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¿Universidades o simples líneas de montaje?

por 17 noviembre, 2006

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Es fácil verificar como nuestra Educación Superior se han distanciado cada vez más del "mundo real", de la empresa, de las nuevas necesidades que nos impone la modernidad.



Es necesario entender a la Universidad y los CFT (Centros de Formación Técnicos) en una función formadora, conceptualizada como unidades de generación de valores, como un paso en el desarrollo del ser humano, como una entidad educativa y no sólo informadora.



Debemos pensar en la Universidad como la valorización de diferencias y talentos y no como una escuela vocacional, capacitando y formado gente para un oficio particular.
La vida de los oficios es ahora muy corta si se la compara con la vida profesional, lo que hace necesario preparar al ser humano no sólo para el presente, sino también para el futuro.



No debemos olvidar que la Universidad está obligada a descubrir los talentos y capacidades de cada persona, desarrollándolos, permitiéndoles que todo eso se abra como una flor en primavera.



A los alumnos universitarios hay que interesarlos por cuestiones, que a lo mejor nada van a tener que ver con su profesión inmediata. Esa será la forma para que, con posterioridad, en ese primer puesto de trabajo, se destaquen por la creatividad y espíritu innovador, por realizar cosas diferentes a los demás. Ahí reside la clave de la eficacia frente a la competitividad.



¿Catedráticos o administrativos?



Lo más importante en una Universidad no es construir edificios, administrar carreras, sino generar nuevas ideas. Esa es la verdadera obligación de un directivo, de un Rector.
Formar a un ser humano que esté más adentro que arriba, es decir, influir más que mandar, con predominio de ideas por sobre el ejercicio del poder. Que el amor a la verdad sea más fuerte que el afán del poder.



Un catedrático no debe transformarse en un administrador de materias, problemas de los alumnos, cargas académicas, reuniones, llenado de papeles, sino un generador de conocimiento. En la universidad es donde deben generarse las nuevas ideas y técnicas y no en la empresa solamente.



En síntesis, la Educación Superior debe formar jóvenes que salgan a cambiar el mundo con nuevas ideas y tecnologías y no desesperadamente a adaptarse a éste, como sucede hoy. Necesitamos más emprendedores y menos jóvenes con mentalidad de empleados dependientes. Gente que salga de la Universidad con el claro propósito de construir algo, dar empleo y no tratar de obtenerlo desesperadamente.



En este panorama se han desarrollado en Chile muchas universidades y CFT cuya orientación no les posibilita formar profesionales, sino más bien estudiantes de educación media con una mejor preparación. Este creciente número de Universidades aceptan jóvenes con bajos resultados en la prueba estandarizada PSU y con bajo nivel educacional. Jóvenes con muy pocas posibilidades de integrarse a empleos de nivel, sobre todo en un mercado que ofrece solo trabajo temporal.



Estas Universidades y CFT son verdaderas LINEAS DE MONTAJE INDUSTRIALIZADAS, financieramente orientadas a formar legiones de clones a los que se les atribuye muchas limitaciones.



Se puede verificar alumnos que no saben ni escribir, menos redactar, entender o interpretar una lectura. No saben hablar en público y usan un idioma básico, similar al que se usa en los chats. Las faltas de ortografía son horrorosas.



No tienen ninguna disciplina de estudio y no desean adquirirlas, y sólo logran mejorar, en un pequeño porcentaje su capacidad intelectual. Son los hijos de nuestra educación mediocre y obsoleta que se da en los colegios y de problemas familiares serios.



Una nueva mirada



Los jóvenes requieren desarrollar raciocinio rápido, capacidad de interpretación y de análisis de la información. Atributos que solo son adquiridos con una formación de calidad, menos orientada a pasar materias y más volcada a la reflexión y a la práctica.



Hay un desprecio hacia las humanidades, la filosofía, el arte.



Porque en definitiva, un profesional formado aprende las cuestiones técnicas con relativa facilidad. Estas además cambian constantemente. O sea, lo técnico varía y se aprende pronto. En cambio, lo humano es lo que permanece y lo que es más difícil de aprender. En una empresa, en una organización de cualquier tipo, el 90% de los problemas que se plantean son humanos, de análisis de situaciones, de tratos con personas, de relaciones. Los grandes errores se cometen por dejarse llevar exclusivamente por las técnicas.



Debemos modificar sustancialmente el concepto de que los profesionales no deben estar expuestos al riesgo y que deben buscar empleos estables y seguros. Por lo tanto hay que habilitar profesionales con capacidad y deseos de tomar riesgos y saber transformarlos en realizaciones.



Técnicas versus habilidades



Se hace necesario entender que el profesional universitario no solo está habilitando técnicamente, sino que debe además poseer formación intelectual, valórica, ética y moral, características que lo transformen en ser solidario y completo. Recordemos que la persona es el objeto de la educación y no la profesión.



Debemos lograr que nuestra cultura tenga conciencia de que el ejercicio profesional de este siglo esta vinculado a un nuevo paradigma, que va más allá de mantener un puesto y que el éxito de un profesional se mide ahora no con el parámetro del titulo del cargo y el sueldo percibido.



La forma de medir el éxito profesional en el siglo XXI será a través del logro, la autorrealización, el desarrollo del carácter, la independencia, la responsabilidad social, el ser generador de empleo. También por el número de personas que derivan su sustento de la acción del profesional, contribución económica a sus países, producción intelectual, solidaridad con los otros, etc. Se hace imperante desarrollar el valor de la autosuficiencia, para salir del molde del empleo como forma exclusiva de desarrollo
Debemos entregar a nuestros profesionales una perspectiva de largo plazo no solo en sus decisiones organizacionales, sino también en sus actividades personales.



Necesitamos desarrollar una nueva generación de jóvenes, gente que logre ver los árboles, pero que también presten atención a la magia del bosque. Que tengan la percepción de todo y de cada parte. Seres humanos justos, que inspiren confianza y demuestren lo mismo con sus aliados, estimulándolos, energizándolos, sin recelo a que le hagan sombra, y sí, enorgulleciéndose de ellos.



Se necesita de jóvenes que creen en torno de sí un ambiente de entusiasmo, de libertad, de responsabilidad, de determinación, de respeto y de amistad.



Se necesita de seres menos racionales que comprendan que su realización personal está estrellada en sus pasiones y en sus sueños. Se necesita de jóvenes que sepan administrar cosas y liderar personas. Se necesita urgentemente de un nuevo ser, de un nuevo joven emprendedor que diga. Ä„Esto con la ayuda de Dios lo hice yo!



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Fernando Vigorena Pérez es Ingeniero Comercial y Master en Administración de Empresas-MBA. www.fernandovigorena.cl














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