Abriendo caminos a la igualdad de género - El Mostrador

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Abriendo caminos a la igualdad de género

por 27 enero, 2006

El triunfo de Michelle Bachelet el 15 de enero de 2006, es sin lugar a dudas un hecho histórico para Chile, por primera vez una mujer llega a la presidencia. La importancia y trascendencia de este acontecimiento pone una sabrosa e interesante reflexión acerca del rol de la mujer en los espacios de poder.



Lo dijo ella: "Quién lo hubiera pensado, hace veinte, diez o cinco años, que Chile elegiría como Presidenta a una mujer? Y aquí estamos, tratando de entender este proceso sociopolítico. Porque este hecho si bien es emblemático, no debemos confundirnos con que es el paraíso de la equidad y la participación femenina, creo que estamos lejos de ello. Y la propia Presidenta electa lo tiene claro: "Las mujeres son aún discriminadas, lo que hasta ayer era impensable, hoy es posible. Pero todavía queda un largo camino por recorrer".



Y este camino tiene que ver con un Chile que mantiene índices que van en desmedro de una igualdad de género, como la tasa más baja de participación laboral femenina de América Latina (38% frente a un 45% como promedio de la región). Y en el ámbito público, mujeres que se han desempeñado en altos cargos como ministras, subsecretarias, secretarias ministeriales, intendentas, gobernadoras, alcaldesas, concejalas, directivas de partidos políticos, en 1990 no sumaban más de 283 las mujeres en esos cargos, y 15 años después la cifra subió a 620. Actualmente en nuestro Poder Legislativo las mujeres representan un 5% en el Senado y un 13% en la Cámara Baja, mientras un 88% de las alcaldías están ocupadas por varones.



Rebeca Grynspan, ex vicepresidenta y ex ministra de Costa Rica, señalaba en un debate sobre la participación de la mujer en política: "Las mujeres tenemos que llegar al poder porque es justo y democrático. No porque seamos mejores", y agregaba una frase que alguna vez acuñó otra feminista: "La igualdad se probará cuando tantas mujeres incapaces lleguen al poder como hombres incapaces hemos tenido en él".



En América Latina pocas mujeres han llegado a la presidencia. Los historiadores, cientistas políticos e investigadores sociales, con algunas diferencias entre ellos, nos recuerdan que en el año 1974, Isabel Martínez de Perón fue la primera mujer que llegó al poder tras la muerte de su marido, en Argentina. Que la boliviana Lydia Gueiler, ocupó brevemente la posición de Presidenta Interina desde 1979 hasta 1980, siendo derrocada por los militares. Que Violeta Chamorro, con respaldo de EE.UU, asume la presidencia de Nicaragua, al derrotar en las urnas a sus ex aliados del Frente Sandinista en las elecciones de 1990. Luego la panameña Mireya Moscoso, fue elegida Presidenta el año 1999.



No se puede desconocer que paulatinamente las mujeres comienzan a asomarse con más fuerza en el escenario mundial. Esto se refleja en Colombia con la presencia de la economista Cecilia López, en el Perú con Lourdes Flores, en Argentina con Cristina Fernández. En octubre del año pasado, Ángela Merkel se convirtió en la primera de su género en alcanzar la Cancillería germana. En Nueva Zelandia, Helen Clark goza de un significativo apoyo ciudadano. Finlandia, Irlanda, Letonia, Filipina y Liberia son otros escenarios donde la mujer comienza a tener un mayor protagonismo público.



La manoseada y vapuleada frase que señalaba que las mujeres eran el sexo débil, sin lugar a dudas, cada vez pierde mayor connotación. Y bien que suceda así. Necesitamos más mujeres como mayor protagonismo público. Eso nos hace bien a los varones porque de verdad, los "beneficios" de una sociedad patriarcal, nos han hecho esclavo del autoritarismo y la prepotencia ante el género femenino.



La Presidenta electa comprometió su palabra: "Si sueñan el país que yo sueño, súmense a esta tarea, porque un Chile más próspero y justo para todos y todas está ahí, al alcance de la mano".



Sólo las mujeres podrán explicarnos mejor lo que les ha significado vivir el día a día en una cultura donde el machismo, se ha transformado en una ideología con cuerpo y alma. Imposibilitando cualquier transformación significativa que vaya en beneficio de una mayor participación del género femenino.



Estamos ciertos que aún queda mucho por avanzar para hablar de una sociedad donde se respete la igualdad de género. Donde no exista discriminación laboral hacia las mujeres, que no ganen menos que los hombres por igual trabajo, que no sean discriminadas por su condición de mujer en sus seguros de salud y en lo previsional, que tengan igual acceso a cargos públicos y privados, etc.



En nuestro país, estoy seguro que muchos quienes votamos por una mujer no sólo lo hacíamos para defender, la democracia y los derechos humanos, también para abrir un espacio cívico que nos permita hacer un necesario cambio cultural hacia la igualdad y la equidad entre hombres y mujeres.



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Dagoberto Pérez Urrutia. Periodista. Corporación Convivir (dperezurru@yahoo.com).










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