle Bachelet, se nota cada vez que recurren al ningüneo, al que echan mano para intentar convencer de estar ellos mejor dotados para el ejercicio de la primera magistratura. Nunca, alguien que no cuenta con una carrera política tradicional y vinculada a la clase local se transformó en una amenaza tan real para esa elite que no admite a aquella (o a aquel) que no está vinculada a los grandes troncos familiares de las castas locales por cualquier tipo de lazo: Michelle Bachelet, viene a bastardear la impoluta tradición de relaciones y parentescos que se han venido transfiriendo el poder a lo largo de las décadas y siglos en nuestro país.



Porque más allá del continuismo -positivo- que pueda representar Bachelet, lo cierto es que a muchos les molesta su poca ascendencia sobre los clanes y grupúsculos tradicionales. Resulta así desagradable, para estos mismos, la naturalidad que la desborda y el hecho de llevar a cabo las labores propias de cualquier mujer separada y con hijos, que como ella lo señala, va al supermercado, traslada a sus retoños al colegio, etc. cosas que hará no sólo para la foto y el reportaje en alguna revista frívola, sino que corresponden a sus obligaciones corrientes. Por eso, en una sociedad tan acomplejada como la nuestra, los Piñera y los Lavín jamás aceptarán que alguien que no pertenece a aquel segmento de "gente como uno" les pretenda arrebatar lo que por tradición les debería corresponder. Finalmente, ambos, se sienten ungidos por la facticidad del poder de la derecha, para desempeñar el cargo, mientras que en una revisión pormenorizada sus méritos son tan bajos como las descalificaciones deleznables que profieren contra la candidata.



¿Quién puede darnos seguridad que Lavín y Piñera, con sus estudios en Estados Unidos (que Bachelet también posee, si es que se trata de un requisito sine qua non) tendrán la capacidad para ejercer adecuadamente la Presidencia del país? Del primero, sabemos con claridad que su desempeño en Santiago Centro fue catastrófico, que si no fuera por la pusilanimidad de Alcaíno, hace rato ya que éste último debió haber dicho que su antecesor le dejó una administración llena de cachos y hoyos financieros. No será de extrañar que cuando las elecciones hayan pasado y Lavín sea un cadáver que muestra los primeros signos de hedor, Alcaíno dirá, con toda claridad, que encontró la cagada en Santiago.



De Piñera, sólo sabemos que es un tiburón financiero, que su oportunismo es tan grande como su olfato mercantil y que históricamente -se supone- que fue una suerte de opositor sui generis de la dictadura, esto, desde que comenzó a repetir la letanía de que habría votado por el No en el plebiscito de 1988. Simultáneamente, su principal característica se posa entre aquellos que se enriquecieron (casualmente) durante la dictadura del innombrable. Por último, otro antecedente, es que en los avatares de la política contingente ha trabado una enemistad de alcances insospechados con Pablo Longueira, cuyas operaciones hicieron que el "osado" Piñera se bajara con el rabo entre las piernas de su candidatura por la V° Región Costa (con todo el histrionismo y carácter que supuestamente lo hacen "más capaz"), y que cual horma a su zapato, es dable suponer que será aquel quien dará cuenta de él, definitivamente, cualquier día de estos. Tanto es así, que no sería extraño que Longueira y la UDI prefieran votar por Bachelet en una segunda vuelta, antes que franquearle el paso a La Moneda a su enemigo histórico.



Como vemos, ambos son pájaros de cuentas, ambos tienen un historial de caídas y desempeños que bien nos podrían hacer dudar de estar mejor capacitados para el ejercicio del cargo al que aspiran y, por lo tanto, no están en pie de apuntar a Bachelet como la candidata con menos condiciones. De ahí que resulta agotador escucharlos echando mano a la misma majadería para tratar de alzarse por sobre los resultados que han alcanzado y que les siguen siendo mezquinos.



Otra de los pecados imperdonables que ostenta Bachelet es la de ser una sobreviviente de las políticas represivas de la dictadura. Habiendo formado parte de la familia militar, todos conocemos el trágico final que tuvo su Padre y la visita que ella y su Madre debieron realizar a Villa Grimaldi. Luego, debe salir al exilio y más tarde retornar con todo el peso de la reinserción, circunstancias en las cuales se aboca a ejercer su profesión de médico en beneficio de la salud de las víctimas de la dictadura.



Es indudable que durante todo ese tiempo y hasta aquel previo a ser designada Ministra de Salud del gobierno de Lagos, tuvo una actividad profesional y política más bien al margen de los espacios en que se mueve la elite local. Más tarde, aún teniendo una historia que habría explicado en ella cualquier posición revanchista, fue capaz de hacerse cargo del Ministerio de Defensa y mantener fluidas relaciones con los jefes de las Fuerzas Armadas.



Si aquello no es manifestación de un carácter templado y de una inteligencia capaz de sobreponerse a sus legítimos dolores para desarrollar una labor de Estado, no sé cómo habría que llamarlo, máxime cuando se trata de estar a la cabeza, administrativamente, de las instituciones que llevaron a cabo el golpe de 1973 y en cuyas filas estuvieron los responsables de las torturas y de la muerte de su padre. En esa condición, representa una parte incómoda de la historia reciente y que, además, incomoda a sus competidores por la capacidad de sobreponerse a sus heridas personales y continuar por un camino en que paulatinamente ha derivado hacia la actividad pública y el ejercicio de roles de alta complejidad que un hombre o una mujer de mediocre personalidad, como pretenden hacerla aparecer, jamás habría enfrentado.



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Patricio Córdova Rojas, ex presidente nacional de la Juventud Radical Socialdemócrata (pcordovar@hotmail.com).

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