Muerte de Pďnochet y conductas del Estado - El Mostrador

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Muerte de Pďnochet y conductas del Estado

por 11 diciembre, 2006

El fallecimiento del ex general Augusto Pinochet Ugarte, ocurrido a las 14: 15 del domingo 10 de diciembre en el hospital militar de Santiago será un test importante para detectar el actual período de la transición democrática chilena, y las conductas de Estado.



El general fallece cuando un destacado historiador de lineamientos conservadores (Gonzalo Rojas), antes de ocurrido el hecho, señalaba a este medio que en la Unión Democrática Independiente, el partido central en la oposición de derecha al Gobierno, todavía existía una cercanía con el gobierno de Pinochet y su legado.



Los movimientos del ex general Augusto Pinochet, especialmente desde su arresto en Londres en Octubre de 1998, han resultado ser un sensor del pulso ciudadano y también del institucional. Ahora con su muerte, antecedida por una absurda polémica de sí estaba o no estaba realmente al borde de la muerte, la figura del ex general emergerá sin duda con todo el peso de su poder político real.



Para algunos podría ser el test definitivo por el cual la cuestionada democracia chilena, medirá el tamaño de ese poder, pero independiente de este factor, el país entra en una etapa con escenarios advertidos en teoría, pero que no se han vivido en lo concreto.



Habrá incertidumbre por el proceso político que se desarrollará en este nuevo escenario, de un país que no tendrá en cuerpo y piel, esa figura que ha gravitado en forma determinante en la calidad del tipo de democracia que el país ha construido. No es tarea fácil definir que con su fallecimiento, termina un período y comienza otro.



El legado de Pinochet está bien cimentado en la masa crítica empresarial que ha contribuido en forma significativa, a definir y formar el actual sistema económico que ha hecho de Chile un país popular en el extranjero.



Los que han apoyado a Pinochet saben de este legado y le han sacado el máximo del partido político para condicionar el desarrollo pleno de la democracia. En el fondo, desde la perspectiva política, con la muerte de Pinochet , no termina un período, ni comienza otro, ni en lo simbólico ni en lo práctico.



Sin embargo, donde sí termina un período es en la posibilidad concreta de haber hecho justicia, y de que el ex general ahora fallecido se hubiera sometido, sin distorsiones ni distracciones, al proceso judicial que al Estado chileno le correspondía llevar adelante en forma ágil e independiente. Sin las presiones de mediadores, y las condicionantes del espacio político.



La espectacularidad y el aprovechamiento de su figura se verán magnificados por la avidez de protagonismo en los medios más masivos, y en los personajes políticos y financieros que sustentan ese tipo de conductas.



Así, los problemas reales en el país, sobre todo la calidad de su democracia y el estado de "salud" del Estado, estarán condicionados nuevamente a lo que emerja de la proyección de esa figura, ahora con el impacto de la muerte. El contorno político que se formó en función de su salud por casi una década a partir del arresto en Londres, reveló una vez más la "calidad" de ese Estado. Y, este no es un juicio hacia un período político en particular, o una clase política en especial. La calidad de ese Estado proviene de situaciones más prolongadas y profundas.



El deterioro de la calidad de ese Estado, al cual Pinochet contribuye significativamente con el golpe que lideró en 1973, se percibía desde mucho antes. Cuando la Alianza Transatlántica liderada por los EEUU, decide intensificar en América Latina la contención a la expansión soviética a comienzos de los años 50, planificando, y llevando a cabo Golpes de Estado brutales, se destruye un tejido orgánico y social primario en los países de la región.



Ese poder exhibido por la figura de Pinochet, y que no sabemos por cuanto tiempo más podrá gravitar después de fallecido, es el poder que aún está vigente en las formas de interpretar el mundo y la política, y que provienen de la implantación de dictaduras militares en América Latina que se expandieron por más de tres décadas. Estas interpretan un tipo de ideario que permanece casi intacto, y útil como el que se ha intentado posicionar en Irak, y en otras partes del inasible mundo de la diferencia y la otredad.




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