¿Fundir or not fundir?: Fiestas Patrias y el sueldo de Chile - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 02:38

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¿Fundir or not fundir?: Fiestas Patrias y el sueldo de Chile

por 20 septiembre, 2006

Ahora, en septiembre, cuando restan 4 años para el bicentenario, nunca antes estuvimos en mejores condiciones para el desarrollo, las arcas fiscales suman sobre los 20.000 millones de dólares y no hay cuestiones más irresueltas que el tema energético y la distribución equitativa del ingreso, a la par que se inicia el debate del Presupuesto en el parlamento, demanda su sitial merecido la pregunta por el cobre.



Sin dudas que el fantasma del salitre se cuela entre todas las consideraciones y, aunque la nobleza metálica del cobre y su insuperable capacidad conductora impide el símil, se nos viene imponiendo el cobre mismo como amenaza tajante de la industria minera. A saber, en el mediano plazo, el reciclaje de chatarra de cobre sustituirá por completo la explotación del mineral, esto por su competitividad en costos que, sólo en los últimos 10 años, ha experimentado un 40% de abaratamiento y, por su evidente menor impacto ambiental. Mas, paradójicamente, es nuestra actividad cuprífera la que incentiva este reciclaje, mediante contratos que garantizan -a largo plazo- el abastecimiento de concentrados de cobre chileno a la industria de la fundición y refinería de Singapur, India, Canadá, México, etc., quienes, teniendo asegurado este piso, han podido incorporar altas tecnologías de reciclaje, bajando su costo operacional de 90 a 55 centavos de dólar la libra, como nos lo dijera el ex-presidente del Consejo Minero, William Hayes, el 2003, argumentando la necesidad de fundir y refinar todo el cobre en Chile.



La pregunta, entonces, toma cuerpo y dramáticamente se expresa entre "Fundir o No fundir"; "Refinar o No refinar".

El 2003, Mr. Patrick Cussen de Pechiney-Chile aseguraba que Codelco tenía todos los estudios realizados para fundir y refinar en Chile, aunque los mantenía inactivos y, 10 años antes, el 13 de julio ante la Cámara, el entonces Ministro de Minería, don Patricio Hales, señalaba que la exportación de concentrado implicaba un pérdida de 34 centavos de dólar por libra, cuyo impacto -sobre el primer decenio del siglo- proyectaba una pérdida de alrededor de los 15.000 millones de dólares. El 2001, Cochilco reafirma esta proyección, cuando don Patricio Cartagena augura -para este primer decenio- que dejaríamos de percibir ingresos por 13.000 millones de dólares y pérdidas de 4.700 millones, agregando que esta pérdida podría bajar a 3.400 millones si se concretaba, para el 2006, el proyecto de fundición y refinería "Mejillones".



El mismo año, el Ministro de Minería de entonces, don Alfonso Dulanto, confirmaba las proyecciones de Cochilco, afirmándonos que, en el decenio, se exportaría como concentrado más del tercio del cobre. Dos años antes, el mismo Dulanto, argumentaba la necesidad de fundir y refinar en Chile respaldándose en Mr. Jeremy Cooper (BZW, Mining & Matals), e indicándonos que la industria del cobre demandaría la creación de nuevas fundiciones y refinerías para procesar 1 millón de toneladas métricas de cobre, cuya localización preferente debía ser el Pacífico.



Para el ex Ministro el asunto era claro, la industria de la fundición y refinería local era un negocio en base a una rentabilidad entre el 12% y 40%, haciéndonos referencia a que cuando se vendió Refimet se había fijado una TIR del 14% y porque, a su juicio, eran las proyecciones más conservadoras de los especialistas.



Sumado lo anterior a sus intenciones de expandir Refimet para procesar 0,8 millones de toneladas de concentrado por año, le permitían estimar un mínimo de 28% de rentabilidad. Al respecto, es válido resaltar que sería absolutamente imaginable el impacto que tendría la fundición y refinería en Chile de los 5,3 millones de toneladas anuales de arena húmeda de cobre, que exportamos a granel, en la disminución de la cesantía y de las actuales pérdidas, como en el aumento de las ganancias. La rentabilidad de esta industria la confirma, el 2001, el Subgerente de Estudios y Planificación Estratégica de Codelco, don Enrique Silva, quien amparado en que la falta de fundición y refinería imprime una pérdida de 27 centavos de dólar por libra, argumentaba que una nueva fundición, como el proyecto Mejillones, impactaría en 820 millones de dólares de utilidades.



