jueves, 20 de septiembre de 2018 Actualizado a las 20:09

Autor Imagen

Chile: ¿espectador o jugador del Mercosur?

por 14 julio, 2006

  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Algo está fallando en la política exterior chilena. Los problemas con Argentina denotan falencias en el pensamiento estratégico de quienes deben bosquejar los contornos de una visión global que permita operar en el marco subregional y prever el juego de los actores en el tablero geopolítico del Mercosur.



Para la Argentina de Néstor Kirchner el proceso de integración con los países del área pasa por la consolidación del bloque geoeconómico. Las escaramuzas gasíferas, bencineras y de carnes (la aftosa) con Chile sólo cobran sentido en este cuadro.



Por consiguiente, la proyección de Chile en América Latina experimenta bloqueos cuyas causas se arrastran desde los gobiernos anteriores.



El 'imbroglio' diplomático acaecido cuando Chile reconoció al gobierno golpista que había derrocado al presidente electo Hugo Chavez dejó huellas. El error de apreciación fue grave pues generó un clima de desconfianza, heredado por el gobierno de la Presidenta.



Es un secreto a voces que Chile es considerado por las opiniones públicas de varios países del Hemisferio Sur como demasiado apegado a los Estados Unidos. Admirado y citado como ejemplo por la prensa de derecha y neoliberal del continente.



Estigma confirmado en la Cumbre del Alca cuando junto con el mexicano Vicente Fox, el presidente Lagos no se despegó de la iniciativa de mercado continental propuesta por EE.UU., contra la cual militaron activamente Hugo Chávez y el presidente argentino.



Sin embargo, Chile recibió el apoyo de Venezuela en la elección de Insulza para el cargo de Secretario General de la OEA. Por supuesto, en ese momento de deseo de figuración y de movimiento de piezas en el tablero, a nadie se le ocurrió rechazar el voto del "populista" Hugo Chávez.



A lo anterior se añade el problema de imagen del canciller Alejandro Foxley. El economista demócrata cristiano es percibido como un diplomático que tiene prejuicios favorables hacia una hegemonía de EE.UU. en América Latina.



El presidente Uribe de Colombia, el peruano Alan García y Fox de México (Calderón, si es confirmado) son mandatarios con los cuales tanto la derecha como la Democracia Cristiana tienen muchas afinidades.



Chile nunca ha apostado al Mercosur y quizás creyó en su lenta agonía producto de las rencillas comerciales entre Argentina y Brasil. Y a las relaciones asimétricas, supuestamente destructivas, entre éstos y Uruguay, Paraguay y Bolivia.



Pero los últimos acontecimientos dejan ver que "la ola desintegradora que aquejó al Mercosur ha declinado abriendo un período de observación y ayuda alrededor de Bolivia", según comenta el reputado periodista argentino, Eduardo Van der Kooy, de Clarín.



Después del arribo de Evo Morales al gobierno, la nacionalización de sus recursos energéticos creó un clima de desconfianza con Argentina y Brasil. Ese momento está superado. El líder del altiplano negoció el precio del gas, y presumiblemente otras cosas más, con Kirchner y lo hará también con Lula. Hoy, Bolivia tiene el status de asociado al bloque.



En la última reunión, el 4 de julio en Caracas, Venezuela firmó el protocolo de adhesión al Mercosur. Antes, el exportador petrolero del continente había abandonado la Comunidad Andina de Naciones. El clima era de euforia. Allí la clave fue el acercamiento entre Kirchner y Lula.



Además, se asistió a la reconciliación entre el presidente argentino y el uruguayo Tabaré Vázques, enemistados por la construcción de papeleras contaminantes uruguayas en territorio fronterizo con Argentina.



En efecto, en la reunión de Caracas las dinámicas subterráneas aparecieron abruptamente, revelando algo inédito: Argentina y Brasil, los dos aliados y rivales asumieron no sólo la conducción global del bloque sino que además se consideran los depositarios de la estabilidad del Cono Sur.



Ambos países, según los analistas transandinos, son capaces de contener al fogoso Hugo Chávez en su ímpetu anti Imperio. Los poco reflexivos comentarios acerca de la satrapía norcoreana del locuaz venezolano, no inciden directamente en la realidad latinoamericana.



Pero nada cicatero, Hugo Chávez -además de invertir en grandes proyectos energéticos- compra bonos argentinos (2.700 millones de dólares ya invertidos) y asume con sus petrodólares el respaldo monetario de instrumentos argentino-venezolanos en el mercado financiero mundial (Bonos del Sur). Así se prefigura un "camino financiero regional" con instituciones bancarias propias: un Banco del Sur. En definitiva, se asiste a la profundización de la alianza estratégica entre ambos países.

Pero es la potencia emergente brasileña quien lleva la batuta en los organismos económicos mundiales.



En la reunión que tuvo lugar el primero y dos de julio en Ginebra, Celso Amorim, el delegado del coloso emergente en la reunión de la OMC, fue el que defendió los intereses de los pequeños países exportadores pidiendo rebajas sustanciales en los aranceles aduaneros a productos agrícolas.



Por lo tanto, los chillidos y el ultimátum de la derecha al gobierno no resolverán ni el problema energético, ni el aislamiento, ni el déficit en política internacional o subregional de Chile. Ni tampoco se podrá golpear en la mesa de la imponente Cumbre de Córdoba el 20 y 21 de julio próximos (al menos 10 mandatarios latinoamericanos ya han confirmado su asistencia, más la aún no confirmada presencia de Fidel Castro).



En este panorama son valiosas las diligencias de algunos parlamentarios del Partido Socialista que buscan conocer y establecer relaciones de amistad recíproca con los procesos y los actores políticos de Bolivia y de Venezuela para informar a la ciudadanía.



Chile debe dotarse de un modelo de comprensión que incluya objetivos estratégicos claros debatidos por el conjunto de las fuerzas políticas, sociales y ciudadanas del país. La política internacional debe salir del círculo de algunos iniciados; ella debe ser materia de foros y conferencias.



Un debate nacional y ciudadano no puede hacerse en 48 horas. Debe ser esclarecido por las opiniones de expertos donde prime el interés del desarrollo nacional. Más aún cuando el campo de las relaciones exteriores se presta para los arranques chovinistas primarios extremos.



Sólo así se podrán integrar los cambios con rapidez y "adoptar decisiones orgánicas flexibles" (según consta en el programa Bachelet). Es una manera de disminuir el impacto paralizador con que reaccionan los sectores aislacionistas y/o pro Imperio, o con proyectos internacionales partidistas propios como el de la Democracia Cristiana.



La posibilidad de enmendar rumbo será en la Cumbre de los presidentes en Córdoba donde Chile debe llegar con posiciones claras que le permitan salir de la zona de turbulencias con el horizonte despejado.



___________________________________________________



Leopoldo Lavín Mujica. Profesor de Filosofía del Collčge de Limoilou, Québec, Canadá.


Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director

Odio al árbol

Envíada por Rodrigo Pérez de Arce | 20 septiembre, 2018

Cartas al Director

Noticias del día

TV