Y ahora… ¿quién podrá defendernos? - El Mostrador

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Y ahora... ¿quién podrá defendernos?

por 26 noviembre, 2006

La corrupción está de moda a raíz de los "desvíos" de fondos a las campañas. Porque como se dan las cosas en este país de memoria corta y aguante largo, no creo que se le pueda poner otro nombre. Cuando los políticos dejen de sacar dividendos políticos, esa contaduría "creativa" pasará al olvido. Los periodistas serios volverán a su cotidiana tarea de difundir la uniforme y adormecedora pauta informativa de los poderosos. Los del montón seguirán nutriéndonos con farándula en estado puro o con la "farandulización" de las cosas.



En todo caso, por mucho que la derecha de la oposición (muchos de ellos funcionarios del corrupto gobierno de Pinochet) quiera limitar la corrupción a la del gobierno, el tema de fondo va mucho más allá de estas platas "brujas" para las campañas. Si ya la República Parlamentaria dio cátedra de corrupción, el estado desarrollista funcionó en base al clientelismo, desde la década del '60 partidos recibieron financiamiento de Estados Unidos para resguardarle sus intereses y para qué hablar de la dictadura. Manejos oscuros han habido en Chile siempre. Los hemos escondido ayudados por el mito del proverbial espíritu de servicio público.



Para ser francos, el "¿cómo voy ahí?" y otros enjuagues tienen años, a todos los niveles y por variados precios. Cotidianamente no cumplir la palabra empeñada, hacer trampa, mentir y hurtar es legitimado a partir de la "picardía del chileno". Quien no devuelve un libro, el futbolista que simula un penal o el empresario que se vale de los vacíos legales para no pagar impuestos, son celebrados por "vivos". Precisamente, el término que usan los ladrones para identificarse y diferenciarse de los "giles": quienes acatan la ley. Para la doble moral chilena, llena de resquicios y letra chica, no siempre es malo "hacer tonto" a alguien o al Estado. (Y ya es tema aparte la corrupción privada; pues tampoco es casual relevar sólo la estatal en un sistema neoliberal que sublima lo privado y aboga por la privatización).



Sin embargo, es importante señalar que a la corrupción nacional crónica la dictadura añadió un factor clave. Su revolución neoliberal impuso una nueva forma cultural, la cual con la entusiasta venia de la Concertación sigue vigente: una ética del lucro que puso al dinero en la cúspide de la vida social. Esta ética se consolidó a la par de una ideología que la materializó, relajó la moralidad al respecto y minimizó los controles legales. Al mismo tiempo se facilitó a los ricos enriquecerse todavía más para "ayudar" al resto y se entregó las riquezas del país a unos pocos para "beneficiar" a todos sus habitantes. De hecho, así se explicarían cuasi mágicas mejoras del nivel de vida de ciertos políticos y funcionarios públicos, y varias fortunas privadas "nuevas". De ahora en más una base ideológica valida e impulsa la perversa connivencia del mundo público y el privado. Entonces, es algo inocente sorprenderse por la corrupción cuando en estas últimas tres décadas se la incentivó y nadie cuestionó esa base moral.



Creo que no es el momento de ser autocomplaciente. Mejor veamos qué hacer y hagámoslo. En tal sentido, me arriesgo a hacer cinco propuestas. Si hay tanto frenesí para encerrar delincuentes y perder la llave, tal vez estas humildes ideas de un servidor puedan tener apoyo entre los ávidos justicieros:



1.- Subir las penas de cárcel a los delitos de corrupción y con un piso mínimo de años. Establecer como agravante ser funcionario público por su traición a sus conciudadanos y una relación de años de privación de libertad según el monto defraudado. No darles beneficios carcelarios e impedir que cumplan las penas en las cárceles VIP (como era la antigua Capuchinos).



2.- Eliminar el secreto bancario, gran aliado de los corruptos y de los lavadores de dinero. Les quedaría sólo la opción de guardar los billetes debajo del colchón... lo cual pensarían dos veces, puesto que con tanta corrupción ya no se puede confiar en nadie.



3.- Dar más atribuciones y presupuesto a la Contraloría, que hoy sólo puede recomendar y no acudir ella misma a los Tribunales. De dónde sus denuncias caen en oídos sordos o, a lo más, en enroques de puesto. En general, reforzar todas las instituciones fiscalizadoras.



4.- Establecer claramente los patrimonios de empleados públicos, de sus familiares directos y, lo más importante, sus posibles conflictos de intereses. Verificar en qué sociedades u otros artificios legales participan y que pudieran servir para eludir la cuantificación de sus fortunas y sus conflictos de intereses.



5.- Entregar subsidios e instituir una repartición más equitativa del avisaje estatal, para el establecimiento de una prensa realmente independiente que de verdad ejerza el rol de cuarto poder. Lo cual implica también legislar para impedir la concentración (económica e ideológica) de los medios, como ocurre hoy con el oligopolio de la prensa escrita.



Antes que se me haga la observación, debo admitir que la sola represión no es la salida óptima y menos si termina en una reglamentación hipertrofiada. Pero, en tanto no se dé una formación ética sólida desde la escuela que se traduzca en una cultura de ética pública y ciudadana, no se eliminen los incentivos socioculturales para maximizar incluso violando las normas y no se castigue duramente a los corruptores, no veo otra salida coyuntural.



Cuando algo ha olido tan mal en la política por largo tiempo, permítanme ser incrédulo si las soluciones saldrán del grupo cuestionado. Hay demasiados autos, casas, vacaciones, "coimisiones", consultorías, viajes fuera del país, ropa de marca, directorios, sobresueldos, concursos, gerencias, concesiones, colegios caros y estatus en juego. Más todavía para quienes carecieron de todas esas cosas antes de ocupar un cargo. Ante los inmensos intereses que se develan tras las relaciones entre políticos y funcionarios públicos con los privados, los ciudadanos no podemos esperar mucho de las acciones de los partidos. Tampoco de la comisión nombrada por la Presidenta. Pues, ¿por qué ayudarían los zorros y las güiñas a las gallinas?





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Andrés Monares. Antropólogo. Profesor del Área de Humanidades de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile.


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