lunes, 24 de septiembre de 2018 Actualizado a las 07:34

Autor Imagen

¿Secuestros u homicidios? Un comentario a la tesis de los 'tiempos muertos'

por 15 mayo, 2006

  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

La opinión pública y la jurídica se debate hoy en día (y ha debatido) entre estos dos caminos de solución al problema de los detenidos-desaparecidos.



La Presidenta del Consejo de Defensa del Estado, Sra. Clara Szczaranski, en un artículo homónimo se pregunta por el delito sobre el que debiera recaer la convicción del tribunal, decantándose, por razones de "sentido común" y de "razón" y "lógica", y preguntándose "¿cómo puede el juez afirmar en su sentencia la permanencia de un secuestro?". A mayor abundamiento, el fallo de la Corte Suprema de 17 de noviembre del año 2005 se hace cargo, aunque no in extenso, porque no ha considerado necesario hacerlo, de la controversia respecto de la existencia de secuestros versus la tesis de la existencia de homicidios en los casos de detenidos-desparecidos. El argumento comienza con la constatación de la tesis opuesta: "Se ha argumentado reiteradamente que el delito cometido en contra de Sandoval Rodríguez no puede ser el de secuestro, pues nadie cree que él esté todavía con vida privado de libertad, sino por el contrario, todos piensan que está muerto" (considerando 33°). Lo mismo parece desprenderse del reciente fallo del Ministro Montiglio, quien sobre los antecedentes del proceso habría arribado a la convicción de que las víctimas fallecieron.



La Corte y el Ministro citado, pues, no ha comenzado su fallo asegurando la positividad de la tesis del delito permanente, sino restando importancia (y no suprimiendo) la tesis de la muerte de los detenidos desaparecidos: Lo que le interesa al máximo tribunal y al Ministro es establecer los únicos hechos ciertos de los que se tiene noticia ("partir por la carreta") y no partir "por los bueyes", como sería originar el argumento del delito menos probable.



Nuestra opinión respecto de la disyuntiva anunciada en el título del presenta artículo es que no existe duda ni en doctrina ni en jurisprudencia que el delito a ser perseguido es el de secuestro, delito tipificado en nuestro Código Penal y que posee determinadas características, no dictadas por antojos de la dogmática sino por la naturaleza del bien jurídico y por las modalidades de la comisión del ilícito.



A nuestro juicio, el carácter de permanente se ve influido por el bien jurídico amparado por el delito y por las modalidades de comisión. Respecto de lo primero, se trata, principalmente, de la libertad de tránsito, locomoción o ambulatoria, valorado-como afirma Muñoz Conde- como una condición imprescindible para que la persona pueda realizarse en las distintas esferas vitales individuales o sociales, alcanzando sus necesidades en la relación social o, al decir de Córdoba Roda, la capacidad del hombre de fijar por sí mismo su situación en el espacio físico o, simplemente, a la libertad de abandonar el lugar en donde se encuentra el sujeto. En cuanto a lo segundo, nuestras modalidades comisivas ("encerrar" o "detener") auguran que el ilícito de secuestro se consuma con la mantención de un estado de detención o encierro, vale decir, resulta extremadamente difícil sostener que el encierro o la detención -resultados de las acciones u omisiones-se consuman en un instante efímero de tiempo, como el homicidio. Antes bien, se exige jurisprudencial y doctrinariamente que exista un cierto espacio de tiempo de privación de la libertad ambulatoria para que pueda entenderse consumado el delito.



Sin embargo, existen otras dos razones que nos permiten afirmar que la tesis del homicidio debe descartarse:



1.En general, el alcance de los tribunales de justicia, así como de toda autoridad pública indagando la verdad no linda con la omnipotencia, sino con la lógica razonada: Los Tribunales de Justicia al investigar un hecho punible deben comenzar su labor por el núcleo de lo punible, respecto de cómo ocurren los hechos y no acude a las fases o áreas periféricas de ella. Los tribunales buscan el establecimiento de los hechos consumados ab ovo, tal como el Código Penal los describe y no de la fase de agotamiento de los mismos o de hechos, como hemos denominado "periféricos".



En el caso de las tesis encontradas, el tribunal no puede hacer otra cosa que buscar la averiguación del núcleo del delito materia del proceso (el secuestro o privación de libertad ilegítima del artículo 141 del CP).



2. Si los tribunales supusieran que en estos casos siempre hay homicidios, pretenderían que el período de privación de libertad debería considerarse un "lapso inocuo", un espacio sin importancia dogmática, que sólo sirve a preparar la acción de matar. Ello conduce a múltiples injusticias y errores de interpretación. De partida, ello contraría los contextos elementales en que se realizaron los hechos materia de la sentencia de la Corte Suprema. Los "lapsos inocuos" de privación de libertad sirvieron no sólo como "tiempos muertos" destinados a preparar las ejecuciones o desapariciones sino, y ahora lo sabemos muy bien, para torturar y con ello obtener información necesaria para otros secuestros y cometer otros vejámenes. En segundo lugar, ello contraría el ordenamiento jurídico chileno que contempla como delito el encerrar o detener sin derecho. Los auspiciadores de esta tesis - de "lapso inocuo", la denominamos- pretenderían que el disvalor de la privación de libertad debería subsumirse en el del homicidio y eso no es lo que auspicia el artículo 141, señalando en su inciso final que cuando con "motivo u ocasión" del secuestro se produjeren otros delitos habría una pena más grave, es decir, no prescinde del disvalor de la privación de libertad sino que trata ello como un delito complejo donde la privación de libertad es el eje y no elemento secundario. En tercer lugar y siguiendo con esta tesis, la penalidad del "lapso inocuo" que no se tradujo en desapariciones, debiera ser la de los actos preparatorios del homicidio, con una pena harto menor e injusta para las privaciones de libertad. Enseguida, debemos recordar que los hechos contradicen estos "tiempos muertos": Lo que existe en las desapariciones forzosas es lo que la Convención Interamericana sobre el tema se expresa, vale decir, no sólo se manifiesta un ánimo de matar sino un ánimo de privar de libertad indefinidamente para cortar con todo vínculo con la existencia humana anterior transformando a este ilícito en un atentado contra la dignidad humana y no tanto contra la vida.





_______________________________________________



Rodrigo Medina Jara. Profesor de Derecho Penal de la Universidad La República

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV