Oficialista o traidor: ¿el dilema de la segunda vuelta? - El Mostrador

Jueves, 23 de noviembre de 2017 Actualizado a las 12:02

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Oficialista o traidor: ¿el dilema de la segunda vuelta?

por 10 enero, 2006

Lo mismo que en la segunda vuelta presidencial que enfrentó a Lagos y Lavín, también ahora los concertacionistas esgrimen pródigamente argumentos a fin de lograr sufragios para Bachelet el 15 de enero. Sobre todo están sermoneando a quienes el 11 de diciembre respaldaron a Hirsch. Asimismo les predican a quienes aunque disconformes con su política neoliberal, votaron de todos modos Concertación como el mal menor.



Principalmente me quiero referir aquí a las razones de los concertacionistas que aceptan el neoliberalismo de su coalición y lo explican como una situación obligada por el contexto mundial. Lo cual cargan con cierta pesadumbre y sentimiento de culpa; mas lo sobrellevan con una especie de voluntarismo optimista. No tomaré en cuenta a los que sostienen el centro izquierdismo —e incluso desvarían con un socialismo de la Concertación— tal como Ud. no se detendría a discutir con quien afirma que la Tierra es plana o que el Sol gira en torno a ella.



Esos concertacionistas, llamémosles sinceros-estoicos, nos ponen las cosas de la siguiente manera: existe una derecha "mala" representada por Piñera y una derecha "buena" representada por Bachelet. De salir elegido el primero nos espera lo peor. De salir elegida la segunda todo mejorará. Por eso sería una falta imperdonable no votar por Bachelet, pues se le estaría dando en bandeja el gobierno a la derecha "mala". Los críticos de la Concertación y los antineoliberales en general, al renunciar al mejor de los mundos posibles al cual hoy se puede aspirar, se harían cómplices de la derecha "mala". Como sabrían que nunca llegarán a ser gobierno, se darían un "gustito" que les permitiría posar de consecuentes.



Más allá de la ironía que las campañas del terror sean típicas de la derecha "mala" (¿se acuerda de los tanques rusos frente a La Moneda o del caos que vendría de ganar el NO?), al menos, por lógica sería correcto analizar qué podría pasar de ser elegido presidente Piñera y no la candidata que representa el continuismo del "exitoso" gobierno "socialista" de Lagos. Continuismo que orgullosamente la propia Bachelet, su comando y él mismo presidente nos vienen recordando con majadería (éste último en cada inauguración de primeras piedras en que casualmente está empeñado en el último tiempo).



Visto de esa manera, podemos hacernos algunas preguntas —entre las muchas posibles— para aclarar el dilema que nos presentan. ¿Podría Piñera mantener el sistema electoral binominal que asegura un cogobierno entre las dos derechas?: Lagos ya lo hizo. ¿Podría Piñera defender a Pinochet si fuera detenido en el exterior?: Lagos ya lo hizo. ¿Podría Piñera fabricarle un negocio redondo a la banca al terminar de privatizar la enseñanza superior y garantizarle clientes cautivos y aval estatal?: Lagos ya lo hizo. ¿Podría Piñera tener una "no-política" ambiental y una Conama que sólo fuera una mera ventanilla para aprobar los proyectos empresariales?: Lagos ya lo hizo. ¿Podría Piñera privatizar el espacio público a través de concesionar las vías urbanas?: Lagos ya lo hizo. ¿Podría Piñera cambiar el uso de suelo en Santiago para agrandar aún más la ciudad y dar lugar a la especulación inmobiliaria a costa de la calidad de vida de sus habitantes?: Lagos ya lo hizo. ¿Podría Piñera ser más neoliberal que Lagos y tomar medidas aún más favorables a los grandes empresarios para que estos lleguen a amarlo más a él?...



En lo personal, sinceramente no dudo de las buenas intenciones personales de la "continuista" Bachelet. Sin embargo, su pasado comprometido y crítico no implica de por sí a su presente; muestra de ello es su muy neoliberal equipo asesor. Es más, incluso obviando el dato duro que representa la gente que ella elige para rodearse y aconsejarse, por mucho que quisiera dar un giro en la política neoliberal de la Concertación, ¿sería posible cuando sus mismos gobiernos han construido una camisa de fuerza por medio del propio estado de derecho para sostener y reproducir el modelo? Por más que forzando los hechos quisiéramos creer en una voluntad política tal, estaría de manos atadas condenada a administrar lo que hay.



Por lo cual, a lo más, tal como lo dijimos antes en este mismo espacio, con Bachelet sólo se puede aspirar a ciertas reformas cosméticas que den la imagen de un neoliberalismo de rostro humano. En todo caso, en un país que figura en el puesto 16 en desigualdad del ingreso casi cualquier medida es bienvenida. Pero, no por ello será muestra de socialismo y ni siquiera de revisión del modelo en sentido socialdemócrata.



Entonces, por un mínimo de pudor deberían terminar con la campaña del terror sobre una eventual presidencia de Piñera. Una cosa es la inocencia y otra la desfachatez o la ignorancia en economía y política. Hay que dejar de buscar culpables externos a la gestión y voluntad política de la propia Concertación. Por otro lado, me parece una falta de respeto, sino una gran soberbia, no reconocer que hay ciudadanos antineoliberales que se oponen con argumentos serios y de peso a los gobiernos de la Concertación. Así de simple y válido: se llama democracia. Ellos no votan para ganar, porque expresar las ideas políticas a través del voto no es un concurso ni un campeonato. Simplemente asumen que con Bachelet no ganan y con Piñera pierden; y que, en el fondo, entre esos bueyes no hay cornada.



Uno puede aceptar la buena voluntad de aquellos concertacionistas sinceros-estoicos. Eso sí, ojalá algún día se acuerden de que el mejor de los mundos posibles es un proyecto que se construye, no el contexto que nos tocó vivir definido como un inamovible dato dado. Mas, la motivación que se deja ver en la preocupación de otros es muy diferente: para una mayoría significa la pérdida del empleo en el aparato del estado; y para la élite concertacionista y sus grupos satélites, la pérdida de las ventajas económicas que les ha reportado estos años en el poder. Me parece más comprensible el temor de los primeros.



No obstante, sea como sea los derechistas "buenos" nos quieren convencer que quemarse dentro de la olla es mucho mejor que caer a las brasas. Tal "lógica" me hace recordar el reciente episodio de la mujer que mandó 500 cartas a Correos pidiendo regalos navideños para niños inexistentes: en una radio escuché a uno de sus vecinos apoyándola con el argumento que muchos de esos presentes se los daba a niños del barrio... Quien quiera comulgar con ruedas de carreta es libre de hacerlo, pero la situación que enfrentamos en la segunda vuelta no puede limitarse al dilema de ser oficialista o traidor.


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