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Aguas sin Dios ni ley

por 13 noviembre, 2006

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Se encuentra en proceso de negociación la creación de una Organización Regional de Administración Pesquera (ORAP) del Pacífico Sur, para controlar las actividades pesqueras en aguas internacionales, fuera de las 200 millas náuticas de soberanía de cada nación. A través de esta instancia, se pretende regular tanto las actividades pesqueras devastadoras sobre los ecosistemas vulnerables (pesca de arrastre) como también la pesca ilegal, no regulada y no declarada, debido a que las desprotegidas aguas profundas de alta mar son consideradas "patrimonio común de la humanidad" y no existe ninguna entidad reguladora con competencia legal para implementar las medidas de ordenación pertinentes.



Chile ha expresado ante las Naciones Unidas que "deberíamos apoyar una prohibición provisional de las prácticas destructivas, incluida la pesca de arrastre de fondo, en áreas de alta mar donde no exista una ORAP, sobre ecosistemas marinos vulnerables". El Gobierno chileno propone además que estas medidas rijan hasta que se hayan adoptado regulaciones adecuadas de conservación y ordenación con arreglo a la legislación internacional y que los estados se abstengan de autorizar a sus nacionales para que realicen actividades de pesca utilizando prácticas destructivas.



Lamentablemente, esta postura firme y consecuente con la protección del ambiente en sectores con nula regulación, ya no es la misma, justo antes de la 2Åž reunión para la conformación de la ORAP del Pacífico Sur a desarrollarse en Australia. Las presiones de los industriales pesqueros nuevamente dejan de manifiesto que nuestra administración pesquera rinde pleitesía a los grandes colosos devastadores del mar, a pesar que la flota industrial ni siquiera practica pesca de arrastre fuera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE).



Desde que me acuerdo, el Gobierno y los empresarios han caminado juntos, de la mano como hermanos. Esta cómplice e incestuosa relación ha definido las directrices de las últimas administraciones, estableciendo las prioridades que se han orientado exclusivamente a privilegiar a algunos conglomerados económicos que a su vez retribuyen generosamente.



Esta incidencia de los empresarios en las políticas de administración se puede comparar con un cáncer generalizado, invasivo y metastásico. Estas cúpulas económicas, a su vez, se expresan como una nueva especie, al menos una nueva forma, subespecie o variedad. Un capricho de la evolución que actúa como un condicionante fundamental a través de estas nuevas adaptaciones, claro que esta vez no se trata de los más capaces ni aquellos más aventajados, en este caso se trata de la supervivencia del más poderoso, entendiéndose el poder como una función exclusiva del capital.



La Cancillería se ha mostrado bien dispuesta a participar activamente de las conversaciones del proceso de creación de la ORAP mientras que la Subpesca tiene ganas pero no se atreve. Es de esperar que la presión de esta nueva raza no interfiera en la determinación final. Chile debe impulsar la prohibición temporal de la pesca de arrastre durante la segunda etapa de las negociaciones de la ORAP del Pacífico Sur, apoyar durante la 61Åž reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas la urgente implementación de los contenidos de las resoluciones A/59/25 destinadas a la protección de los ecosistemas vulnerables de alta mar, establecer la prohibición transitoria de operar con pesca de arrastre fuera de la ZEE y ratificar el Acuerdo de las Naciones Unidas sobre Pesca de Alta Mar de 1995. Regulación, conservación y en definitiva sustentabilidad, al menos soñar sigue siendo gratis.



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Juan José Valenzuela, biólogo marino de Oceana




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