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Caso Anfruns: Los medios de prueba

por 28 noviembre, 2006

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La jueza Dobra Lusic, al determinar el cierre del sumario por la desaparición y muerte de Rodrigo Anfruns, aseguró que la versión del ex carabinero Rodríguez Márquez "no fue corroborada por ningún medio de prueba", con lo que validó un criterio que parece bastante lógico de utilizar en una investigación judicial.



Pero ya que la jueza aplicó este razonamiento frente a la declaración de Rodríguez -que asegura haber visto a unos sujetos depositar el cadáver del niño en el sitio baldío donde fue encontrado- cabe preguntarse por qué Dobra Lusic no empleó ese mismo criterio frente a la "autoinculpación" que hizo -en 1979- el entonces adolescente P.P.V., asegurando haberse acriminado por un impulso repentino.



No existe prueba alguna que dé coherencia a esa declaración de culpabilidad. No hay testigos de que P.P.V. y Rodrigo hubiesen estado juntos ese domingo en la tarde, a pesar de que en el sitio baldío donde fue hallado el cuerpo vivían tres personas que declararon en el proceso.



Para que P.P.V pudiese efectivamente ser culpable, resultaría fundamental que Rodrigo hubiese muerto el mismo día que desapareció y en ninguna de las investigaciones que se han hecho sobre el caso se ha logrado establecer un fallecimiento de 11 días. Más aún, las pericias de los forenses (los de entonces y los de ahora) nunca han señalado una muerte anterior a 3 días.



La fecha del fallecimiento era y sigue siendo un aspecto fundamental en el esclarecimiento del crimen y, de hecho, así lo debe haber entendido también la jueza porque en algún momento de su investigación solicitó a tres universidades chilenas que se pronunciaran al respecto, pero estas diligencias no se realizaron porque una de las universidades se inhabilitó y las otras dos dijeron no contar con los recursos profesionales para efectuar la labor.



Y el sumario se cerró con exactamente las mismas dudas con que se reabrió. Pero además hoy la madre del niño y su abogado conocen muchos más antecedentes que les dan la razón en el sentido de que Rodrigo no murió el día que desapareció. Como lo demuestra el dossier de fotografías que tiene el expediente, que fueron tomadas al cuerpo del menor al momento del hallazgo del cadáver, y que a ojos de cualquier forense evidencian que el pequeño no tenía 11 días de muerte cuando fue encontrado.
Así, la madre del niño Anfruns, que tardó 24 años en armarse de valor y hacerse de algún elemento concreto que le permitiera solicitar la reapertura del caso, hoy sigue sin respuestas y ahora además tiene una tremenda decepción por todo lo que la jueza -una mujer- no hizo por intentar aclarar la muerte de su hijo.



Las dudas persisten y la defensa ha pedido a las cortes que se siga investigando, en gran medida, porque la confesión de P.P.V. en nada concuerda con las circunstancias y accidentes del delito y no hay medios de prueba que arropen la versión.

La defensa clama porque sea la ciencia la que prime y que la Justicia no se deje engañar. Son muchos los casos criminales en los cuales alguien ha dicho "soy culpable", pero afortunadamente son bastantes los jueces que trabajan sabiendo que eso no basta y que las declaraciones necesitan ser corroboradas por hechos.



De no ser así, hoy tendríamos al carpintero Alegría como autor de la muerte de Tucapel Jiménez, o bien cientos de los presos que han pasado por Guantánamo serían autores de atentados terroristas ocurridos en Estados Unidos hace un par de años.



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Soledad Pino. Periodista y autora del libro ''Una verdad pendiente, la desaparición de Rodrigo Anfruns Papi'' (Random House-Mondadori).


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