Por fin, dignidad - El Mostrador

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Por fin, dignidad

por 29 mayo, 2006

Muchos chilenos, llamados anticuados y por ello excluidos, pensábamos que nuestro país definitivamente había cambiado. Pese a que no nos convencía que los dos millones de jóvenes que no se inscriben en los registros electorales "no estuvieran ni ahí", ya estábamos aceptando que los paradigmas juveniles fueran sólo aquéllos que nos ofrece la televisión.



Creíamos que ya nunca más veríamos en Chile luchadores por los sueños, como aquéllos que nacieron a la vida política con Luis Emilio Recabarren. Los que no querían nada para sí, sino para todos, para los más humildes, los humillados y ofendidos de la tierra, para la inmensa humanidad. Pensábamos que ya no habría dirigentes como el que prefirió desmayarse de hambre en la calle antes de tocar un centavo del dinero del sindicato.



Creíamos que ya estábamos abandonados al capitalismo salvaje. Que los chilenos continuaríamos agachando la cerviz frente al avasallamiento de las trasnacionales.



El de las constructoras de autopistas que han encerrado poblaciones que ahora deben pagar peaje para comunicarse con el exterior, que han instalado columnas en los patios de humildes moradas o, que sencillamente, las han destruido con la vibración de las retroexcavadoras. Que continuaríamos sin chistar con los malos olores de los vertederos o plantas de aguas servidas de empresas recién privatizadas, con sus emanaciones contaminantes, sus ruidos, desechos tóxicos, sus malas construcciones, sus cobros abusivos y arbitrarios bajo la amenaza del corte de servicios públicos básicos, con sus intereses usureros.



Que seguiríamos aceptando la aberración humana de "los niños caca", niños calificados así por su compañeros de colegio, porque el lugar donde viven, la Villa Disputada de Las Condes -ubicada en El Melón, comuna de Nogales- está impregnada del olor que les regala a diario la planta de ESSEL y ellos ya no se pueden sacar ni el olor ni la vergüenza.



Que ya nadie en Chile protestaría contra Pascua Lama, donde se lixiviará el oro de la empresa canadiense Meridian Gold con cianuro, o contra los pesticidas que usan los temporeros como la docena de la muerte prohibida en países desarrollados.



Pero estábamos equivocados, los estudiantes secundarios chilenos han dicho BASTA.



Y nos están demostrando que en Chile aún hay chilenos dispuestos a luchar por sus intereses y por los intereses del país.



Nos han demostrado que la vocación de servicio público, no es sólo pertenecer a la clase política y aparecer en los medios, ni hacer promesas y cocinarlas por secretaría para salir luego del paso y decir Ä„Cumplimos!



Es claro que los estudiantes secundarios ya no aceptarán más soluciones para "el buen ver", de esas que se presentan a la opinión pública con un barniz de legitimidad.



Con este movimiento se ha demostrado que todos los chilenos tenemos el derecho a involucrarnos y a participar en las decisiones que afectan nuestras vidas, que el país es nuestro y que no aceptaremos que se nos siga faltando el respeto.



Que es inaceptable que se siga instalando en los niveles más altos a ministros y asesores, a cargo de importantes decisiones, cuya experiencia política proviene de ser operadores de tal o cual grupúsculo o personaje mantenido en el poder por la bendición del sistema binominal.



Que no es ético ni estético que sigamos a cargo de personajes cuoteados que deciden sobre nuestros destinos en materias tan sensibles como la educación de nuestros hijos y nietos. Que cualquier pelafustán, sólo con licencia secundaria puede instalar un colegio, porque así lo consagra la Ley.



No puede volver a repetirse que se nombren Ministros de Educación que han reconocido públicamente "no saber nada de educación" y que han obtenido sus magros títulos por correspondencia.



A todo ello los estudiantes han dicho Basta. Y también lo han dicho sus padres, apoderados y profesores.



Y todos debemos decir Basta en el lugar donde estemos, exigiendo nuestros derechos, exigiendo verdad y transparencia y, por fin, tratando de construir un mundo mejor.



No podemos ser felices y aceptar sonriendo el Pan y el Circo mientras nuestros hijos estudien en colegios insalubres. Mientras los dejen entre paredes inhóspitas sin profesores para poder decir que se cumplió con la Reforma Educacional iniciada en 1994.



No podemos creer que "estemos cumpliendo las tareas", mientras las escaseces de materiales pedagógicos y de infraestructura hospitalaria y educativa se justifiquen por la regla impuesta por el FMI del superávit estructural de un 1% del PIB. ¿Se destruirán los equilibrios macroeconómicos si la bajamos a un 0,5% del PIB?



Algo anda mal en nuestro país si nuestros hijos carecen de una educación mínima aceptable para los cánones que exige el mercado y tres grupos económicos chilenos se encuentran entre las 587 familias en el mundo que poseen más de 10.000 millones de dólares, riqueza que supera el PIB de los 170 países países más pobres del mundo y que llega a casi el 4% de la producción anual del mundo entero.



Que el ejemplo de los estudiantes secundarios chilenos, de mayo del año 2006, nos llame a reflexionar.



Apoyémoslos y agradezcamos que nos estén ayudando a recobrar la dignidad perdida.



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Patricia Santa Lucía. Periodista.

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