¿Honores a Pinochet?: Necesidad de reformas a las ordenanzas militares - El Mostrador

Domingo, 21 de enero de 2018 Actualizado a las 19:12

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¿Honores a Pinochet?: Necesidad de reformas a las ordenanzas militares

por 22 agosto, 2006

Haciendo gala de una clara sujeción a la normativa jurídica vigente el señor Comandante en Jefe del Ejército, don Oscar Izurieta, ha sostenido que de fallecer don Augusto Pinochet Ugarte manteniendo su actual situación procesal, la Institución estaría obligada a rendir honores a quien ocupó el cargo de Comandante en Jefe.



Estamos frente a un claro y típico problema de inadecuación de la norma jurídica a la realidad que se consideró como hipótesis. Podemos presumir fundadamente que los redactores de las Ordenanzas del Ejército no se pusieron en el caso que un general se encontrara en la situación procesal de Pinochet: encausado por delitos contra la vida y contra el patrimonio fiscal.



No es nada de normal, y la institución castrense debe tener claridad absoluta en esta materia, que un oficial de tan alta graduación esté acusado de numerosos y graves crímenes.



Es cierto que mientras no exista condena cabe presumir la inocencia de Pinochet, sin embargo, también es cierto, y así lo ha reconocido el propio Ejército, que bajo su mando y por órdenes de sus subordinados más directos, personal de la institución se apartó gravemente de la misión institucional y realizó acciones delictivas.



Los tribunales de justicia han establecido que oficiales y también suboficiales participaron en asesinatos de opositores al Gobierno que encabezaba el general Pinochet.



La circunstancia que estos fallos se encuentren ejecutoriados y que hayan sido acatados por el Ejército, implica para la misma institución el deber de cautelar que nunca más se vuelvan a repetir estos hechos.



A ello se comprometió el general Cheyre. A su sucesor, que también aspira a que la ciudadanía recobre la confianza en las Fuerzas Armadas, no le cabe sino cumplir a cabalidad este compromiso.



De nada servirían estas condenas, así como introducir en la formación militar la doctrina de los derechos humanos, si al mismo tiempo se rinde honores a quien dirigía la institución, y al país, mientras algunos militares organizaban usando los recursos de la institución la eliminación física de opositores.



Debe ponderar el Alto Mando si satisface los intereses de la familia Pinochet o si persevera en el estratégico reencuentro con la civilidad.



No sería bueno para el país dejar sentado el precedente de que es irrelevante cómo se ejerció el mando para efectos de recibir los honores de rigor. Si da exactamente lo mismo ser un buen o un mal general, entonces, y esto es de meridiana claridad, los honores dejan de ser tales y se transforman en un acto carente de todo significado moral. Cabe recordar que los honores militares persiguen reconocer una trayectoria que acerca el modelo de virtud que un ejército promueve y defiende.



Viene el señor Comandante del Ejército, general Izurieta, de una familia militar con tradición. Comprende perfectamente el actual comandante que la máxima autoridad de la institución no puede tener mancha, ni siquiera sospecha, respecto de su honorabilidad. Ello porque el comandante es al mismo tiempo el primer soldado de la patria, el modelo de servicio en el que se miran todos y cada uno de los miembros de la institución.



Siendo el Ejército, y las Fuerzas Armadas en general, un organismo respetuoso de sus tradiciones debe ser particularmente cuidadoso respecto de los pasos que da en esta materia.



¿Cómo podría cautelar el ejército para las generaciones futuras la dignidad del cargo de Comandante, si trata al general Pinochet, sobre quien pesan duras recriminaciones por lo que aconteció durante su mandato como político y como militar, de la misma manera que al más digno de los comandantes?



Hay una salida para el General Izurieta, y en último término para el país que quiere reencontrarse con sus Fuerzas Armadas: reformar las Ordenanzas en este punto antes de que se produzca el fallecimiento del cuestionado general.
Sin embargo, estimo que aun fallecido sin que se produzca tal reforma, no sería prudente rendir tales honores. A veces la aplicación estricta de la norma puede provocar los mayores desastres.



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Eric Eduardo Palma. Doctor en Derecho


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