Los jóvenes quieren una chance - El Mostrador

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Los jóvenes quieren una chance

por 21 marzo, 2006

PARÍS, SANTIAGO: PRECARIEDAD LABORAL. El premier francés Dominique de Villepin ha impulsado la ley sobre el primer contrato laboral, supuestamente para combatir el desempleo juvenil en Francia. El contrato para el primer empleo está destinado a los jóvenes menores de 26 años y permite contratarlos por dos años. Pero en ese período pueden ser despedidos sin indemnización y con 15 días de preaviso para facilitar a las empresas ahorrar en cargas sociales, muy pesadas en Francia, y que los empresarios consideran que son desalentadoras para generar puestos de trabajo.



En masivas movilizaciones, convocadas por la CGT, Fuerza Obrera y los estudiantes secundarios, con huelgas en París y en otras 160 ciudades francesas, un millón de manifestantes marcharon para protestar por el camino elegido por el gobierno conservador para flexibilizar el empleo juvenil y reducir los costos sociales a las empresas.



La juventud ha desplegado una gigantesca protesta, que hace recordar los disturbios de noviembre de 2005. Ha chocado una propuesta desde la óptica liberal, que ve en la flexibilidad laboral una forma de mejorar el rendimiento de los negocios, con la sensibilidad de jóvenes que ven que se dificulta más su acceso al trabajo, en una sociedad que abandona la protección para dejarlos a merced del mercado.



Trabajo precario, un mercado competitivo que es inclemente con los débiles. La sociedad europea, al igual que la norteamericana, está viviendo el desplazamiento del trabajo hacia China, donde se han trasladado de manera creciente las corporaciones multinacionales en búsqueda de mano de obra calificada y barata. Las clases medias europeas, que gozaron del Estado benefactor, no pueden hoy heredarlo a sus hijos. Francia y Alemania, con estrategias comunes, luchan contra un creciente desempleo, con una enorme población de inmigrantes y una clase media que debe soportar mayores cargas impositivas. La globalización duele en Europa y se podría detectar una tendencia peligrosa en el ciclo liberal actual, que este pueda retornar pendularmente y de manera brusca a una corriente opuesta de nacionalismo económico.



La concepción del trabajo como un insumo productivo más, ha significado en medio de la globalización, que la capacidad de los Estados para poder regular las relaciones laborales es bajísima. El paradigma humanista cristiano, que plantea organizaciones productivas en donde el capital y el trabajo se asocian en armonía y en equilibrio, declina en medio de una realidad drástica. Las decisiones económicas globales están muy por encima de los estados nacionales. Es cuando aparece la urgencia de que la sociedad civil se entronice en la política y en el gobierno de los países, para cambiar, mientras sea posible, las tendencias visibles que incuban conflictos sociales que serán inmanejables, en una suerte de suicidio cívico de las democracias representativas.



La situación en Chile



Esta situación de precariedad en el empleo se ha hecho latente en la sociedad chilena. El propio Estado mantiene en sus servicios dotaciones de personal a contrata que, contrariando la legalidad vigente, permanece en esa condición por años, sin poder acceder a una carrera funcionaria, pese a participar de funciones sensibles. La estructura salarial de los contratos que mantienen con sus trabajadores empresas del sector servicios, tales como las grandes tiendas, las AFP, las ISAPRES, son leoninos, con un sueldo fijo mínimo y una parte variable en base a comisiones, que van exigiendo el cumplimiento de metas que se imponen unilateralmente. El sindicalismo prácticamente no existe en estos ámbitos, por ende, la capacidad de negociación colectiva es débil o nula: el desequilibrio del sistema lleva a una situación en extremo estresante.



Para la juventud chilena la inserción laboral es cada vez más dura. Además de la discriminación que se produce desde las bases educativas, no alcanza con lograr un título, hay que seguir corriendo para obtener el postítulo El espacio de tiempo para alcanzar éxito es breve, la presión que se hace sentir es muy grande y la rotación laboral se siente en las empresas, impidiendo consolidar equipos estables. La proyección laboral de hombres y mujeres exige resignar la conformación de una familia. El tráfago laboral no ayuda en mucho a la felicidad y la sociedad envejece, con familias con pocos niños y llena de contradicciones.



París, Santiago, una misma juventud, enfrentando similares problemas. ¿Podrán articular los jóvenes una opción cívica planetaria que abra espacios para un cambio al modelo deshumanizante?



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Hernán Narbona Véliz, escritor

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