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Integración y energía

por 12 marzo, 2006

La economía mundial vive actualmente una permanente zozobra respecto a la energía particularmente en lo que se refiere al petróleo y el gas. Más que una ruptura del abastecimiento el temor gira más bien en torno a la fuerte volatilidad de sus precios vinculado a su vez a las incertidumbres geopolíticas que rodean su explotación. Vivimos hoy al nivel mundial una situación en que la capacidad de refinamiento del petróleo esta muy cerca de su saturación y el crecimiento de la economía China es muy consumidora de petróleo. En efecto, un dólar de producción conduce a un consumo de petróleo dos veces mas elevado en China que en los Estados Unidos, y tres veces mas elevado que en Europa. Se estima que China explica hasta un tercio del aumento en la demanda de petróleo en el transcurso de los últimos diez años contribuyendo con ello a empujar al alza los precios del petróleo.



La participación de América Latina en el mercado mundial del petróleo y el gas es relativamente importante, pero con lo que tiene y dentro de un cuadro de integración puede aspirar a una mayor independencia energética. En efecto la región registra más del 10% de las reservas de petróleo y alrededor del 14% de la producción mundial. México y Venezuela son los principales exportadores. América Latina cuenta además con más del 4% de las reservas de gas natural y cerca del 6% de la producción. Con el descubrimiento de nuevos yacimientos, Venezuela ha pasado a tener la mayor reserva de gas natural de Sudamérica y la octava del mundo y Bolivia posee la segunda reserva de gas más importante de la región después de Venezuela seguida de Argentina que posee la tercera reserva gasífera de la región. Mirar la integración a partir de los problemas energéticos, particularmente Chile que enfrenta un desafío de envergadura en este campo, puede ser un giro coperniquiano en un proceso de integración a mal traer.



Siempre cuando uno analiza comparativamente el proceso de integración económica entre Europa y América Latina surge una diferencia abismal, y es el hecho de que en Europa la integración comienza por la infraestructura y la gestión común de los recursos del carbón y el acero, seguida más tarde por la desgravación arancelaria y la moneda única( entre otras cosas) Cierto se trataba en Europa de comenzar por reconstruir lo que la guerra había destruido, el Plan Marshall también jugo un rol decisivo y los países que se integraban estaban ya en etapas avanzadas del desarrollo capitalista de su época. En América Latina la integración comenzó por la desgravación arancelaria. Así, desde la década del 60 se inició un camino tortuoso de discusión de listas de desgravación (con muchos productos excluidos al inicio) y enconados intentos de homogeneizar las medidas no arancelarias que limitaban el comercio. Solo con MERCOSUR este proceso toma nuevos bríos, aún cuando con un arancel externo común muy perforado y sin crear una institucionalidad coherente en particular un mecanismo de resolución de controversias que dirima los conflictos, cuestión que se ha tratado de institucionalizar recientemente con logros que están por verse.



No es nuestra opinión que lo que se ha hecho en integración en la región ha sido "arar en el mar". Se han logrado avances importantes en MERCOSUR, Región Andina, Centroamérica y el Caribe. Pero en particular en Suramérica sigue pendiente, no obstante avances parciales, la integración física y energética por medio de las cuales se hacen las redes básicas del comercio y la inversión.
En este contexto la iniciativa de la construcción del "Gran Gaseoducto del Sur" que esta siendo evaluado por los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina marcaría un hito en el proceso integrador, si ello se llevara a la práctica. Este gaseoducto que tendría poco más de 9000 kilómetros con un costo estimado del orden de los US$ 25.000 millones y cuya ejecución tomaría al menos 6 años, correría desde Puerto Ordaz (Venezuela) hasta Buenos Aires. Por cierto el proyecto no deja de tener sus complejidades pues siendo Bolivia el proveedor natural de gas de Brasil y Argentina, el gaseoducto obligaría a este país a replantearse el mecanismo para exportar gas a México y Estados Unidos, o bien a competir en precios relativos con el gas venezolano obligando a este a un subsidio que haría menos rentable el proyecto. La iniciativa del "anillo energético" es otro esfuerzo por abordar regionalmente el tema de la energía. Se trata de un plan propuesto por Argentina, Chile, Brasil y Uruguay para construir un gaseoducto desde el sur del Perú (Camisea), con un costo de US$2500 millones, a fin de transportar gas natural a los países del Cono Sur. Se considera que este es un proyecto semiabortado, pues se estima que las solas reservas de Perú no son suficientes y que además las desconfianzas atávicas entre Chile y Perú limitan la fluidez necesaria al proyecto.



Chile no tiene ni petróleo ni gas natural propio como para sustentar un crecimiento de largo plazo. El riesgo de escasez potencial de energía se ha convertido en un tema recurrente. La primera solución al problema energético esta en la región y particularmente en el entorno vecinal. La segunda solución es importar gas licuado y gasificarlo en Chile, cuestión que el país ha decidido emprender construyendo una planta que gasifica el gas licuado en Quintero con una inversión de 400 millones de dólares y un costo del gas equivalente al doble o mas del gas que podría traerse de Bolivia. Una tercera solución, pero que toma plazos mas largos es una diversificación de la matriz energética del país.



El problema energético que enfrenta Chile coincide con una necesidad compartida con otros países de la región y por tanto debiera reforzar la posibilidad de dinamizar el proceso integrador a través de una estrategia energética común. Por cierto el proceso integrador cubre muchas otras disciplinas: inversiones, servicios, compras públicas, propiedad intelectual, migración etc pero el "eslabón decisivo" para la región se juega hoy en la integración física y energética, y Bolivia esta en el centro neurálgico de la solución del problema.



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Alexis Guardia B. es economista

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