BienÂ… para ser diputado - El Mostrador

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BienÂ… para ser diputado

por 25 noviembre, 2006

Esa es la respuesta de un diputado cuando se le pregunta ¿cómo estás?. Y quizás sea lo que de mejor forma refleja el estado de ánimo de los parlamentarios chilenos.



Los recientes episodios críticos en la Cámara de Diputados tienen, a mi juicio, dos posibles interpretaciones.



De una parte, al interior de la Concertación hemos actuado como si las cosas no hubiesen cambiado desde 1990. Sin embargo, han cambiado y mucho. Se ha modificado la correlación de fuerzas entre los diferentes partidos, ha variado el sello de quien ocupa la Presidencia y han cambiado, también, los liderazgos.



Hoy cada partido busca relevar su imagen, aumentar su protagonismo, perfilarse de modo independiente al de la coalición. Ello, además, en el contexto del gran cambio que la propia Concertación provocó en el país en estos 16 años. Ahora Chile es más libre. El temor a la regresión autoritaria se ha diluido y las miradas están más puestas en el futuro, en los modelos de sociedad, en los sueños y apuestas, pero también en los riesgos e incertidumbres. Hay en los partidos políticos una fuerte sensación de incomodidad ante su incapacidad de conectarse con los signos vitales del país que hemos construido.



Por otra parte, el propio Parlamento está viviendo su procesión. Crecientemente se escucha el malestar de los parlamentarios ante el creciente y persistente descrédito de la función parlamentaria en la sociedad chilena. Que somos flojos, que no hacemos nada, que cobramos sueldos millonarios, son las cosas que se dicen en la calle. Que en los distritos nos piden cosas que corresponde a los alcaldes o al gobierno, que no tenemos facultades para promover leyes de impacto real, entre otras, son las críticas más comunes de los propios parlamentarios a la función que ejercemos.



Para enfrentar estas realidades debemos, en primer lugar, asumirlas. Como Concertación tenemos la obligación de actualizar la mirada respecto de nuestra propia coalición, renovar los mecanismos de coordinación, poner más empeño en la construcción de acuerdos y consensos, dialogar más y verticalizar menos. Hay que entender que la Concertación actúa, al menos, en tres ámbitos distintos: gobierno, partidos y parlamento. Todos ellos son importantes.

Sería bueno entender también que los parlamentarios tienen una doble función: legislar y representar, y en el ejercicio de esta última labor tenemos la obligación de transmitir ante las autoridades las realidades y necesidades de los distritos a los que representamos. Digo esto, porque es común escuchar a autoridades de gobierno decir que los parlamentarios están todo el tiempo planteando asuntos de sus distritos. Pues sí, evidente. Otra conducta sería un menosprecio al mandato que se nos ha conferido por los ciudadanos.



En segundo término, a mi juicio, las elecciones presidenciales y parlamentarias del 2005 venían con un encargo ciudadano: un mandato de innovación.



Innovación en las prácticas, en los estilos y también en los contenidos. Chile dejó de mirar hacia atrás y está mirando hacia el futuro. No podemos dejar de tener presente ese mandato. Es evidente que cuando el factor aglutinador está en el pasado, por conocido, es más inteligible. El futuro, en cambio, en este siglo de la incertidumbre, trae oportunidades y riesgos. Es más inquietante y desafiante e impacta en la capacidad de articulación de voluntades.



En el caso del Parlamento, el mandato de innovación tiene que ver con el impulso de un verdadero movimiento de renovación del Congreso Nacional. Hay que recuperar la confianza de la gente en esta institución. El Parlamento es, por definición, la expresión más pura de la soberanía popular. Es el corazón del sistema democrático. Si falla, falla la democracia. Por eso es urgente un gran cambio que pasa por repensar los equilibrios de poderes en nuestro marco constitucional que aumente las competencias del parlamento entregándole atribuciones efectivas y recupere su sitial como el gran foro del debate nacional.



Como Concertación, durante los pasados 16 años hicimos muy poco por detener la caída del prestigio del Parlamento. Ni hablar de la derecha que ha hecho, y sigue haciendo, todo para aumentar su descrédito. Sin embargo, una de nuestras principales críticas, la presencia de senadores designados, ya no existe más. Hoy estamos presenciando la primera legislatura, desde el retorno de la democracia, con un Congreso Nacional íntegramente electo por la ciudadanía. Es tiempo, entonces, de repensar nuestro sistema político para reponer al Parlamento como lo que debe ser: el epicentro de la expresión democrática soberana de los chilenos.





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Marcelo Díaz. Diputado PS.

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