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Apostar por el mundo

por 2 marzo, 2006

La Presidenta electa Michelle Bachelet, en su plan para los 100 primeros días, se comprometió a aplicar un programa para "que los mil mejores egresados de cada año de las universidades chilenas cursen doctorados en las mejores universidades del mundo ". La cifra es ambiciosa y demuestra decisión en abordar un claro déficit de nuestro país de cara a la globalización: la formación de capital humano de la más alta calificación para mejorar nuestra productividad, competitividad e inserción en los círculos internacionales de formación de conocimiento.



Algunos pueden pensar que no es el camino correcto, que debemos fortalecer la formación de doctorados al interior del país y el apoyo apuntar a programas y estudiantes de ese nivel en Chile. Permítanme algunos comentarios sobre el punto.



Estudios de post grado avanzados en el grado de doctor producen conocimiento e innovación, ambos motores del crecimiento económico, la competitividad y el desarrollo. Permiten insertar a Chile en el ámbito académico, científico y tecnológico internacional y generar actividades y empleos con alto valor agregado. Si se utilizan los nuevos conocimientos en el diseño e implementación de políticas públicas, pueden mejorarlas, con un positivo efecto en el bienestar.



Países recientemente desarrollados, como los del sudeste asiático, han hecho de la internacionalización de sus estudiantes parte de su estrategia de desarrollo.



Estados Unidos es un país reconocido por la generación de conocimiento e investigación avanzada en los más diversos ámbitos. Por ello es uno de los más importantes destinos para la realización de estudios de postgrado por estudiantes internacionales. Las estadísticas migratorias para el 2004 (visas concedidas) muestran un ingreso de estudiantes de Corea del Sur y Singapur, muy por encima de lo que se pudiera esperar en relación a su población. Cerca de 79 mil personas, un 0.16% de la población de Corea, fue admitida como estudiante en EE.UU., y un 0.12% de la población de Singapur lo fue en iguales condiciones. Corea del Sur representa la primera fuente de estudiantes en extranjeros en EE.UU., concentrando un 13% de toda la inmigración -temporal por cierto- en este ámbito.



Estas cifras contrastan con la situación chilena. El año 2004 sólo un 0.013% de la población fue admitida a realizar estudios en EE.UU., por debajo de Venezuela o Perú, y apenas igual a Argentina o Bolivia.



Para Corea del Sur, la estrategia fue la masiva formación de Phd. en el extranjero, todo con el fin de aumentar la capacidad de investigación y desarrollo del país y preparar equipos académicos para el desarrollo de doctorados coreanos. El esfuerzo se realizó particularmente entre 1989 y 1994. En 1989, se graduaban 2.872 doctorados coreanos en EE.UU., para en 1994 graduarse 6.229, duplicando la cifra y con una tasa anual de crecimiento del 17%.



Entre otras razones, esta estrategia permitió a Corea tener 2.880 investigadores/millón de habitantes, cinco veces más que Chile, con 419 investigadores/millón hbts. (2001).



¿Pero por qué en el exterior? Una política que privilegie la formación masiva de especialistas en el extranjero prepara mejor al país para participar y competir en un contexto de globalización y potencia su crecimiento económico.



Una razón es el ingreso de cerebros. Los programas becas de postgrado en el extranjero, por los que se financia la matrícula, estadía y seguros del estudiante bajo la condición de regresar al país (bajo distintas modalidades), representan una especie de migración con elástico, o remigración. Se estudia y en muchos casos se trabaja temporalmente en el extranjero, para luego volver a residir y desempeñarse en el país, actividades que permiten producir lo que algunos denominan ingreso de cerebros, en contraposición a la fuga de cerebros.



Bajo este concepto, quienes vuelven traen consigo no sólo el conocimiento, -muchas veces de punta- adquirido en los programas que realizó, sino que también importan una variedad de activos que tienen un positivo impacto en el desarrollo. Traen capital social, constituido por redes trasnacionales, contactos relevantes con elites intelectuales de otros países, adquiridas sólo gracias a que los estudios se realizaron en el exterior. A nivel científico, por ejemplo, estas redes permiten cooperación de primera mano con los principales centros de investigación del mundo. Adquieren habilidades gerenciales, gracias al contacto y participación de directa en organizaciones extranjeras de toda naturaleza, con un alto nivel de desarrollo. Traen información de mercado, de doble vía, trasmitiendo confianza en el desempeño del país de origen en los ámbitos de interés para el extranjero, y conocimiento de primera fuente del funcionamiento del país extranjero hacia el país de origen. Por último, promueven una visión global, gracias a la experiencia de primera fuente, se amplían los horizontes de lo posible, cambiando la forma de ver y hacer las cosas.



Este tipo de influjo de conocimientos y experiencias adquiridas en un entorno externo puede tener un significativo impacto sobre el desarrollo. Se trata globalización que no se limita al flujo de bienes, servicios y capitales, sino que también de personas.



Un ejemplo de ello es el desarrollo de la industria de tecnologías de información en la India. Ésta se nutrió en forma sustancial, particularmente en sus inicios, del pool de ingenieros con entrenamiento y/o trabajo en Estados Unidos (Silicon Valley, Route 128) durante los 70s y 80s. Impactos similares se han planteado en el desarrollo de Corea, China y Japón etc.



Priorizar el extranjero también potencia lo nacional. Se aprovechan los beneficios de la ganancia de cerebros y las sinergias que provocan los estudios en el exterior con la formación de equipos de académicos que hacen posible los doctorados en el país. Este tipo de facultativos también hace más atractivos los programas chilenos, cautivando estudiantes y académicos del exterior para venir a Chile, multiplicando las experiencias, información, aprendizaje colectivo y desarrollando una industria exportadora en el área. Es posible producir un círculo virtuoso en el cual el sector académico nacional se fortalece y se transforma en un nodo regional de investigación y difusión de conocimiento, con mayor potencial de dispersar estas ganancias en la economía local.



Muchas veces este tipo de medidas, sencillas pero decididas y al alcance de nuestros recursos, hacen la diferencia entre permanecer en el subdesarrollo o superar la pobreza.



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Marcelo Drago A. Master in Public Administration, Harvard University

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