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Por un acuerdo para proteger alta mar

por 8 noviembre, 2006

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Estamos a las puertas de la Segunda Jornada de Negociaciones para el establecimiento de una Organización de Administración Pesquera para el Pacífico Sur, instancia que tendrá lugar entre el 6 y el 10 de noviembre, en Hobart, Australia, y de la 61Åž Asamblea General de las Naciones Unidas, en la ciudad de Nueva York, donde se tratará el tema de las Organizaciones Regionales a nivel global.



No es de poca importancia que se trate el tema de regular Alta Mar, un espacio perteneciente a todas las naciones por igual, donde ningún estado puede reclamar legítimamente soberanía por sí mismo. Sólo la voluntad conjunta de los países puede pretender organizar, regular y en definitiva legislar sobre estas aguas de la humanidad.

Hoy, lo que llamamos Pesca Ilegal, No Declarada y No Reglamentada (Indnr), hace urgente el ejercicio de esta facultad de las naciones ribereñas para frenar la rápida e inadvertida destrucción de uno de los ecosistemas más ricos y prolíferos de la Tierra.



Una Organización Regional significa la creación de una instancia legal, vinculante a nivel internacional, que regule las aguas comunes, para su mejor aprovechamiento por parte de toda la humanidad con un espíritu que no solamente pretenda el uso sostenible de los recursos o la pesca sustentable.



Debe contener entre sus fines la PROTECCIÓN de la biodiversidad de un hábitat tan vulnerable como fundamental para el equilibrio del ecosistema como los Fondos Marinos de Alta Mar, y propiciar un enfoque PRECAUTORIO, es decir, tender a la defensa de este medio antes de declarada su inminente destrucción.



Esta necesidad no responde sólo a afanes conservacionistas, sino que además están siendo vulnerados los intereses de subsistencia de un hábitat aún inexplorado por la ciencia y de desconocida pero infinita riqueza de la que hemos tenido sólo pequeños atisbos a través de maravillosas especies, desaprovechando todo un potencial tal vez muy útil para la humanidad. De este modo, se está poniendo en riesgo la sustentabilidad de la pesca en estas zonas lejanas, aún siendo el objetivo obvio para la proyección de cualquier actividad en el mar que pretenda estabilidad y permanencia.



Por otro lado se afectan temas que no están en nuestra agenda lamentablemente, como la seguridad alimentaria, ya que la pesca que se realiza en alta mar sólo aporta un pequeñísimo porcentaje del total de la pesca a nivel mundial y además, sólo llega a mercados como Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, países sin problemas de alimentación y que pagan altos precios por el lujo de tener acceso a especies escasas y de alto costo de captura.



Y por último el acceso equitativo a los recursos de Alta Mar por parte de los países ribereños tampoco es respetado, ya que el costo de este tipo de pesca es desproporcionado respecto de sus resultados (se ha calculado que se necesitan alrededor de 2 toneladas de combustible para pescar una tonelada de peces mediante la pesca de arrastre en aguas profundas, sin mencionar las consecuencias devastadoras para el ecosistema), por tanto los países con menos recursos quedan fuera de esta actividad.



Alta Mar representa un 64% de los océanos del mundo, y es la mayor reserva de biodiversidad en el planeta, con especies aún desconocidas, pero de inagotables potencialidades para la humanidad. Son los Fondos Marinos los que contienen todos estos misterios y están siendo destruidos antes de su descubrimiento.



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María Teresa Iriarte, asesora legal de Oceana.

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