¿Qué culpa tiene Indio Juan? - El Mostrador

Domingo, 17 de diciembre de 2017 Actualizado a las 04:10

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¿Qué culpa tiene Indio Juan?

por 26 septiembre, 2006

El 7 de noviembre de 2002 murió en Madrid Indio Juan, poeta y cantautor argentino, hombre de cultura y solidaridad universal quien en 1974, ya en el exilio, se diera a conocer en Europa en la obra de Pablo Neruda, Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta, y grabara múltiples discos, entre ellos "La Cantata Santa María de Iquique" con Quilapayún. No hubo ni una miserable necrológica en la prensa nacional.



El 21 de septiembre de 2006 murió en la cárcel de San Miguel en Santiago, Juan Mujica Hernández, alias El Indio Juan, matón sangriento y de poca monta en el hampa criolla. Y ya,
en un inexplicable extravío mediático, tratan de transformarlo en una leyenda urbana que llene cientos de páginas de la crónica policial y ayude a vender miedo y sangre, combustibles favoritos para poner la inseguridad ciudadana en portada. ¿Qué onda? o, ¿qué
explica tamaña transposición de valores?



El Indio Juan criollo no es una manifestación ni mejor ni peor del hampa tradicional de esta ciudad. Era como todos los matones de barrio. Un violento que actuaba a mansalva y de improviso, cuya impunidad provenía de las amenazas, el clientelismo barrial y la ineficiencia de la investigación criminal de la policía. Las poblaciones periféricas de Santiago están llenas de Juan Mujica de todas las edades, para quienes la satisfacción de la
admiración o el temor del barrio es suficiente aliciente, en sus vidas mínimas y marginales.



Más aún si incluyen homenajes al cortejo una vez que la muerte, riesgo inevitable, llama a la puerta. Mejor todavía si se pasa a engrosar la memoria barrial de los que fueron guapos. Es
casi como ser el personaje de "Matador", la canción de los Fabulosos Cadillacs, y vivir en cada copete que se tomen los compadres. El Indio Juan murió como murió el Sonrisal, el
Alma Negra, el Búfallo, o cualquier hampón de gatillo fácil, envalentonado por unas pepas, un poco de coca o simplemente el alcohol.



El problema es la sociedad mayoritaria, la normal, la democrática y ciudadana. Porque la peor derrota de lo ocurrido, incluyendo el homenaje de los reclusos de San Miguel, las flores del barrio, y todo el ancho obituario de condolencias - que a más de alguien se le ocurrirá debe incluir una "animita" porque el Juan resultará milagrero- es para la política comunicacional del gobierno. Pues los mensajes son totalmente negativos para la gente honesta, los verdaderos héroes de esta historia, que deben trabajar, estudiar, recrearse, es decir, vivir una vida en medio del miedo, esquivando las amenazas y las balas, volteando la cara para hacer desaparecer de su vista y su memoria aquello que pueda contaminarlos o amenazarlos. Para la gente que debe ceder el paso en la calle con respeto a los matones de esquina, cerrar los ojos frente a la venta de drogas, saludar sonriente al vecino que controla el territorio, mientras la policía y el Estado viven atrincherados en sus estadísticas y planes
que nunca funcionan.



Ahora, producto de la muerte, también los matones están en la tele, y la opinión pública nutre su imaginario con la "cultura del guapo", independientemente de cómo los pinten en las historias.



Desde hace más de una década hemos sostenido que la política de seguridad ciudadana tiene un eje central en el control del territorio, y que ese control lo ejerce la población que vive allí, con apoyo de la policía y no al revés. Y que es necesario desarrollar una política de fortalecimiento del capital social, para que, entre otras cosas, surjan acciones culturales y
recreacionales alternativas al orden pandillero y a la autoridad delincuencial que ordena la vida en ciertos barrios. Oídos sordos, y más carabineros. Esa ha sido la respuesta de la
Concertación, exacerbada en los gobiernos de Lagos y Bachelet.



No deseo ser negativo, pero seguramente en San Gregorio y conexiones, habrá más ajustes de cuentas, hasta que
aparezca el "principio" del orden, lo que ocurrirá con el Estado de espectador. Ni Mandrake el Mago podría generar un mecanismo gubernamental de intervención barrial que permitiera,
por ejemplo, amparado en la justa alarma ciudadana por el ambiente de temor y amenaza que se vive, generar institucionalidad y autoridad estatal en el barrio, y ayudar a ordenar en sentido positivo las cosas. Para ello habría que haber empezado a trabajar hace años, de manera distinta a como se ha hecho, porque esas cosas no se improvisan. Confiemos por
ahora en que los Fiscales, más Carabineros e Investigaciones hagan su pega, porque por el momento -aunque bastante incompetente para estos casos- son los únicos recursos que
tenemos.



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Santiago Escobar. Abogado, cientista político y analista de seguridad y defensa.

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