De lo observado, pareciera absurda la pregunta por fundir y refinar en Chile, sobretodo si se estima que la exportación de concentrado exige 3 veces lo que requeriría el cobre procesado, ya en carguío, estiba, trasporte marítimo y terrestre, etc. Es más, tributariamente toda esta actividad adicional, sumados a ella los seguros, son considerados gastos operacionales y, en consecuencia, están fuera de la base de cálculo de la renta, lo que daña directamente los ingresos fiscales por impuestos, asunto que, con mayor razón importan sobre la decisión de desarrollar una industria mayor en la fundición y refinería local.



Sin embargo, aunque todo lo objetivamente analizable apunta a impulsar el desarrollo de esta industria, que nos permitirían situarnos muy por sobre los actuales 20.000 millones de dólares, hoy mero resulto de las contingencias económicas globales sobre el precio del metal rojo, existen fuertes razones que imposibilitan su crecimiento y desarrollo.



La pregunta es entonces: ¿Por qué no podemos fundir y refinar todo el cobre en Chile, si esta industria en sí misma es un negocio y si nos permitiría disminuir las pérdidas actuales y obtener mayores ganancias?



La respuesta es simple y llana: porque se afectan los intereses de unos pocos que concentran mucho poder.



Hacia 1991, entre los que podríamos considerar uno de los últimos grandes regalos de Radomiro Tomic, se sostuvo en Ginebra una reunión de él con algunos especialistas de la CIPEC, en la que, lleno de lucidez y asertividad, nos dice que "se opondrán decididamente a que nuestro país exporte su producción en forma de cátodos o cobre metálicoÂ…", refiriéndose a los dueños de compañías navieras, compañías de seguros internacionales, empresas de movimientos de graneles y, principalmente, los productores chilenos de concentrado.



En efecto, la argumentación de Tomic va al corazón de los accionistas de estas empresas, quienes, de fundirse y refinarse todo el cobre en Chile, se verían perjudicados en 7 negocios y tendrían, en consecuencia, 7 utilidades menos, viéndose menguada su actual posición estratégica frente a gobiernos, bancos, industrias internacionales, etc.



Para estos accionistas es un beneficio lo que, a la postre, perjudica al fisco, pues razones tributarias definen como costos de operación el carguío, estiba, bodega, pesa, flete, descarga, peso y muestreo de destino, transporte terrestre, determinación de cantidad de metal plegable, arbitraje internacional, prima de seguro de exportación, responsabilidad civil, incendio, autocombustión, accidentes y hundimiento de navíos; todas actividades que les reducen la carga impositiva.



Asimismo, el impacto sobre los ingresos y las pérdidas que provocaría fundir y refinar todo el cobre en Chile, disminuyendo a un tercio la demanda por navíos, transporte, seguros y graneles y, a cero, los costos de arbitrajes, para estos accionistas constituiría una pérdida de posición sobre países como China, India, Corea, Singapur, Canadá que, financiados por la banca internacional, están construyendo competitivas instalaciones de reciclaje de cobre chatarra, generando empleos para sus pueblos.



Para Radomiro Tomic, los principales obstaculizadores a fundir y refinar en Chile, acusan una posición estratégica mundial, que se fortalece al avalarse en que impiden que Chile tenga mayor poder de negociación en la determinación del precio del cobre, pues -representando el 80% del cobre del mundo- con fundición y refinería, seríamos más determinantes en materia cuprífera que la OPEP en materias de petróleo y, esto lo saben muy bien los consumidores de nuestro cobre.



No obstante este difícil y duro obstáculo, es ahora que la pregunta por el cobre demanda su sitial merecido, en septiembre, cuando tenemos las mejores condiciones de nuestra historia, al inicio del debate del Presupuestario. Es ahora que la prudencia exige desarrollar un mensaje maduro que decididamente promueva el desarrollo de esta industria de alto valor agregado y tecnológico y, que bien llevada, pondrá al país en mejor posición mundial de negociar sus intereses, con el consecuente impacto positivo sobre los beneficios de todos los chilenos y chilenas, acaso situarnos -por fin- en el anhelado estatus de nación desarrollada.



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Alejandro Salas. Secretario Ejecutivo del Instituto Jorge Ahumada.






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