¿Qué tipo de liderazgo necesita Chile? - El Mostrador

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¿Qué tipo de liderazgo necesita Chile?

por 9 enero, 2006

Uno de los grandes logros del gobierno de Ricardo Lagos es haber conducido al país a una normalidad definitiva.



Esta normalidad se traduce de manera visible en los éxitos económicos y en la fuerte integración de Chile al mundo, dado que para alcanzar el desarrollo, no hay más alternativa que la integración activa en la economía mundial.



Pero la normalidad se manifiesta especialmente en la consolidación de las instituciones, en la reforma a la carta fundamental, en el regreso definitivo de los militares a sus labores profesionales y en las primeras señales de una nueva cultura política de mayor representatividad.



Sin embargo, uno de los éxitos aparentemente no relacionados con la gestión del gobierno, pero de gran importancia para el desarrollo del país, es el haber creado un ambiente político apto para una renovación de los liderazgos en la derecha.



Esto significa que -por primera vez desde la vuelta a la democracia- compite en la segunda vuelta presidencial con la candidata de la Concertación, un líder de la centro derecha de claras credenciales democráticas.



Los desafíos futuros



Despejada esta cuestión central, la pregunta es cuál de los liderazgos en carrera representa mejor los desafíos de modernización que enfrenta el país, que en un sentido general, consisten en acortar la brecha de las desigualdades, mejorar la participación y la inclusión social, hacer más efectivo y transparente el funcionamiento de la democracia, y desarrollar la competitividad de la economía mejorando la calidad y el acceso a la educación.



En una fase de umbral al desarrollo la tarea es alcanzar estandares de las economías y las sociedades más desarrolladas.



Sebastián Piñera



Al contrario de lo que podrían suponer algunos que ven en Piñera -con razón-, al emprendedor, él no representa el liderazgo moderno que el país necesita. Su liderazgo es de tipo vertical, conflictivo y excluyente, no participativo.



¿Cuántos enemigos tiene Piñera en su propio campo, en el mundo empresarial y político, que han experimentado su poca fiabilidad?

Piñera es un líder que no sabe ni quiere escuchar sino sólo imponer y avasallar. En rigor, se trata de un tipo de liderazgo pre-moderno.



En una fase de normalización del funcionamiento de las instituciones Piñera nos retrotrae al pasado. A la fase previa al Estado de derecho. A la época de la arbitrariedad, la concentración del poder y la discrecionalidad.



Él simboliza mejor que nadie en el momento actual, la confusión entre la etica del servicio público por un lado, y el sentido de la oportunidad comercial, por el otro.

En una democracia abierta, política y negocios deben estar separados, como lo han señalado con mucha claridad también los líderes de la UDI.



Desde el punto de vista de la comunicación estratégica, Piñera ha basado su campaña en desacreditar a su contendora, tratando de vincular género con falta de carácter y capacidad, apelando a lo mas atrasado del inconciente colectivo de los chilenos; su cultura sexista.



Con esto, Piñera refuerza el imaginario machista en un país que necesita urgentemente eliminar prejuicios e incluir a todas sus sensibilidades y segmentos sociales, para potenciar las oportunidades que se presentan en la diversidad.



En lo interno, donde son necesarias señales nítidas de inclusión social de las minorías, las mujeres, los trabajadores, las señales de Piñera son las de un empresario, sin duda exitoso, pero las de un mal empleador.



Él no representa un modelo de empresa participativa e incluyente, sino más bien actúa como un patrón de fundo que todo lo puede imponer o adquirir. Se comporta como la antítesis de un líder moderno o de un académico como Cardoso o Lagos, este último un líder severo pero confiable.



Michelle Bachelet



Un liderazgo integrador, horizontal, basado en la inteligencia emocional (de la que Piñera carece), es lo que los chilenos han descubierto en la candidata de la Concertación.



Este liderazgo incluyente, armonizador y comprensivo, es lo que el país necesita para alcanzar la mayoría de edad y superar la fase de los tutelajes de todo tipo.



Chile necesita crecer culturalmente. Los prejuicios, la cultura machista y excluyente, la falta de tolerancia, son debilidades culturales que nos bloquean para comprender y desarrollar las potencialidades humanas internas del país y para relacionarnos positivamente con el resto del mundo, especialmente, con nuestros vecinos.



Los que buscan paralelos entre la gestión empresarial y el buen gobierno tendrán que reconocer que la empresa moderna es aquella que saca partido de todas sus capacidades e incorpora a todos a la cadena del valor. No se pueden optimizar recursos humanos aplastando o avasallando, sino sólo motivando e incluyendo.



Asi se genera la cooperación, vital en un mundo global marcado por la velocidad y la rápida generación de empatías y confianzas.



El impacto internacional de un gobierno encabezado por una mujer, con la historia y trayectoria de Michelle Bachelet, nos permitirá dar un salto cualitativo en la imagen y el posicionamiento del país en el exterior, y acortar distancias con las sociedades más avanzadas en cuanto a desarrollo humano e igualdad de oportunidades.



En el fondo, los detractores de Michelle Bachelet, mas allá de los que legítimamente no comparten sus ideas, son el prejuicio, la envidia y el temor, ante un liderazgo femenino que puede producir el verdadero cambio en las coordenadas culturales en que actúan los liderazgos tradicionales en la empresa, la familia, la política.



Sin embargo, sería superficial pensar que en una elección presidencial se miden exclusivamente atributos individuales de los aspirantes, como lo pretende instalar en el debate nacional la estrategia electoral del nuevo líder de la derecha.



Los candidatos representan ideas, esperanzas, tipos de sociedad, y lo que está realmente en cuestión son valores, propuestas, visiones de futuro y coaliciones políticas que le dan sustento real a todo lo anterior.



La Alianza de centro derecha no garantiza la paz social, sino que estimula la polarización interna, fatal para la cohesión social y la competitividad de Chile en el mundo global.



Por el contrario, la Concertación es una coalición probada, una de las mas estables del mundo, que ha demostrado que puede conducir a Chile paso a paso, por la senda del progreso.



Los chilenos tienen la madurez suficiente para no dejarse arrastrar a una discusión propia del populismo, sobre los supuestos "atributos individuales" de los candidatos y saben reconocer lo que está realmente en juego en la elección presidencial.



Pero además, muchos saben o intuyen, que Michelle Bachelet calza mejor con las cualidades del líder que Chile necesita en este momento concreto de su desarrollo, y probablemente así lo decidirán el 15 de enero próximo.



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Hugo Calderón es doctor en economía y ciencias sociales de la Universidad Libre de Berlin


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